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23 de junio de 2016

SUBIDA A SANT JOAN DE PENYAGOLOSA

         

INTRODUCCIÓN

     Carísimos hermanos (de esta forma, cuando Rebocato era monaguillo, iniciaba el cura de nuestro pueblo castellanoviejo los sermones de los domingos y fiestas de guardar. Entonces no entendía, nuestro amigo, lo de carísimos, debido a que el que salía caro era el cura, no sus parroquianos que lo único que hacían era acoquinar el Money, en la medida de las posibilidades de cada cual, a la Santa, Católica, Apostólica y Romana Madre Iglesia).

    Hace cosa de un mes Aconteció que nuestro amigo Rebocato, y varios colegas de caminantes, fue en peregrinación (aunque ahora mismo no es creyente, hay tantas religiones que es difícil decantarse por alguna de ellas y más cuando casi todos dicen que la suya es la autentica y verdadera. Ya que es difícil acertar con la elegida, o te haces de todas o, posiblemente, acabarás condenándote, supersticiones aparte) desde la capital de la Plana hasta el Santuari de Sant Joan de Penyagolosa, unos 60 Km. de sube y baja montañas, a pinrel, en cosa de día y medio.

    A resultas de ello hay una nueva entrada en el blog donde se relata la pasión sufrida por él, y acompañantes, en aquel tiempo

       ¡Señor!, ¡Señor!. como están las cabezas.


      Saludos.




                           SUBIDA A SANT JOAN DE PENYAGOLOSA

      No existe ninguna cita en los evangelios que nos mencionen en momento alguno que Cristo cayera bajo el peso de la Cruz.            
     ¿De donde surge pues este arraigo y casi total convencimiento de que Cristo cayó tres veces bajo el peso de la Cruz?. Una de las practicas habituales en nuestra fe católica y que se ha transmitido con profunda reverencia de generación en generación es la rememoración del itinerario que Jesús recorrió desde el pretorio hasta el calvario: el Vía Crucis, el camino de la Cruz., y es en este acto de práctica piadosa donde nos encontramos con las tres caídas de Cristo bajo el peso de la Cruz (estaciones 3ª, 7ª y 9ª).



   No es que Rebocato cayera tres veces bajo el peso de la Cruz, pero también tuvo su particular Calvario a resultas de las tres veces que tropezó con el macizo de Penyagolosa, en el cual se encuentra el pico más alto de la Comunidad Valenciana, siempre y cuando que no contemos al Cerro Calderón que se encuentra en el Rincón de Ademuz y que mide 23 metros más que el Penyagolosa.

     Esto nos recuerda a la película británica que lleva por título: El inglés que subió una colina pero bajó una montaña, donde en un pueblo del País de Gales los vecinos están superorgullosos porque tienen la primera montaña de Gales, pero su gozo en un pozo, ya que, llegan los cartógrafos y la denominan colina, porque le faltan 20 pies para llegar a la altura de considerarla montaña. Los habitantes –algo que deberían de imitar los vecinos de los pueblos limítrofes al Penyagolosa para desbancar al Cerro Calderón del primer puesto del ranking– se ponen manos a la obra y a base de subir material (piedras y tierra) tratan de que los 20 pies que le faltan a su colina se superen en altura con el material arrimado.

     La primera vez que Rebocato se acercó al Santuari (sic) que está en la base del pico de Penyagolosa, fue a principios de los años 80, ya teníamos a los “socioslistos” (así llamaban muchos militantes del PCE a los dirigentes del PSOE durante la Transición) en el poder y no es que nuestro amigo fuera hasta allí, precisamente, para dar gracias por los 10 millones de votos conseguidos por el partido del fundador del PSOE Pablo Iglesias Posse (posiblemente las siglas del partido que fundó, las sacaría de su segundo apellido). Nuestro amigo estuvo cencerreando por aquellos lares un fin de semana con su contraria y una pareja heterosexual de amigos, los cuales convivían en pecado, debido a que durmieron juntos sin haber pasado previamente por la vicaria y el responsable del Santuario, que era párroco, no le hizo ascos en alquilarles una habitación con literas para los cuatro y sin pedir al alquilador (un amigo, ya fallecido,  de nuestro amigo)  documento alguno que demostraran que eran matrimonios debidamente consagrados por el séptimo Sacramento de la Santa Madre Iglesia Católica, como Dios manda. Añadir que la única noche en que los cuatro trataron de dormir, llegado el momento, resultó una misión harto difícil debido a que al ser sábado noche había pululando en los soportales/merenderos del Santuari una peña considerable de jóvenes dando una barrila, también considerable, con lo cual allí no había cristiano alguno que pudiera pegar ojo, hasta altas horas de la madrugada.

    La segunda vez que Rebocato se dejó caer por las faldas del Penyagolosa, aconteció unos diez años después, justo cuando Felipe –otrora Isidoro– aún era Felipe, y había caido una nevada de tres pares de narices en el mencionado macizo y sus alrededores (recordad la entrada, en este blog, que lleva por título: “La nieve”). Esta visita, también, fue de infaustos recuerdos para nuestro amigo.

    Pero, como no hay dos sin tres, vayamos a la tercera visita, la más dolorosa, de la cual a nuestro amigo aún le quedan en su subconsciente ciertas pesadillas.

PD.- Con el fin de ser honrados digamos que existió una cuarta ocasión en que Rebocato visitó al Penyagolosa. En dicha ocasión no se quedó en los alrededores de sus faldas, sino que se animó –mejor dicho le animaron sus compañeros de senderismo– a subir a la cima del pico ya que, alguno de sus traidores acompañantes le persuadieron con el caramelo envenenado de que, desde arriba, se disfrutaba de unas vistas espectaculares, vamos que, más o menos, le decían que desde todo lo alto se veía hasta el mes que viene. Durante el ascenso se estaba levantando una niebla como la de los gorilas en ella en Ruanda y cuando los caminantes y Rebocato culminaron, desde arriba no se veía absolutamente nada, bueno sí, niebla y más niebla, es decir, ni un burro –caso de andar retozando por allí– a dos pasos. En fin, un desencanto generalizado, como aquí cuando Felipe, dejó de ser Felipe.

   Pero centrémonos en la tercera caída, oficial y apócrifa, en las faldas del Penyagolosa de nuestro afligido amigo, el cual ya estaba un tanto despagado al descubrir que el Vía Crucis o camino de la Cruz, no está contemplado en los Santos Evangelios canónicos y, barruntamos que, mucho menos, en los Evangelios apócrifos. El despago viene de  cuando. él, era monaguillo y cantaba que se mataba el Vía Crucis de las 14 estaciones (no todas dolorosas del todo, al menos la del Cirineo –ignoramos si becario español asentado, entonces, cerca del Calvario– le ayudó en la 5ª estación a llevar la Cruz durante un rato. Se ignora que acabó siendo de él.

     Rebocato era, en aquel tiempo, monaguillo, y en la Semana de Pasión, junto a otros dos monaguillos y el cura párroco, recorrían todas las estaciones por el interior de la iglesia de nuestro pueblo castellanoviejo que, entonces, afluía el gentío a ella en masa, es decir, daba gusto verlos a todos juntos en comunión y, de paso, al estar los hombres descubiertos de boina (en cambio las feligresas se cubrían con un velo negro –de color, no por falta de lavados, que alguno también–) dentro del recinto sagrado, se adivinaba sin problemas quienes padecían de alopecia y quienes no.

    Pero volvamos a la tercera visita oficial de Rebocato a las faldas del Penyagolosa de marras:

    Aconteció que los integrantes senderistas amigos de rutas montaraces de Rebocato –los cuales llevan por título en su grupo de mensajería de wasap: “caminante no hay camino”, un homenaje, barruntamos, a don Antonio Machado por parte del líder número 2 del grupo de marras–  iban a iniciar la subida anual (no salarial) al Santuari de Sant Joan de Penyagolosa, a pie y andando, desde la capital de provincia.

    El día de autos se dan cita a las 06:00h en una mañana, amanecida con plena luna llena, de un sábado cualquiera de finales de mayo del presente año, en las taquillas del estadio de Castalia –no en las de los empleados y futbolistas del Castilla– sino, concretamente enfrente de las taquillas de venta de entradas al público, tal vez para aprovechar la coyuntura de que a esas horas no hay colas de forofos demandantes de entradas y, por lo tanto, será más fácil encontrarse.

    Son seis los valientes –no sabemos si totalmente bien acabados de la chola o quijotera, que se deciden a acometer la empresa  de la subida al Santuario– del total de los componentes del grupo de “caminante no hay camino” que normalmente son más de una docena de andantes, en que los martes, no festivos, van de senderismo mañanero por esos caminos de Dios, donde antaño campeonaba la Guardia Civil de capote y mosquetón al hombro que, a veces, no tenían más remedio que dormitar en gallineros, dicen, y que nos protegían de los maquis y de los sacamantecas cuando éramos niños Además de multar (la Benemérita de antaño) al líder, numero uno del actual grupo de andantes, cuando era niño, a causa de llevar la parte superior del timbre de la bicicleta guardado en un saco de hierba para los conejos (mayor provocación, por muy niño que fuera, no cabe).

    Uno de los mencionados seis, piensa andar solamente, hasta la localidad de Les Useres, donde viven unos tíos políticos de Rebocato, comer con todo el grupo en una taberna y volver, tan campante y sin  amortizar –físicamente hablando, pues está casi sin encentar– a la capital en su coche que acercó hasta aquella población la tarde anterior y volviéndose a la capital, esa misma tarde, en el coche de un amigo.

     Este andante que no acabó ni la mitad del recorrido bajo, no recordamos ahora, que excusa, un mes después llevará su penitencia al hacer el Camino de Santiago bajo una lluvia pertinaz, tanto o más que “la pertinaz sequía” de la que tanto se quejaba nuestro Dictador durante los largos periodos de sequía, liendres y piojos, acaecidos durante su mandato, y eso que se hacían rogativas y, él, se paseaba bajo palio en procesión, al igual que la Santa Custodia.

    Rebocato aparece, clavado como un reloj, a las 06:00h. en el estadio donde ya han llegado dos de los tres acólitos que acabarán la ruta, después aparece el líder número 1, y a continuación el líder numero 2 en la Bicicas, lo cual es un mal ejemplo para la tropa, ya que, piensa Rebocato:

    –“Si todos venimos andando, desde nuestras casas respectivas, hasta el punto de encuentro, ¿porqué uno de los lideres viene en bicicleta?”.

     En fin, siempre hubo clases.

     El último en aparecer es un compañero que, además de llegar tarde a la cita, encima, tal como hemos anunciado antes, solo hará la ruta hasta Les Useres. Eso ya parecía una ruta a la carta y eso era un agravio comparativo para el resto de la tropa.

     Inician la marcha los 6 magníficos (aunque al andante, que además de llegar tarde no acabará ni la mitad del recorrido de la ruta prevista, no merece el honor de definirle así) y cuando han recorrido unos tres kilómetros, estando en la urbanización de Penyeta Roja (personaje mitológico que preñada –la Penyeta, no la urbanización– por el Tossal Gross, dio a luz a “El Tombatossals” –nombre, este, que recibe la novela de Josep Pascual Tirado–) Rebocato pregunta al líder número 1:

      ¿Falta mucho?.

     A lo que su líder afamado, y criticado, las más de las veces, por el grupo de andantes, responde:

       – Ya menos, unos 60 kilómetros.

     Y Rebocato remata:

       – Apañados estamos.


   Rebocato, que va en pantalón corto, no se percata, al estar sentado en el brocal de un pozo, mientras almorzaba el grupo de caminantes, de que unas hierbas le están rozando las pantorrillas. Al día siguiente tiene la piel irritada en la parte de las piernas que estuvieron en contacto con las hierbas dichosas, menos mal que no le produce picazón. Uno de los compañeros andantes, que de pequeño servia chatos en la taberna de su padre e invitaba a la pareja de la Guardia Civil mientras aquel se iba a poner cepos para cazar conejos en el monte, le dice que eso quizás sea por los calcetines, ya que, a él, le ocurrió lo mismo cierta vez. La verdad es que Rebocato se lo cree porque los calcetines que lleva son nuevos y él cuando tiraba de hoz, en nuestro pueblo castellanoviejo, las hierbas de los trigales o cercos de las caceras, jamás de los jamases, le produjeron reacción alguna en la piel de sus piernas.

     A todo esto, no vamos a olvidarnos de los tres compañeros de apoyo al grupo de andantes, los cuales se encargan de la intendencia con un altruismo que les honra. Disponen de dos coches, uno de ellos con remolque y su correspondiente pegatina de ITV pasada, y el otro coche sin pasar la dichosa ITV ya que, es un rutilante Mercedes Benz recién estrenado, y es tan buen amigo y compañero su dueño que, a la vuelta a la capital el domingo (día de su santo) no le importará que los compañeros sudados después de dos días de bregar monte arriba, monte abajo, se suban oliendo a tigre a su despampanante coche que olía a nuevo, ahora no lo sabemos. Pocos amigos nos encontraremos así, y denota que manda en casa o bien que, su mujer es una santa, porque a ver que fémina deja montar en su coche recién estrenado a una panda de amigotes sudados para que se lo ambienten.

      Estos tres de la ruta en coche, madrugarán, obviamente, mucho menos que los seis andantes madrugadores de las 06:00h, y todos confluirán sobre las 15:00h en Les Useres (Useras para los no bilingües, de paso recordar que al sur de Madrizz existe un barrio denominado Usera, donde Rebocato tenia un amigo nacido allí, y bastante chulo por cierto, que es culé) para comer todos juntitos y, a ser posible, en buena armonía, dentro de una taberna ubicada en la plaza de la iglesia de la localidad mencionada de la comarca de Alcalatén.

    El tercer intendente –a pesar de que atiende al nombre bíblico del mismísimo hijo número 12 de Jacob y sin tratar de quitarle importancia a este valiente caminante debido a que Rebocato es el hijo número 12 de nuestro labriego castellanoviejo– decir que es un hombre bragado en estas lides de correcaminos, y añadir que no hace este camino a pie debido a un inoportuno espolón (ahora mismo ignoramos si ubicado en el pie derecho o en el izquierdo) tal cual como si fuera un fiero gallo de pelea, por lo tanto está en el grupo de apoyo desempeñando funciones de porteador aunque, eso sí, sin llevar las mochilas al hombro montaña arriba, cual sherpa nepalí, para esos menesteres están los dos coches y el remolque.

    Prosiguiendo con el perfil del tercer intendente, decir que es una persona polifacética, entre otros menesteres que trabaja en el mundo de la farándula e interpreta, divinamente, cualquier obra (nada que ver con la del ladrillo de las consecuencias tan trágicas que han acarreado a este país) de teatro que le echen encima y, lo más meritorio, sin necesidad de apuntador. Por otra parte, un día le dijo un compañero del grupo de andantes que se parecía al Dr. Bacterio, y emulando a este simpático personaje del gran Ibañez, hace un delicioso brebaje alcohólico  (la formula solo la sabe él mismo, barruntamos) llamado “Pijonitrato”, cual poción mágica como la que prepara el druida Panorámix y que, como sabeís, al tomarla los irreductibles galos les hace invencibles en la famosa aldea de Asterix, el héroe de los formidables cómics de Uderzo y Goscinny. En dichos cómics nunca hay muertos pero los abollamientos en cascos y cuerpos de los romanos abundan. En fin, a Rebocato le confesó hace días que en la última representación teatral repartió el brebaje –ahora que lo hace con menos graduación de alcohol– en la fiesta posterior a la obra, y que hizo las delicias entre las prójimas (no lo decimos en sentido peyorativo como mujeres de conducta dudosa, sino como las conyugues de otros hombres allí presentes) del mal llamado sexo débil.



          Pie de video: Cómicos” canción del víctor Manuel.


    El tercer intendente de luengas barbas blancas, está de copiloto para ambos coches de apoyo y no dudará en ponerse manos al volante, caso de que alguno de los dos pilotos oficiales sufra algún percance o con el fin sustituirles al volante para evitar confrontaciones con la Guardia civil de tráfico, caso de que les paren en un control de alcoholemia porque hayan trasegado de jarro en demasía.

   Comen todos juntos, los 6 caminantes y la Santísima Trinidad de porteadores (ltres personas distintas con un solo fin verdadero)  en una taberna de Les Useres. Se lo toman con calma, dedicando a esos menesteres la nada despreciable cantidad de tiempo de 3 horas, matando el tiempo, después de un buen yantar, con unas partidas de tute perrero con las cartas de Heraclio Fournier.

     A las 18:00h los caminantes andantes (ahora son solo cinco, por el abandono del que encontrará la horma de su zapato en su futuro Camino de Santiago, a causa de la pertinaz lluvia que le espera) se ponen en marcha hacia la ermita de San Miguel de les Torrecelles, para ello a la salida de Les Useres inician la subida de La Serra de la Creu, la cual nunca se acaba, cuatro de los andarines, ya que el quinto (el líder número 2 –aspirante a líder número uno–) se queda buscando espárragos trigueros. Cuando están a mitad de subida el líder numero 2, alcanza al líder número 1 y a los tres acólitos de ambos. Ya reagrupado el grupo y cerca de culminar la cima ambos lideres se ponen a porfiar sobre que pueblos son los que se divisan a sus espaldas. Se paran a otear el horizonte mientras disertan enfrentados enumerando los pueblos que se avistan, contradiciéndose entre ellos con gran porfía.

    Los tres acólitos dejan a sus dos lideres con sus ofuscaciones y prosiguen la marcha monte arriba. Mientras van subiendo a Rebocato la situación de sus dos lideres (el número 1 y el 2) le recuerdan a la fábula de “Los dos conejos” de Manuel Iriarte, en la que uno de ellos huyendo de dos perros, se topa con otro conejo en su huida y el cual le invita a pararse y se pone a discernir, con el parado perseguido, sobre si los sabuesos que van tras él son galgos o podencos, Uno afirma que si galgos y el otro que si podencos, resultando que estando en esos bretes elucubrando, llegan los dos perros y trincan a los dos conejos.

    Ya coronada la cima y, después, realizada la bajada de la montaña, los tres acólitos miran pendiente arriba y observan que bajan, como alma que lleva el diablo, los dos lideres (se les ve gesticular como si, aún, continuaran con la obcecación de la ubicación de los pueblos) y deciden esperarles antes de iniciar la subida al pozo Blanco, para después continuar hasta la ermita donde cenarán y pernoctarán esa noche.

     Antes de iniciar la última subida del día hasta alcanzar la ermita, los dos lideres se desvían para buscar un conocido reguero donde asearse. Los tres acólitos continúan la marcha hasta llegar a la ermita, donde son recibidos con gran alegría por los tres porteadores de apoyo que ya tienen bien aparcados los dos coches y el remolque con: las mochilas grandes de los andantes, esterillas y sacos de dormir, todo está ya debidamente descargado y colocado en los bancadas sitas en los soportales del ermitorio. Les ofrecen, a los recién llegados –que se encuentran secos y un tanto ahítos al no parar de caminar todo el santo día, monte arriba, monte abajo– cervezas para refrescarse, pero estos desisten del ofrecimiento al advertirles aquellos que solo hay una cerveza por barba, y les argumentan, ante la extrañeza de los recién llegados argonautas (nada que ver con lo griegos de antaño que se desplazaron a Colcos a la conquista del vellocino de oro)  que son "ordenes" –estrictas y un tanto espartanas, al sentir de Rebocato– del líder “number one”, por lo que se decantan por el porrón de vino –que sabe a demonios pero se trata de recuperar, con su ingesta, las vitaminas y sales minerales que han perdido sudando y que el vino, en si, dicen que contiene­– con el que los agasajan y dejan las birras para más tarde.

   Cuando llegan, ya por fin, los dos lideres debidamente aseados, y sin necesidad de formar a la tropa para rendirles la pleitesía que se merecen por su rango, se procede a tender, en el suelo de los soportales, de la ermita, un gran plástico que lleva el líder numero 2 en su mochila grande porteada y, sobre el cual, se distribuyen los respectivos sacos de los andantes y porteadores donde pernoctarán cada uno dentro del saco de cada cual.

    Rebocato que está por los alrededores contemplando la ermita y las posibles vías de escape –caso de que se presente un imprevisto de madrugada y haya que salir por piernas– cuando regresa a los soportales se percata de que el plástico no da para su saco y esterilla por lo que reclama al líder número 2 que qué pasa con su cacho de cama dura. Al final el asunto se resuelve cortando un trozo sobrante, de la parte de los pies de la improvisada cama comunal, y se coloca en un lateral de la camada, en concreto en el que está al lado de la fuente de agua existente dentro de los soportales.

    Acto seguido se ponen todos manos a la obra para preparar el fuego en unas barbacoas aparentes que contempla la infraestructura de la ermita (los tres sufridos sherpas porteadores, aparte de las mochilas, también han acarreado en los coches y remolque, leña para el fuego, viandas y bebidas) .

    Mientras se asan las chuletas, morcillas, chorizos y panceta en las parrillas la gente anda pululando alegremente por los alrededores de las parrillas, charrando en grupitos, en tono distendido y trasegando cerveza, vino, etc.

    Entonces es el momento en que la luna llena se manifiesta perfectamente redonda, imponente, pletórica y, además, poderosa cielo arriba. ¡Qué bonita es España señores!, tal  como clamaba el desaparecido locutor Antolín García cuando nos amenizaba las tardes de primavera, años ha, narrándonos las etapas de la Vuelta Ciclista a España.

    Después de la barbacoa se procede, por un afamado experto, a quemar el ron vertido en un perol y calentándolo en un pequeño infernillo/infiernillo, para posteriormente quemarlo y, después, dar buena cuenta de él (nos referimos al líquido elemento, no al  perol ni al infernillo de marras) por toda la peña; a su vez el tercer porteador, el cual no porta coche, se pasea entre los pequeños grupos ofreciendo su peculiar y sin par “pijonitrato”, la bebida cuya fórmula no se digna en dar a conocer a sus compañeros de fatigas.

   Por fin llega la hora de irse a descansar a la piltra (es un decir, dada la infraestructura existente) y la gente se mete en sus sacos respectivos echados sobre el plástico de uso general y de las esterillas particulares de cada cual.

     Hay quien, escarmentado del duro colchón de otros años, dispone de una colchoneta hinchable. Hinchado acabará Rebocato a lo largo de la noche en su afán por caer en los brazos de Morfeo.

     El líder número uno coge todos sus trastos y, en lugar de permanecer al lado de su tropa, como haría un Caudillo de pro por sus huestes, se larga a una esquina del soportal. Rebocato lo interpreta como un gesto de liderazgo, ya que, piensa, hasta en el Cielo hay jerarquías, por ejemplo, en el caso del colectivo de criaturas aladas, y sin sexo, que pululan por la Gloria existen: ángeles, arcángeles, querubines, serafines, tronos, etc., y el alado que más manda es el Espíritu Santo en forma de paloma, que entre otras gestas lleva en su haber –con la sin par Anunciación, a la hasta entonces María a secas– la Concepción por su obra y gracia.

      Rebocato se acuerda de la canción: A Hard Day's Night (Que Noche La De Aquel Dia) de The Beatles, debido al mal dormir que tuvo, a lo largo de la noche de aquel día en la ermita, por sus constantes despertares a causa de la dureza de la cama. De vez en cuando se despertaba con dolor de huesos y trataba, a duras penas, de cambiar de postura con el fin de aliviar su sufrido esqueleto. Para mas INRI la luna llena iba pululando y cambiando de posición asomándose entre los vanos de las arcadas.




Pie de foto.- (Ojo, con subtítulos en castellano). Rebocato se sentiría bien estando en su casa  durmiendo  sobre una cama decente, claro está.

    En uno de sus despertares, Rebocato observa que uno de los caminantes sin rango (no vamos a decir de quien se trata, para no herir susceptibilidades entre los paisanos de origen del caminante de marras) sale de su saco de dormir, se incorpora y sorteando los cuerpos que permanecen dormitando embutidos en sus sacos respectivos, cual gusanos de seda dentro en sus capullos, se dirige al rincón del pórtico donde dormita, un tanto alejado, el líder número 1, le zarandea suavemente para sacarle de los brazos de Morfeo Una vez despierto el zarandeado, el zarandeador le susurra algo al oído, aquel se levanta, rebusca en su mochila y le acerca algo con la mano derecha a pesar de ser de izquierdas. El zarandeador coge lo que ha demandado al zarandeado, se baja los pantalones y, Rebocato, llega a oír, en el silencio imperante, lo que le contesta el líder número 1 al zarandeador: “Para estos casos y para que todo vaya bien, lo mejor es que te apliques vaselina”.

     Rebocato no ve nada más porque, de improviso, la luna llena se ha ocultado tras una inoportuna nube y la penumbra invade la zona de las arcadas donde dormita él y acompañantes, pero con lo que ha oído decir al líder número 1 ya va arreglado para todo el resto de la noche. Al final puede más el cansancio que su alteración ante lo que ha visto, oído y lo que se imagina y, al rato, el sueño le vence.

     Va transcurriendo la larga noche en los soportales de la ermita y Rebocato vuelve a despertarse por el dolor de huesos y, a ello, le ayuda la luna llena que vuelve de nuevo a rutilar entre las arcadas, y aprovecha (él, no la luna) para volver a cambiar su sufrido cuerpo de postura. Ahora se coloca de cara al compañero que tiene a su lado, que es el porteador dueño del coche con remolque, o al menos eso dice el supuesto dueño. El susodicho compañero duerme como un bendito, quizás sueñe con sus incansables nietos, de los que disfruta a menudo. Rebocato, levantando la cabeza aprovecha para dar un vistazo a la tropa y comprueba que el que se aplicó la vaselina suministrada por el líder número 1, está metido en su saco respectivo de pies a cabeza. Asimismo, ve que el porteador del Mercedes está agitando, tumbado, ambos brazos cual molino de viento (a la mañana siguiente, durante el desayuno, se justificaría, su bracear, alegando que estaba peleando con zombis en pleno sueño, menor pesadilla, se nos antoja, que la de soñar que le estaban robando o rayando el coche nuevo).

     Rebocato, antes de empezar a conciliar, de nuevo, el sueño, se interroga: “¿Pero… cómo es posible que toda esta tropa (en la cual se incluye), que está descansando en este lugar, siendo muchos de ellos republicanos, izquierdistas, anticlericales, incluso alguno que otro libertario, sean capaces de acogerse a Sagrado?, y lo más grave, resulta que, este año, están todos durmiendo fuera del interior de la ermita, y resulta que otros años, según han comentado, accedieron al interior del recinto sagrado y durmieron toda la noche dentro, con ronquidos incluidos y, posiblemente, sin rezar ni recitar antes: "cuatro angelitos tiene mi cama, cuatro angelitos me la acompañan.....". Resulta que este año han puesto una cerradura nueva en la puerta y, a pesar de que el líder número 1 lo intentó, no hubo forma humana de acceder al interior ,no sin cierto peligro, por lo que se toma la decisión de dormir, todos, en los soportales.

     Por fin amanece y el personal empieza a desperezarse, unos antes que otros, y al final todos están en pie, dispuestos a acometer el camino previsto para la jornada del domingo, y continuar –los parias a pie, los nobles en automóvil– con la marcha dichosa. Rebocato inicia el camino no muy convencido del todo, porque, al igual que el compañero que se aplicó la vaselina en salva sea la parte de su cuerpo y con qué fin, barrunta:

    –Pero… ¿que necesidad tengo yo de meterme es estos berenjenales?, mejor me había montado en uno de los dos coches de los porteadores, en el que hay una vacante de copiloto, y hubiera arribado a la población de Xodos –en la cual han quedado para almorzar– tan campante.

    Antes de hacer, los que lo necesitaran, sus necesidades fisiológicas a cielo abierto cual alimañas, el líder número 2 avisa de que los que necesiten hacer aguas mayores que procuren alejarse, lo máximo posible, del núcleo de la ermita y que procuren tapar, las posteriores deposiciones, con alguna que otra piedra, con el fin de que no ocurra lo que otros años de marcha, en los que aparecían mojones blandos por doquier por todos los alrededores de la iglesia.

    Después del frugal desayuno, los caminante y porteadores, recogen los sacos de dormir, las esterillas, las mochilas y el resto de bártulos y se colocan en el remolque del coche del vecino de cama de Rebocato.

      Los tres sherpas despiden a los 5 caminantes (a los dos lideres y a los tres acólitos) a pie del sendero y emprenden la marcha –Rebocato un tanto aliviado por dejar atrás su dura cama– iniciando la subida de la Loma Bernat con el fin de llegar hasta la base del montículo donde se encuentra ubicado el pequeño núcleo de la población de Xodos, donde piensan juntarse con los porteadores de los coches con el fin de almorzar allí todos bien juntitos.

     En la subida a la loma demarran los líderes (quienes iban a ser) y en lo alto de la cumbre esperan (todo un detalle) a sus tres gregarios. Después, antes de llegar a las estribaciones de la roca donde se asienta Xodos, muy arriba, los dos líderes vuelven a demarrar (imitando al gran Perico Delgado, de antaño, en el Tour de Francia y en la Vuelta a España, recordar que Indurain nunca llegó a ganarla y Perico sí y por partida doble) y dejan atrás al acólito que nunca se queja y, más atrás aún al acólito de la vaselina y al acólito Rebocato.

     Estos dos últimos van “al tran tran”, con el fin de no desfallecer al tratar de seguir el ritmo endiablado que marcan los que les preceden (una de las tácticas que utiliza, muy a menudo, el Gran Líder cuando alguien trata de caminar a su lado). En esto que Rebocato, al estar ya unos kilómetros alejados del recinto sagrado y con el fin de respetar el consejo del líder número 2 sobre donde hacer las deposiciones,  siente la necesidad de “tirar los pantalones” –frase que utilizaba a menudo nuestro labriego castellanoviejo, y hoy en día, lamentablemente, en desuso, aunque parte de la “juventudbaila” vayan tan felices con los pantalones cagados de tan modelnos (sic) que se creen que son– y a pesar de lo poco que llegó a contemplar de la escena nocturna, a causa de la nube interpuesta y acontecida en el rincón de las arcadas, entre el líder número 1 y el acólito que ahora marca el ritmo de marcha a Rebocato, le produce a este algo de inquietud, al ir en cola de grupo y solo con el acompañante mencionado que está, en esos momentos, un tanto bajo sospecha por el encuentro nocturno de la madrugada anterior, pero necesidad obliga y Rebocato le dice que se adelante unos cuantos metros y que ahora mismo le alcanza. El compañero sigue adelante y Rebocato en unos 20 segundos ha terminado la faena (no tiene necesidad de limpiarse con una piedra ya que dispone de servilletas biodegradables) borra todo rastro de pistas encimando unos cantos aparentes sobre lo soltado y, a continuación forzando el ritmo de la marcha, consigue alcanzar al compañero que le precede, el cual, –piensa Rebocato,– debió de acabar la noche anterior con sus necesidades totalmente satisfechas.

     Ya los dos rezagados divisan las casas del Xodos escarpado y se presenta magnifico en “todo lo alto” (“todo lo arto” para un andaluz) de la cumbre.

     Ahora bien, a pesar de la obligada, corta, discreta e intima parada que ha ocasionado Rebocato, el enlace entre este y su “pareja de senda”  ha desaparecido, ya no digamos los líderes que lo mismo a esas horas –barrunta Rebocato– estarán en las tabernas de Xodos refrescándose el gaznate con el grupo de sherpas y, es que, definitivamente el ser líder tiene sus ventajas.

    Abandonados Rebocato y “su pareja circunstancial” a su suerte, aquel, por mutuo acuerdo de la pareja, asume el mando y pasa a dirigir las operaciones. Inician el ascenso a Xodos que lo tienen a la vista y se fían de las pintadas que definen los senderos de marras. Se percatan de que se están desviando hacia la izquierda y a su derecha quedan un barranco y el pueblo, lo cual no les gusta mucho al par de dos, ya que, ven que no van por el buen camino, y no nos referimos al del asunto religioso, que tampoco. Después del mucho penar de ambos por los senderos que rodean Xodos, oyen gritos desde arriba, con gran esfuerzo levantan sus cabezas y ven, muy arriba y a mitad del litoral del pueblo, a los dos líderes y al acólito que nunca se queja (y principal culpable del desvarío) y que hacía de referencia de unión entre la cabeza y la cola de los cinco andantes.

    Rebocato y su acompañante les miran y se percatan de  que sus traidores compañeros, les hacen señas para que abandonen el sendero y que suban a pelo y en línea recta, monte arriba, en dirección hacia donde se encuentran ellos. Rebocato no está por la labor de salirse de la linde y prosigue, siguiendo las marcas del sendero, en compañía de su lacerado acompañante, el de la vaselina voluntariamente aplicada, tras bajada de pantalones, con nocturnidad –no sabemos si también con alevosía–.

    Al rato de la empecinada subida a Xodos de nuestros dos sufridos senderistas con el propósito de alcanzar el pueblo dichoso, observan que sus compañeros han desaparecido de los arrabales del pueblo y, en vista e ello, deciden abandonar el sendero y subir a pedal, y en línea recta, hasta las primeras casas que se atisban. Cuando llegan a ellas se encuentran con que están solos, vamos, guardando las distancias, como Joe Cocker en su canción “Perdido y pobre en Nueva York”.

   Rebocato se deja guiar por su sentido de la orientación, mientras su compañero que, por motivos de trabajo, ha visitado bares y tiendas de pueblos de la comarca para aburrir, en lugar de tirar de experiencia y tomar la iniciativa hace “mutis por el foro” y sigue delegando en Rebocato ,dejándose llevar por este con los nefastos resultados que se exponen a continuación:

    Enfilan calle arriba, ambos extenuados, por una de las cuatro calles de las que dispone el bonito pueblo (a las cuales les dan varios nombres, a lo largo de su recorrido, con el fin, barruntamos, de que dé la apariencia a los visitantes de que  hay muchas mas calles de las que existen en realidad) en busca de los dos bares que amenizan a sus habitantes y visitantes. Llegan hasta la iglesia con la esperanza de vislumbrar alguna de las tabernas, pero estas brillan por su ausencia. Las calles, que como hemos dicho, son pocas pero empinadas como ellas solas, se acaban y asoman, los dos caminantes perdidos, al precipicio, por lo que vuelven sobre sus pasos y, lo más grave, tienen la sensación de que se han perdido, por lo que Rebocato trata de preguntar a alguien pero son las 10 de la mañana de un domingo cualquiera y la gente no pulula, aún, por las calles, bien porque estén en Misa, bien porque estén encamados durmiendo la mona del sábado noche.

   Rebocato, exhausto, piensa en llamar a la puerta de una de las casas y que Dios reparta suerte. Su sensación de impotencia al igual que la de su compañero –antaño sirve chatos en la taberna de su padre mientras este ponía cepos para cazar conejos silvestres– de fatigas senderistas es alarmante, en esto que salen de una casa dos parejas de mediana edad con pintas de ser turistas nacionales –que no no nazzionalistas, quizás sí– de fin de semana  irrumpiendo en la calle. A Rebocato, cual niño pastorcillo, es como si se le hubiera aparecido la Virgen María, se dirige decidido hacia ellos y les suelta:

   –“Buenos días, perdonad, no os lo vais a creer, ya sabemos que el pueblo es pequeñito, no es cachondeo, pero resulta que estamos perdidos. No hay manera de que demos con el bar en el que hemos  quedado con otros compañeros de ruta  para almorzar”.

    Los cuatro se sonríen y uno de ellos dice:

   –Acompañadnos que nosotros vamos calle abajo hacia uno de los bares.

   Llegan al bar y Rebocato y acompañante les dan las gracias a los guiadores de bares y se adentran en el bar donde comprueban que allí no hay ni rastro de sus compañeros de ruta, por lo que deciden salir de nuevo a la calle y dirigirse al bar de al lado donde, en una fuente anexa, andan los dos lideres y el acolito de enlace senderista que no hizo como tal, refrescándose, sin inquietud alguna, en los caños de la fuente y los tres porteadores al lado observándoles tan campantes. Intercambio de impresiones sobre las causas de la pérdida del sendero de acceso al pueblo por parte de los dos acólitos perdidos, y como todo el mundo tiene razón dejan de lado el asunto y se van todos al bar, donde almuerzan unos bocadillos que no se los salta un gitano con albarcas nuevas, que se decía antaño en nuestro pueblo castellanoviejo.

    Rebocato está tan quemado del peregrinaje que a la hora del carajillo dice que abandona la empresa, (a pesar de estar ya prejubilado)  es decir, que no da un paso más y que se va en uno de los dos coches de apoyo hasta el Santuari de San Joan de Penyagolosa. Los compañeros, de sendero de a pie, empiezan a animarle y a de decirle que como va abandonar ahora que ya se ha hecho el camino difícil y que a partir de Xodos todo será coser y cantar hasta alcanzar el objetivo previsto. El senderista del intento de abandono que anda corto de entendederas a causa de estar, ya, bajo los efluvios etílicos, se deja seducir por los cantos de sirena, a causa de no taponarse los oídos como Ulises, y accede a continuar la marcha (más adelante comprobará en sus piernas que con estos amigos no es necesario tener enemigos).

   Salen de la taberna y cae un sol de justicia. Los cinco caminantes se dirigen a iniciar la subida de las primeras rampas de El Coll del Marinet. Es una subida interminable y sin falso llano alguno que llevarse a las piernas. Los dos lideres guías dicen a los tres acólitos que como aquello no tiene pérdida que ellos se adelantan y que en la bajada les esperarán recogiendo boletus.

   Efectivamente, el sendero no tiene pérdida, incluso hay sombra a lo largo de casi todo el trayecto, pero la subida se las trae y, el descomunal bocadillo de jamón y queso, que se ha metido Rebocato entre pecho y espalda, regado con vino y carajillo pertinente, se le están indigestando a causa de la bestial subida del "coser y cantar", con lo que vuelve a rumiar para sus adentros:

    –“Pero.. ¿qué coños pinto yo aquí cencerreando monte arriba, monte abajo?, más tonto y no nazco, y además en domingo, ojalá siguiera siendo creyente y estaría santificando la fiesta.

    Por fin culminan la montaña y se acaba la tortura. Ya lo que queda es bajada. Más adelante encuentran a los dos líderes imbuidos en la labor de la búsqueda de boletos, con la que no han tenido excesivo éxito (Rebocato intuye que ni los conocen –a los boletus– ya que el líder número 2 está mirando fotos de ellos en el móvil y piensa aquel: “estos dos, Dios no lo quiera, cualquier día se nos autoenvenenan con las setas de marras y se acaban, de una vez, las excursiones”).

   Continúan el camino y, por fin, llegan exhaustos a la Tierra Prometida, o sea, al Santuari de Sant Joan de Penyagolosa, unos 62 km a pie, desde la capital de provincia, han tenido la culpa. Vivir para ver:" Reboctao, voluntariamente, metido en estos bretes"

    Al pie del Santuari se encuentran los dos nobles porteadores con coche y su fiel copiloto que no ha tenido necesidad de ponerse al volante, afortunadamente. Uno de ellos lleva dos cervezas bien frías de las que sobraron la noche anterior (al final iba a tener razón el líder "number one" al indicarles que compraran una cerveza por barba, claro, como él apenas bebe alcohol…) Se reparten los tres acólitos las dos cervezas, a sorbos, como buenos hermanos y los dos líderes ni las catan ya que, están buscando las duchas comunales del Santuario para asearse como Dios debido.

     Se asean los tres acólitos en una fuente cercana (cuestión de rango), vuelven ambos líderes de las duchas frías (son líderes espartanos), montan los ocho en los coches y se dirigen hasta el pueblo de Vistabella del Maestrazgo donde han reservado mesa para comer.

    Finalizada la comida y, ya todos bastante alegres, emprenden el regreso a la ciudad con otra manera de viajar mucho más cómoda que a la ida, donde va a parar….

     Y colorín colorado….

PD.- Aviso para las mentes calenturientas: “El asunto de la vaselina lo aclararon los afectados días después. El acólito, sirve chatos, se bajó los pantalones para aplicársela en la entrepierna ya que la tenía encentada del rozamiento, por el largo caminar, es decir, entre el number one y él, dicen, no hubo rozamiento físico alguno la noche en que una nube interpuesta delante de la luna llena dio pábulo a un posible malentendido en la mente calenturienta de nuestro –mal pensado– amigo Rebocato”

PD.- Bueno, Pepe Pe, tú lo has querido, hace un par de días, almorzando en Sueras, animaste a Rebocato a que relatara la caminata. Asume los posibles daños colaterales que puedan causar, el relato de marras, en sus intrépidos lectores.

HistoriasdeRebocato@junio 2016









 



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31 de mayo de 2016

CHURRAS Y MERINAS

                               LECHAZOS, CHURRAS Y MERINAS

       INTRODUCCIÓN 

<Y la
polvareda que había visto la levantaban dos grandes
manadas de ovejas y carneros que, por aquel mes-
mo camino, de dos diferentes partes venían, las
cuales, con el polvo, no se echaron de ver hasta
que llegaron cerca. Y con tanto ahínco afirmaba
don Quijote que eran ejércitos, que Sancho lo
vino a creer y a decirle: Señor, ¿pues qué hemos de
hacer nosotros? ¿Qué? –dijo don Quijote–: favorecer
y ayudar a los menesterosos y desvalidos. Y has de
saber, Sancho, que este que viene por nuestra fren-
te le conduce y guía el grande emperador Alifan-
farón, señor de la grande isla Trapobana; este otro
que a mis espaldas marcha es el de su enemigo, el
rey de los garamantas, Pentapolén del Arre-
mangado Brazo, porque siempre entra en las bata-
llas con el brazo derecho desnudo . Pues, ¿por qué se
quieren tan mal estos dos señores? –preguntó San-
cho. Quierénse mal –respondió don Quijote– por-
que este Alefanfarón es un foribundo pagano y es-
tá enamorado de la hija de Pentapolín, que es una
muy fermosa y además agraciada señora, y es cris-
tiana, y su padre no se la quiere entregar al rey pa-
gano si no deja primero la ley de su falso profeta
Mahoma y se vuelve a la suya. ¡Para mis barbas –dijo
Sancho–, si no hace muy bien Pentapolín, y que le ten-
go de ayudar en cuanto pudiere!>
(El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)




Pie de foto: Don Quijote recibiendo una tunda considerable por defender a los menesterosos y desvalidos. Sancho, más pragmático, otea desde el monticulo.


        Que pena que Cervantes, en este pasaje de su, por todos conocida, novela, y por muchos menos leída, que lleva por título “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” en su primera parte (1605), y la “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha” en su segunda parte (1615), no nos aclare si esos dos rebaños de ovejas, que forman las polvaredas y que don Quijote confunde con ejércitos enfrentados, sean uno de ellos compuesto por ovejas de raza churra y el otro por ovejas de raza merina, o ambos, de ambas razas mezcladas entre ellos (nada bueno esto, haciendo caso al archiconocido refrán); no obstante nuestro amigo Rebocato hará lo posible para “desfacer el entuerto” a nuestros lectores a lo largo de este escrito.


LECHAZO

Reza el DRAE:

lechazo
De leche y -azo.
1. m. Cordero lechal.
2. m. vulg. Ven. Golpe de suerte.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

      Sobre estas dos definiciones de la palabra “lechazo” que figuran en el DRAE, decir que, en nuestro pueblo castellanoviejo, la primera acepción es totalmente válida; en cambio, la segunda lo es a medias, es decir, vale lo de “golpe” pero no lo que continúa “de suerte”, ya que, por aquellos lares, un lechazo, aparte de ser un cordero de oveja churra, también viene a cuento, para definir de esa manera a la acción de cuando algún parroquiano te mete una leche de la órdiga por un quítame allá esas pajas y, asimismo, igualmente, se dice lechazo cuando te resbalas y te pegas un guarrazo –de padre y muy señor mío– produciéndose, en este caso, la consiguiente dualidad: tener como consecuencia inmediata la producción de dolor en el afectado y, por otra parte, provocar la risa instantánea –sin mala intención por supuesto– de quienes contemplan la acción del costalazo (ranazo) en vivo y en directo.

       Centrándonos en el lechazo que se emplea para la restauración, decir que es un cordero nacido de oveja churra criado en las riberas del río Duratón, donde se producen, donde va a parar, los mejores corderos de toda la península hespérica.

       En nuestro pueblo castellanoviejo, al cordero lechal cuando cumple un mes o mes y medio de edad, estando aún sin destetar de la madre, y con un peso de entre 4 a 5 quilos en canal, se le sacrifica (no en aras de ofrecimiento al Sumo Hacedor), se le desuella, se le destripa, se le pone por la noche al relente –con el fin de que oree como Dios manda– y al día siguiente se le parte por la mitad longitudinalmente y luego, se cortan esas dos mitades transversalmente, resultando cuatro cuartos de cordero listas para meter en el horno a la leña en cuatro tarteras de barro –caso de querer asar los cuatro cuartos– con un poco de agua y sal. Sin añadir especias, ni laureles, ni ajos, ni tomillo, ni romero, ni posterior ajoaceite. La oveja madre del lechazo ya ha comido hierbas aromáticas, varias, en los montes de la ribera del río Duratón y los sabores de dichas hierbas pasan, vía ubre, al cordero en forma de calostros y leche.

        El sabor de la carne de cordero lechal asado (típico lechazo) en cuartos al horno de adobe, o a la parrilla en forma de chuletillas asadas al sarmiento de antaño, nada tiene que ver con el cordero recental (cordero de más de 4 meses de edad y de un peso de unos trece quilos), ni con el incomible borrego (de uno a dos años) y ya no digamos con el carnero de cuernos huecos en espiral.

       En otros países es una tarea ardua encontrar carne de cordero lechal, ya que entienden que su producción es antieconómica o bien, por remordimiento de matar tan tempranamente al corderito. Por ejemplo, en Irlanda tienen a los corderos, que da gusto verlos, retozando felizmente por los verdes prados sin estrés alguno, ni perro que les ladre, ni pastor que les guarde; resultando que cuando, ya borregos, los matan y los cocinan están mas secos que un perdido sin agua en el desierto, de tal forma que para poder comer su carne le añaden unas salsas que lo único que hacen es prolongar (al masticar la carne, en la boca se forma una bola de estopa estopada –aunque esté estofada–) la agonía culinaria del degustador de turno, como le ocurrió en su día a Rebocato en su visita a la Verde Erin, aunque reconoce nuestro amigo que las gentes de por allí son majas, a pesar de que no se atreven a matar los corderos cuando son lechales.

   Volviendo al asunto que nos atañe sobre el asado, Rebocato sabe perfectamente que cuarto del cordero tiene que pedir para degustarlo en un restaurante asador, en concreto el cuarto delantero izquierdo (no penséis que es por el tema de ideas políticas, otra cosa es que, a nuestro amigo, le timen tanto el político de turno al que vota, como el tabernero al que paga).

       Lo de “tabernero” no lo decimos en sentido  peyorativo. Nos explicamos: hace unos años Rebocato vio en un programa de televisión una entrevista al famoso restaurador que regenta un restaurante de la Cava Baja madrileña denominado “Casa Lucio”, donde entrevistaban al dueño llamado Lucio –abulense para mas señas– el cual, desde muy joven, trabajó en el histórico “Mesón del Segoviano” que se encontraba ubicado, en el mismo lugar que el actual “Casa Lucio”, que tal como se ha dicho está en la Cava Baja del Madrizz de los Austrias, aunque actualmente nos regenten los Borbones.

      A mediados de los años setenta, del siglo pasado, Lucio, se lució y compró dicho mesón, cambio el nombre de “Mesón del Segoviano” por el de “Casa Lucio” (la verdad es que no hubo una asonada de segovianos por el cambio, aunque, Lucio, no fue del todo cruel con sus vecinos de provincia ya que, al cambiar el nombre del mesón podría haberlo definido como “Mesón del Abulense”) y se hizo famoso, entre otras especialidades culinarias, por el plato de huevos estrellados con patatas fritas –el estrellamiento viene cuando el comensal paga los platos rotos, perdón los mencionados huevos rotos, por un plato que Rebocato degustaba en su casa en algunos almuerzos durante la época de la recolección de cereales–. Pues bien, en dicho programa el famoso restaurador vino a decir que él gustaba definirse a sí mismo como “tabernero” y que le encantaba que los clientes y amigos le llamaran profesionalmente así.

     Volviendo a los cuartos (los del cordero lechal, no los de donde se quedaba, otrora, la selección española de futbol en competiciones europeas y mundialistas) como se ha reseñado antes, el cuarto delantero izquierdo es más sabroso que el cuarto delantero derecho y la explicación, dicen los expertos, radica en que el cordero lechal en su corta vida –antes de acabar asado previa ejecución, despellejado, destripado, oreado y troceado en cuartos– se tumba, la mayoría de las veces, sobre el lado derecho (no nos consta que por seguir órdenes, antaño, del General Franco, ni después de nuestro gran timonel Josemaripresidente el de ¡Españavabien!, que como canta el Sabina refiriéndose al tema: “Será para él, si, total, le tocó en una rifa”)  con lo cual esa parte se endurece más. Barruntamos que esto es trasladable a los cuartos traseros derechos.

      En nuestro pueblo castellanoviejo, casi nunca ha habido restaurantes, solo tabernas, aunque a una de ellas, cuando se construyó, durante unos años se le definió como Pub.
Hubo dos intentos para que un mismo restaurante funcionara como tal, pero, después de un cierto tiempo abierto al público, acabó cerrando ambas veces (esperemos que se cumpla el dicho de: “No hay dos sin tres”, después de la experiencia cumplida de: “Segundas partes nunca fueron buenas” –salvo, al menos, la de El Quijote–.

       Un verano entrando Rebocato en una taberna de un pueblo ubicado al lado del suyo –donde vio por vez primera la luz del sol aunque nació en un día nevoso de invierno– se encontró con un paisano suyo jarreando cerveza y le preguntó a este el porqué del poco éxito, a pesar de la segunda tentativa, de los restaurantes en nuestro pueblo castellanoviejo, recibiendo por respuesta lo siguiente:

      –“¿Pero cuando se ha visto que nosotros merendemos en un bar de nuestro pueblo castellanoviejo? Siempre hemos salido a buscar el buen yantar a los pueblos limítrofes o, si me apuras, hasta la capital de provincia (caso de tener que arreglar papeles), incluso, los mas osados, se aventuran hasta la capital de España, por el efecto llamada, con el fin de visitar a algún paisano o familiar que otro, en visas a quedarse a trabajar allí . Somos así de chulos”. –Concluyó el paisano, el cual tenia por costumbre, cuando visitaba alguna capital de provincia, el comprar un abanico en el que viniera reflejado el nombre de dicha capital, con el fin de dar fe ante sus amistades de que había estado allí de visita.


         CHURRAS Y MERINAS

      Las ovejas churras son originarias de Castilla, están provistas de larga y basta lana  por todo el cuerpo excepto en su cabeza y las patas donde tienen pelo grueso. Poseen manchas negras en el hocico, en las orejas y en los alrededores  de los ojos. Dan excelente carne (el lechazo, que es un cordero lechal) y estupenda leche (de la de beber). Son muy dóciles, maternales y longevas aunque a sus corderos lechales, que acabarán en el horno, les sirve de poco esto de la esperanza de vida longeva). Se adaptan perfectamente a las condiciones meteorológicas extremas de la Meseta y al poco pasto existente en la Meseta del Duero, se barrunta que por la cuenta que les tiene.



Pie de foto: Oveja Churra y su pobre y desvalido retoño lechazo con escasas posibilidades de llegar a viejo, ya que acabará en el horno y sin previo Juicio Final. ¿Dónde están los ecologistas?. ¿Comen lechazo, estos?.

    De las merinas se dice que son originarias del norte de África, de donde las pasaron a Andalucía y luego a la Meseta Castellana. Tienen un gran hocico, la nariz con arrugas transversas, y la cabeza y las patas cubiertas, como todo el cuerpo, de lana muy fina, corta y rizada. Su lana es muy apreciada por ser fina y suave.

     Puede que Rebocato ya lo haya relatado en alguna entrada de su Blog, pero dado los tiempos que sufrimos, económica y laboralmente hablando, y como toda experiencia laboral,  acumulable para el currículo (esta palabra suena peor que su homónima “curriculum”, que ya es decir) es poca, no está de mas el recordar que nuestro amigo –cuando nevaba copiosamente en nuestro pueblo castellanoviejo y por lo tanto el pastor no podía sacar a las ovejas churras a carear– tocaba acercarse al corral de ovejas a lomos de las burras o, en su defecto, en los de los machos, cargados con grandes alforjones llenos hasta los topes de paja de algarrobas con el fin de dar de comer al ganado ovino que se recogía durante la noche, cerca de los pastos y alejado del pueblo, en un corral hecho artesanalmente y en redondel con ramas (rameras) de pino, cabrios, candalijas y agujos.

      En Castilla existían grandes ranchos de esquileo y lavaderos para lavar la lana. Cuando se realizaba el esquileo se lavaba la lana, se dejaba secar y se ensacaba para venderla. Prácticamente toda la lana de la Meseta se llevaba a los puertos de Santander y Bilbao donde se embarcaba para Flandes donde la vendíamos barata y allí, que disponían de industria textil, se manufacturaba y regresaba de nuevo a nuestro país en forma de paños que pagábamos a precio de oro.

    En aquellos años disponíamos de la mejor lana de oveja merina y ciudades como Cuenca y Segovia (fieles a la causa comunera) donde la industria textil era fundamental, los mandamases en lugar de fomentar dicha industria lo que hubiera potenciado la economía de la zona en aquella época, seguían apoyando la exportación de lana hacia el exterior.



Pie de foto: Oveja Merina causante indirecta, por su lana, de que Burgos traicionara a la causa Comunera. En este caso no aparece su cordero ya que, al ser de peor carne que el Churro se supone que se librará del horno y por lo tanto no es necesario concienciar a los ecologistas..

    Para acceder al mar por los puertos del actual Santander (hasta 1833 perteneció a Burgos) y Bilbao –principales puertos de salida de la lana para Flandes– era necesario pasar por Burgos y la economía de esta ciudad se basaba principalmente en la exportación de la lana de oveja merina a través de su consulado (los Reyes Católicos constituyeron el Consulado de Burgos otorgándole el monopolio del comercio exterior cantábrico), quizás esa fue la causa principal por la que Burgos “la traidora” se inclino finalmente por ponerse de parte de los imperiales de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico cuando la Guerra de las Comunidades de Castilla, con el fin de no perder los privilegios del transito de la lana.

   Desde entonces debe de venir aquello de: “natural de Burgos y revolucionario es un oxímoron”, hasta la revuelta de vecinos (que ocasionó muchos heridos y detenidos) que empezó en octubre de 2013 en el barrio de Gamonal de Burgos capital, en protesta por el proyecto del Ayuntamiento para la construcción, en dicho barrio, de un bulevar y un parking subterráneo de pago, que acarrearía la destrucción de más de 300 plazas de aparcamiento gratuitas (negocio redondo para los de siempre). El resto del país se frotaba los ojos y no daba crédito a lo que estaba sucediendo en la mencionada capital.

      Con la derrota de los Comuneros la industria textil del centro de Castilla no pudo evolucionar. Además el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores que creó, años ha, Alfonso X el Sabio y que amparaba a todos los pastores de León y Castilla dándoles unas dispensas tales como librarles del servicio militar, testificar en juicios, privilegios de paso (red de cañadas reales para la trashumancia estacional) y de careo (esto último solo para el ganado), todas estas prerrogativas se vieron mermadas. Lo que viene a demostrar que de nuevo Castilla fue ninguneada, ya que, por la derrota en la guerra contra los imperiales, perdió sus fueros con la regencia de la Casa de Austria, unos 200 años antes de que a la futura Cataluña (en ese tiempo, aún, bajo el yugo de la Corona de Aragón en forma de Condados Catalanes) le ocurriera lo mismo con los Borbones.

      Retomando el tema de las ovejas churras y merinas que nos atañe, decir que, en aquellos años disponíamos de la mejor lana de oveja merina y que ciudades como Cuenca y Segovia (fieles a la causa comunera) donde la industria textil era fundamental, los mandamases en lugar de fomentar dicha industria lo que hubiera potenciado la economía de la época, seguían apoyando la exportación de lana hacia el exterior.

    ¿Qué ocurre si mezclamos churras con merinas? el resultado es que no mejora la carne, ni la leche, ni la lana, de ahí el dicho de. “No mezclar las churras con las merinas”. (No confundir con el dicho en el que ha degenerado, que es: “No mezclar los churros con las meninas”).

     Luego está el tema religioso, las churras de Castilla se supone que estaban educadas por pastores católicos, practicantes o no, pero católicos, que asistían los domingos y fiestas de guardar al Santo Oficio de la Santa Misa, aunque después hayan adjurado o no, ya que es imposible –dicen, que dicen los que mandan en la Iglesia– borrarlos de la base de datos del Santo Clero.

     Las merinas al proceder del norte de África se da por hecho que serán de creencias musulmanas.


LOS PASTORES

   Empecemos por nuestro principal pastor (de almas) que responde al nombre de pila de Jorge Mario Bergoglio y al de Papa por el de Francisco I (Paco para los amigos), que es el máximo representante de Cristo en la Tierra. Hay quien dice que es un Papa que habla mucho pero que, al final como casi todos, hace poco, o bien, es que no le dejan hacer casi nada.
Lo que no está claro es si el pastor es el que guía al rebaño o bien, si es el rebaño el que guía al pastor (en el caso del Papa está claro que es él el que guía con su curia romana).

    Ahora tratemos de los pastores mucho más terrenales:

<Estando Paco repaco cuidando las ovejas
vino una abeja y le pico en la oreja.
Paco repaco de un sopapo mató al animalito
Y poco a poco y con gran trabajo se sacó el pico.>

    Poesía pastoril de cuando los niños desempeñaban la función del pastoreo y eran los que anunciaban al vulgo las apariciones Marianas (no nos referimos a las de Mariano que como buen gallego no se sabe si va o viene, y permanece impertérrito ante la que nos está cayendo, como la Puerta de Alcalá: “Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo…”, en fin, como el que tiene un tío en Alcalá, para los de a pie, obviamente) que antaño fluían a menudo –esto dicho sin ánimo de herir sentimientos religiosos–, no como en los tiempos materialista en los que ahora estamos imbuidos en los que los niños como no salen al campo a pastorear no hay posibilidades de que acontezcan en nuestro suelo patrio las anunciaciones de antaño. Posiblemente también influya en ello el que nuestros rabadanes actuales –aparte de no ser niños– sean norteafricanos, rumanos o búlgaros tal como ocurre actualmente en nuestro pueblo castellanoviejo, y claro si en lugar de ser católicos como Dios manda, son musulmanes u ortodoxos las apariciones brillan por su ausencia o en caso contrario es que no trascienden porque no les interesa, a los pastores infieles de ahora, comunicarlo a sus dueños católicos o a la autoridad eclesiástica pertinente.

     Al sentir de Rebocato una de las posibles causas de que las apariciones no sean tan frecuentes como en tiempos lejanos, quizás sea por la falta de fe que nos asola. En un viaje que realizaron Rebocato y señora (junto al cuñadísimo y hermana de aquel), en junio de 2012 por las Irlandas, coincidieron en un desplazamiento en tren por la República de Irlanda, con un párroco del lugar y al entablar conversación con él y decirle que eran de Spain, les manifestó, después de un largo rato de pegar la hebra, que uno de los problemas religiosos de España era la pertinaz falta de fe de los spanish y su poca asistencia a los eventos religiosos.

     Al final de la larga y grata conversación, durante el trayecto a lomos del caballo de hierro –que diría un indio de USA– entre los tres susodichos, Rebocato se quedó con cierto regomeyo en el cuerpo y, a su vez, un tanto despagado con el cura irlandés ya que este desconocía la existencia del magnifico Acueducto de Segovia (dos mil años de historia tirados por los suelos y con lo bien que lo han cuidado los paisanos del lugar) a pesar del énfasis que puso nuestro amigo en describírselo– incluso llegó a dibujárselo (no el total de las arcadas que lo componen, claro) a mano alzada sobre papel, pero ni por esas, que si quieres arroz Catalina, el reverendo jamás llegó a dar síntomas de haberlo visto ya no en televisión, sino ni tan siquiera en fotografía.


CONCLUSIONES

     En aras de la parrafada expuesta, solo queda por añadir que, cada lector siendo fiel a su libre albedrío, decida por si mismo que raza de lechazo tiene que comer, que leche de oveja que beber y que jersey de pura lana virgen mercarse. Sin ánimo de influir en las decisiones de cada cual, reseñar que Rebocato se decantaba por la raza churra a la hora de comer carne y beber leche, y la verdad es que no tenia muchas ocasiones para ello y no era por aquello de refrénese la gula. Por otra parte añadir que, los calcetines que le hacía su madre –a mano con cuatro agujas– eran de pura lana virgen de oveja churra recién esquilada, pero a pesar de ello no se libraba de los sabañones en los pies en los crudos inviernos de la Meseta. Ecologismo puro y duro.

    Volviendo al parrafo de El Quijote que abre este escrito y teniendo en cuenta la procedencia de las ovejas churras y merinas y, a su vez, en vistas al tema religioso, barrunta Rebocato que, el ejercito fingido por don Alonso Quijano perteneciente a Alifanfarón/ Alifanfarón, estaría formado por ovejas merinas/musulmanas y el de Pentacolén/ Pentacolín   por ovejas churras/ católicas.

PD.- El escritor Martín de Riquer era una de las personas que mas sabía sobre El Quijote –la otra es Paco Rico– y en una entrevista aquel dijo, más o menos: “dichosa la persona que aún no ha leído El Quijote, ya que, aún tiene la posibilidad de disfrutar al leerlo”.

           HistoriasdeRebocato@mayo-2016