Buscar este blog

11 de julio de 2018

REBOCATO ECOLOGISTA



                    REBOCATO ECOLOGISTA


      INTRODUCIÓN:

     A la paz de Dios (lo siento por los no creyentes): 

   Ahora que, ya hay que pagar hasta por las bolsas de plástico en todos los establecimientos comerciales, y cuando se nos antojan un tanto lejanos los tiempos aquellos cuando Rebocato era un zagal, aunque nunca llegó a ejercer de “pastor” (nuestro labriego castellanoviejo se quitó las ovejas de encima cuando nuestro amigo tendría unos 7 u 8 años), ni de “refajo que usan las lugareñas” (a Dios gracias, menudo castigo para él ejercer  de ello, según quien lo llevara, claro– pero es otra acepción del DRAE sobre “zagal” y hay que procurar dejarlo todo entendible para evitar posibles befas posteriores de alguno de los imprudentes lectores del Blog). En fin, antes de que se nos vaya el santo al Cielo y que, los que estén leyendo esta misiva se le trastoque, a causa de ello, la quijotera, decir que, hay una nueva entrada en el Blog de nuestro amigo Rebocato que lleva por titulo: “Rebocato ecologista”. 

   ¿Ecologismo? En nuestro pueblo castellanoviejo, antaño, todo el mundo era ecologista, apenas existían los plásticos en hogar alguno, quizás algún que otro barreño que sustituía al clásico balde de cinc de toda la vida, en el cual, de niño, se bañaba Rebocato los domingos por la mañana con sus hermanos anterior y posterior, y de uno en uno, antes de ir a la misa pequeña. 

     Lo mas parecido a plástico que se veía en aquel entonces, eran los sacos de anjeo y de Nitrato de Chile con su contenido para abonar las tierras de labranza.

   Todo se reciclaba en el corral. Prácticamente todo era biodegradable

      Con Dios.  


REBOCATO ECOLOGISTA

  En una provincia norteña del Este Mediterráneo valenciano español, tiene un compañero Rebocato con el que comparte –junto al resto del "grupo" de compañeros andantes, el cual lleva por título: “Caminante no hay camino”– todos los martes mañaneros (desde octubre a junio, ambos inclusive, de 08:ooh a 15:ooh.) la roturación, a base de zapatilla, de senderos montaraces que pululan a lo largo y ancho de la segunda provincia (la primera es Santander –ahora Cantábria, y otrora la salida natural al mar de Castilla La Vieja–) más montañosa de toda España. 

    De dicho compañero, nuestro amigo aspira a ser su amigo, a pesar del hándicap, o barrera, que supone –las menos de las veces– el idioma, es decir, el amigo que quiere añadir a su lista de amigos nuestro amigo (aunque en realidad, dicen que, uno no elige a sus amigos, los amigos son los que eligen a uno), tiene la suerte, y preeminencia, de ser bilingüe, ello es debido a que habla también su lengua materna propia de esa terreta,  además –y muy bien por cierto– de la lengua castellana, antaño imperial. 

    Este compañero de Rebocato atiende por un nombre cuyas iniciales son J.V., nada que ver con JB, y menos mal, porque a Rebocato cuando hace unos 25 dejó de beber cubatas de güisqui and Coca-cola, y de todo tipo, nunca le llegó a gustar el whisky JB. Quizás por esto, si las iniciales del mencionado compañero fueran JB en lugar de JV, posiblemente nuestro amigo no hubiera aspirado a tratar de ser amigo de este compañero andante bilingüe. Ahora bien, si eliminamos el segundo nombre –del nombre compuesto– de JV, y añadimos la inicial de su primer apellido si que sería J.B. Pero no lo haremos, para no enemistarnos con Rebocato.

   Hace unos días el compañero bilingüe de Rebocato le envió a este un correo electrónico en el que le daba un consejo ecológico en bilingüe:

“CADA VEZ QUE VAYAS A LA PLAYA,RECOGE 3 OBJETOS DE PLASTICO”. 

Ara que comença la temporada de platja, estaria bé que, a banda de queixar-mos, mos implicarem en una tasca tant senzilla i tan barata com la que ens proposa este video.

         
Animeu-vos !!

https://www.facebook.com/NewsnerEspanol/videos/1868088866606014/UzpfSTEwMDAwMzE1MDAxMTQ2MzoxNjc0NDc0NDU2MDAwODcy/


    Lo cual traducido al Cristiano dice, más o menos:

   Ahora que comienza la temporada en la playa, estaría bien que, además de quejarnos, nos implicáramos en una tarea tan simple y tan barata como nos enseña este video. 

         ¡Animaos!


   Pie de foto.-  Las tres piezas de plástico a reciclar.


   Rebocato contestó a su compañero y aspirante a amigo de marras:

   
            Hola, J.V.:

  ¿Tienen que ser los tres objetos (Bolsa + vaso + botella) diferentes? ¿Sirve que sean los tres iguales? ¿o que sean 2+1?
Tú, ya nunca podrás pasear tranquilo por la playa porque  si te dejas algo de plástico sin recoger y tus conocidos nos percatamos de ello quedarás en evidencia.
   Cuando paseamos por la playa mi mujer y yo, hasta en invierno si ella ve alguna botella de cristal la recoge.  

   Saludos.



   Rebocato, a la mañana siguiente como tantas otras, se fue a pasear con su contraria por la playa. Él iba, ojo avizor, mirando al suelo por si veía objetos de plástico abandonados y recogerlos con el fin –siguiendo el consejo de su compañero– de defender la naturaleza y preservar el medio ambiente. 

   Nuestro amigo andaba deseoso de encontrar los tres objetos y de esa manera volver cuanto antes a casa ya que el sol comenzaba a calentar en demasía. 

   Andados ya un par de kilómetros, sin rastro de objeto alguno que reciclar, Rebocato vio a lo lejos una bolsa de plástico, mecida mansamente por las olas en la misma orilla del mar. Apresuró la marcha y ante las quejas de su compañera que no entendía a cuento de que venia el repentino acelerón, tuvo, nuestro amigo, que explicarle el motivo de las tres potenciales piezas abandonadas a recobrar. 

   Ella que suele recoger –sobre todo en invierno en que la playa está mas dejada de la mano de Dios– alguna que otra botella de cristal abandonada a su suerte en la propia playa, le dijo que dejara de hacer el canelo, y que las brigadas de limpieza madrugaban para dejarlo todo impoluto, en temporada de baños veraniegos, claro. No obstante nuestro amigo al llegar a la altura de la bolsa la recogió y observó que llevaba el anagrama de Mercadona. (Perdón por la publicidad).

   Más adelante hizo acopio de un vaso de plástico que estaba aplastado y semienterrado en la arena (la maquina de limpieza playera pasaría por encima de él –del vaso, no de Rebocato– y lo dejaría en dicho estado) y lo introdujo en la bolsa. Ya solo le faltaba la botella de plástico para completar el trío demandado en el correo de su compañero J.V. 

   Siguieron andando hasta que su mujer se encontró con una andante –conocida suya– con la que se paró con la intención de pegar la hebra un rato con ella. 

   Rebocato no se detuvo (no conocía a la conocida de su pareja) y, aunque aminoró el paso, siguió caminando. Unos 20 metros más adelante vio a dos niños y una niña que jugaban con la arena al borde del agua, mientras, sus supuestas madres estaban sentadas paralelas a ellos, unos metros atrás tierra adentro en sus toallas tendidas sobre la arena. 

  Uno de los niños bebía agua de una pequeña botella de plástico (obviemos la marca comercial), el paseante se detuvo a observarles unos pasos antes de llegar a su altura. El niño pasó la botella a la niña y esta dio un par de tragos y se la ofreció al otro niño el cual rechazó la botella que ya se encontraba casi vacía. 

   Nuestro amigo pensó: “Esta es la mía, voy a esperar a ver si tiran la botella, la meto en la bolsa y hago pleno”. Volvió la vista atrás –no sin cierto regomello ya que, en ese momento se acordó de lo que decía, a veces, nuestro labriego castellanoviejo cuando era pequeño (Rebocato, no nuestro labriego que en altura también): “El labrador que arando vuelve la vista atrás no es apto para el Reino de los Cielos”– para comprobar si su contraria continuaba la cháchara con la conocida de ella de marras. Le pareció que la conversación, a dos bandas, seguía fluyendo entre ambas, y por lo tanto tornó a observar a los niños, y la niña no tiraba la botella, resultando que, al final, una de las presuntas madres de aquellos se levantó de la toalla y, mirando de reojo a Rebocato, se dirigió hasta donde se encontraban los niños.

   En esa situación nuestro amigo se sintió un tanto violento porque pensaba que lo mismo las madres le estaban tachando de pederasta o secuestra niños (cual antiguo sacamantecas u hombre del saco), por lo tanto volvió sobre sus pasos y al llegar junto a su mujer, esta y la conocida se despidieron y la heterosexual pareja retomó de nuevo el paseo bordeando el agua de la mar salada.

  Cuando llegaron a la altura de los niños y sus madres, Rebocato cogió del talle a su mujer para que las madres de los niños vieran que era un hombre heterosexual y felizmente emparejado, fuera de toda sospecha.

  Mas adelante, la pareja de andantes se encontró con una aplastada lata de cerveza vacía y su contraria le indicó a Rebocato que la reciclara en la bolsa, a lo que él contestó que las latas no aparecían reflejadas en el correo de limpieza playera que le envió su compañero de veredas, y que él estaba buscando una botella de plástico para completar el trío de objetos a limpiar en la playa y que no pensaba saltarse el protocolo. La mujer le dijo: ¿Pero, estás tonto o qué?. Acto seguido, ella agachándose recogió la lata y la metió en la bolsa que portaba su "santo", al menos de apellido. (esta observación es para iniciados).

   Rebocato ya estaba un tanto harto del paseo y pensaba que no iba a encontrar botella alguna para completar su noble misión. Al llegar a un espigón de la playa donde tornarían sobre sus pasos con el fin de regresar a casa, observó al lado de las rocas del espigón un preservativo anudado, lo que venia a demostrar que estaba usado. Entonces nuestro amigo le dijo a su “santa” que reciclara el preservativo (no iba  ser este menos que la lata). Ella, con una simple mirada, le fulminó dándole a entender que mejor estaba calladito (es lo que tiene la convivencia en pareja a lo largo de tantos años emparejados, que acabas entendiéndote perfectamente sin necesidad de decir palabra alguna). Rebocato hizo ademán de recogerlo pero la fémina le soltó: “Como toques eso a mi no me tocas ni con guantes en un lustro”. El preservativo se quedó allí tan campante, con el fluido en su interior, ejerciendo la dualidad de contaminador, tanto biológica como estéticamente.

   ¡Pardiez! Nunca llegó a imaginarse Rebocato que, esto del ecologismo, fuera tan complicado de poner en práctica. Luego dirán que residir cerca de la playa y tratar de ayudar al prójimo –aunque que sea de forma indirecta– es bonito y gratificante, respectivamente.

   En el trayecto de regreso a casa, Rebocato depositó la bolsa en el contenedor adecuado de reciclaje.


PD.- "Gràcies amic josep viçent per inspirarme les muses, que no les musaranyes. Una abraçada".


          HistoriasdeRebocato@julio-2018

4 de mayo de 2018

REBOCATO MANCILLADO

               

                     REBOCATO MANCILLADO


            Hola:

     Indicaros que hay una nueva entrada en el Blog de Rebocato que esta vez le ha tocado en suerte (nuestro amigo en las fechas del relato no tuvo mucha que digamos) la denominación de: “Rebocato mancillado”.

    La acción transcurre en la Barcelona de primeros de mayo de 1981 y Rebocato –que andaba por allí cencerreando por motivos laborales– tuvo que aguantar una penetración anal y un par de horas después ya entraba en el quirófano. Alguno estará pensando: normal, ya lo dice el refrán: “Donde tengas la olla, no metas la polla”.

             
 INTRODUCCIÓN:

   Han corrido ríos de sangre y tinta sobre lo acaecido en el levantamiento del dos de mayo de 1808 en Madrid, cuando las llanas gentes de esta capital (chulapos, chulapas y arrimados  –la potable Arrimadas aún no había entrado en la escena política–destripaterrones de los alrededores, entre otros) cargaron, cheira en ristre, contra las tropas francesas (temibles mamelucos incluidos) es decir, contra el invencible, en aquel entonces, ejercito napoleónico. Posiblemente, lo de invencible, aquellos irascibles atacantes, lo ignoraban o tal vez no.

    El cuadro de “La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol”es, con el de “El tres de mayo”, uno de los cuadros mas representativos del pintor Francisco de Goya, con permiso del pintado anteriormente, por el mismo –¿pornográfico para aquella época y posteriores?– que lleva por titulo: “La maja desnuda”.

   Malas remembranzas le avienen a la cabeza a Rebocato cuando recuerda el primer (y único hasta el día de hoy) dos de mayo que pasó en la Ciudad Condal.

   Ese infausto día nuestro amigo sufrió una penetración anal y una hora después se encontraba ya sobre la mesa de operaciones en uno de los quirófanos de un gran hospital de la Seguridad Social de Barcelona.

   Nuestros lectores se preguntaran: “¿Y cómo se vio metido nuestro juicioso, comedido y nada lujurioso amigo en esos bretes?”. 

   Ahí va la historia:


UN 2 y 3 DE MAYO DE REBOCATO EN BARCELONA

  Cuando ocurrieron los hechos nuestro amigo se encontraba “laborando” (poca diferencia de esta palabra respecto con la de “labrando”, en lo que Rebocato acumulaba curriculum) en Barcelona, concretamente desde septiembre de 1980, a consecuencia de haber aprobado unas oposiciones en la empresa de telecomunicaciones en la que se encontraba desempeñando funciones (nada que ver con las fiestas mayores anuales de nuestro pueblo castellanoviejo, llamada "La Función") desde un 4 octubre de 1976 (paradojas de la vida: un cuatro de octubre es la fecha de nacimiento de su contraria). 

   A finales de julio de 1980, una vez finalizados los 6 meses de curso eliminatorio cursados en una escuela de su Empresa, llegó el día en que todos los opositores que lo superaron (al curso no a Rebocato, que también) eligieran plaza y a resultas de ello tuvo que decidir nuestro amigo, al igual que el resto de sus compañeros de promoción, el optar por una plaza en Barcelona capital, como destino laboral, y casi como única opción. Reseñar que como en aquellos años en Cataluña las empresas privadas pagaban a sus empleados bastante mejor que la empresa nacional (aún no era multinacional) donde laboraba Rebocato, pocos currantes residentes en esa Comunidad Autónoma osaban opositar a dicha Empresa, con lo cual, en la Cataluña de aquellos tiempos, la plantilla era poco duradera y mayoritariamente de gente opositora de paso. 

   Ya en los inicios de los años 80 del siglo pasado estando allí nuestro amigo (aunque no fue culpa suya) y con el fin de poder tener, la Empresa, una plantilla estable en Cataluña a consecuencia de que: la gente del resto de España opositaba, les trasladaban a Cataluña, sobre todo a Barcelona y, después, estas gentes, en cuanto tenían opción, pedían traslado a sus lugares de origen, quedando, de nuevo, aquellos lares catalanes con gentes opositoras nuevas venidas del resto del País, con lo cual nunca había una plantilla de empleados que arraigaran allí, ni con larga experiencia profesional acumulada, por supuesto. Excepto honrosas excepciones como sabe nuestro amigo Rebocato de dos compañeros y amigos suyos que casaron bien allí.

   Para poner término a esa situación, una vez que la compañía nacional de telecomunicaciones elevó los sueldos de los empleados de su plantilla, las personas residentes en Cataluña, echaron cuentas y empezaron a animarse a opositar para integrarse en la nómina de esa Empresa. 

   Con el fin de obtener la deseada plantilla estable se convocaron oposiciones en Cataluña, solo y exclusivamente. para personas residentes en esa Comunidad Autónoma. (¿Otro posible ataque a Catalunya?). 

 Una vez iniciado el proceso (no confundir con el actual Procés, que tan buen rollito está ocasionando en la convivencia de las gentes en Cataluña), al final se denunció la situación a nivel estatal y se retornó a las oposiciones con opciones para cualquier ciudadano del País, incluso a los que vivían dentro de Cataluña. Sin discriminación alguna, por supuesto. Esto si que, posiblemente, fue un “contrataque” en toda regla a Cataluña.

   La verdad es que Rebocato lo pasó estupendamente bien en Barcelona durante el año y medio que anduvo cencerreando por allí (salvo por lo ocurrido una madrugada y motivo de esta epístola). Pero, claro, cuando uno es joven, gana dinero y hay un abanico de opciones donde elegir –Pub´s, discotecas, etc.– para divertirse, ¿quién no lo pasa, al menos, medianamente bien?

   A nuestro amigo la cosa se le torció  el día 2 de mayo de 1981. Apenas habían transcurrido, en aquel entonces, dos meses desde el trauma que muchos españoles habían padecido en el famoso, e internacionalmente conocido como “23F”, con una de sus inconfundibles estrellas invitadas, el sin par teniente coronel de la Guardia Civil: don Antonio Tejero.

   Rememoremos, ya que, es una escena para la posteridad: el señor Tejero pistola en mano, cabeza calzada con tricornio (en algún país del norte de Europa se dijo, que era el típico tocado de la Guardia Civil para dar un golpe de Estado en España), subido a la tribuna de oradores del Congreso de Diputados de Madrid y voz en grito lanzando el famoso: “Quieto todo el mundo”; y, después, otra frase para la posteridad: “¡Se sienten, coño!”. 

    Excepto el teniente general Gutiérrez Mellado –de pie y delante de la primera fila de escaños, (el cual tuvo un posterior y memorable forcejeo con Tejero); el ya casi –entonces– expresidente Suárez y Santiago Carrillo (secretario general del PCE); el resto de los diputados, cuando Tejero dijo la orden de que todos se echaran al suelo, con tiros al techo del Congreso incluidos (por si quedaba alguna duda), los susodichos obedecieron ciegamente (posiblemente casi todos habrían hecho el Servicio Militar, en su día) y descabalgaron de sus escaños. Que espectáculo. 

    En fin, gracias a que una cámara siguió filmando, por el valor y sangre fría que demostró uno de sus operadores, el cual apagó el piloto rojo que avisaba de estar filmando y, además, bajó el contraste del monitor de la cámara para que no se viera nada –no nos engañemos, estaba jugándose la vida en esos momentos "históricos" y, a su vez, un tanto facciosos, con perdón de los plantígrados–, no pueden contarnos milongas. Todos lo vimos en la “tele”, y casi en directo, al día siguiente.




  Pie de foto.- Tejero y sus chicos en acción. "El Guti"  (no nos referimos al centrocampista del Madrizz)  los brazos en jarra.




   Pie de foto.- A finales de noviembre de 2010 en un Clásico jugado en el Camp Nou, en el que el Barça le endosó un 5-0 al Real Madrid, Piqué emuló (guardando las distancias, claro) a Tejero: helo ahí, sonriente para la posteridad. 
   La foto no engaña, aunque se equivocó de mano. En fin, nadie es perfecto.

   Pero dejémonos de pasadas, y pesadas, historias, las cuales, en este país, por “H” o por “B”, nunca nos faltan  (actualmente, “acaba” un conflicto territorial –más de 850 muertos de vellón, casi 80 secuestros y más de 6.300 heridos, más las tropecientas familias destrozadas de por vida y todo por aquello de: “hacer Patria”– y, guardando las distancias, ya tenemos otro en “ciernes”) y sigamos con la penetración anal (aún no sabemos si consentida) de nuestro amigo Rebocato en la Barcelona de casi mediado el año 1981, cuando aún faltaban 5 años para la publicación de la magnifica novela que lleva por título: “La ciudad de los prodigios” del escritor catalán Eduardo Mendoza, en la cual, el autor, plasma con gran maestría y sensatez el progreso de la ciutat (sic) de Barcelona en el intervalo de tiempo transcurrido, desde el año 1888 hasta 1929, cuando se celebraron, en dicha ciudad, las dos Exposiciones Universales en esos dos mencionados años. No hemos podido evitarlo, Eduardo de Mendoza, el que, años atrás, mucho antes del inicio del Procés, en una entrevista de El País dijo, más o menos, aquello de: “La diferencia entre Madrid y Barcelona es que, si entras en un bar en Madrid, sabes en que idioma te van a hablar”, es decir, prácticamente ninguna, daba a entender el hombre. Hemos convivido durante siglos, aunque haya sido a base de chistes, con guerras de por medio, claro, pero con muchos españoles y muchos catalanes, mezclados y tomando partido por uno u otro de los dos equivocados bandos, y no nos referimos a los del exalcalde Enrique Tierno Galván (el viejo profesor, y el viejo problema para algunos dirigentes del PSOE del aquel  entonces, cuando Rebocato, dentro de un vagón del Metro de Madrizzz en unas navidades, vio una pintada, hecha con rotulador que rezaba: “Estas navidades compra el turrón duro, porque del Tierno estarás hasta las narices” y no estaba firmada por FN –Fuerza Nueva, el notorio partido político de extrema derecha, del notario don Blas Piñar, el que decía que sus muchachos abrecabezas, la de Rebocato incluida, y mortales apuñaladores, no eran violentos, sino viriles–) precisamente, era de los amigos de la “A” –no la ultraderechista triple "A"– rodeada de un círculo, los que se quitaron, ellos solitos, de la circulación política y sindical en la Transición, por no querer entrar en el juego de la “Democracia Burguesa”. Él Tierno –que en Gloria esté– se definía así mismo como agnóstico, la clásica salida del personaje público que siendo ateo se queda en medio por el que dirán, barruntamos.

   Pero como decía el otro: “y vuelta la burra al trigo”. Volvamos al grano de la historia. Prosigamos:


      LA IMPERIAL TARRACO, PAJARITOS Y MARCIANOS:

    Rebocato, después de laborar en jornada continua mañanera, en la tarde del jueves 30 de abril de 1981, comió y se subió a un tren en la estación de Sant de Barcelona y se dirigió a la ciudad de Tarragona donde vivía su hermana nº 3 desde mediados de los años 60 del siglo pasado. 

   En la  Tarraco Imperial estuvo nuestro amigo hasta el siguiente sábado por la tarde. Allí disfrutó de la compañía  de su familia, sobre todo de la de su sobrino preferido –hijo mayor de su 3ª hermana, aunque, dicho sea de paso, por aquello de lo protervos que resultan los celos, nuestro amigo quiere por igual a todos sus 28 sobrinos (sin contar a sus 30 sobrinos nietos, hijos de aquellos). Mención especial a su sobrino ahijado,  hijo mayor del hermano menor (el nº 13 e hijo menor de nuestro labriego castellanoviejo) de Rebocato.

   Ese sábado de marras (2 de mayo por la tarde), nuestro amigo retornó en tren a la Ciudad de los Prodigios. Al día siguiente tenia guardia en el Centro de Control de una central de telecomunicaciones. Rebocato, ya en el tren de regreso a Barna, iba notando un dolor sordo en el lado derecho del abdomen de su cuerpo serrano. 

   Apuntar que antes de llegar al piso de alquiler –el cual compartía con otros tres compañeros de trabajo, aunque cada uno laboraba en centros de trabajo diferentes– cenó un bocata en un bar cercano, y ya recogido en su morada se encontró con el único compartidor de piso que se quedo allí en ese puente. El afortunado era de Sevilla y nuestro amigo pegó un rato la hebra con él. Después, sobre las 23h., se acostó, quedándose el compañero del sur viendo la televisión, más majo que un San Luis y sin dar guerra alguna.  

   Mientras tanto, ese año, se avecinaba algo casi peor que el golpe de estado a resultas de que una quinta extremeña de Rebocato, que atendía/ atiende al nombre de Maricarmen, con acordeón en mano, se disponía, con la canción: “El baile de los pajaritos”, a amenizar ese verano y los venideros (hasta el Juicio Final si hubiera dependido de ella) el total de verbenas y fiestas locales de todos los rincones del País, sin que las autoridades políticas y locales hicieran nada al respecto para evitarlo, y sin que se interpusiera  denuncia alguna por parte de nadie, ni tan siquiera ante el tribunal de La Haya. Fueron unos veranos atroces. Todo el mundo, en las fiestas mayores y/o menores de su pueblo, aldea, villa, pedanía o ciudad dormitorio, haciendo el tonto en la plaza mayor bailando los pajaritos. Como lo pasábamos de bien. 

   Allá donde fueras no escapabas de la tostonera y lúdica canción. Pasados unos años la matraca persistía, de tal forma que, debió de inspirar al director de cine Tim Burtom para utilizar, como arma de destrucción masiva en su película “Mars attacks!” (1996), la canción “Indian love Call”, con la que se lograba derrotar a los vacilones y crueles marcianos invasores del planeta Tierra, debido a que, al oír dichos conquistadores, la canción mencionada (no la del acordeón, sino la otra en inglés) el cerebro les estallaba, cosa que no ocurría al personal de este País en las fiestas populares con “El baile de los pajaritos” debido –al sentir de Rebocato– a que cuando sonaba esa canción las gentes en fiestas estaban –aparte de protegidos por el Patrón o Patrona de la fiesta de turno– ahítos, mayormente, de alcohol, es decir, hasta las cejas; o en su defecto, que al mover los bailantes los brazos doblados imitando a los pajaritos eso sería otro antídoto para evitar la explosión del cerebro, pero no así las posibles secuelas posteriores que originó en las cabezas de algunos de los bailongos celebrantes. 


      EL INGRESO: 

   Una vez acostado con su acompañante dolor sordo en la parte derecha bajera de su abdomen, quedose nuestro amigo rápidamente en los brazos de Morfeo, pero sobre las 23:30h. se despertó violentamente a causa de que su dolor se había acrecentado notoriamente y sin estar ante notario alguno. Por lo tanto se levantó de la cama y se dirigió al comedor de la vivienda donde se encontraba, aún, su amigo el sevillano de Sevilla, acabando de ver la película de turno. Menos mal que no era de porno. 

   Rebocato le explico su situación y su amigo le aconsejó de ir a Urgencias, para lo cual, ni corto ni perezoso –el sevillano– tiró de teléfono y demandó un taxi. Rebocato, acto seguido, se vistió con ropa de calle y ambos moradores bajaron a la puerta del portal de la vivienda a esperar al transporte. 

    Llegado el taxi, se montaron en él y el taxista les dijo que adonde les llevaba, a lo cual el amigo de Rebocato le contestó que a alguna clínica privada de las concertadas por la Empresa donde ellos trabajaban. 

    Rebocato, a pesar de su dolor, tirando de lucidez, apuntó que mejor que les llevase al hospital más grande de los que dispusiera la Seguridad Social en Barcelona, el cual resultó ser el denominado Hospital Príncipes de España, Ciudad Sanitaria de Bellvitge  y, actualmente, bajo el influjo del “Instituto Catalán de la Salud” y rebautizado: “Bellvitge Hospital Universitari” (con la “o” en castellano cerrando comillas). 

PD.- Una de las dudas que actualmente le asaltan a Rebocato es que, si en caso de pedir a la Sanidad Pública de Cataluña su historial sanitario, si tendría que hacerlo en el idioma catalán y que, en su caso, si llegarían a facilitárselo. Estas incertidumbres le asaltan actualmente debido a que, años después, en agosto de 1996 se rompió un brazo en un partido de futbol, de solteros contra casados, celebrado en nuestro pueblo castellanoviejo y cuando regresó, días después a la Comunidad Valenciana, tuvo problemas para que le quitaran la escayola. Menos mal que el ATS de la Empresa, donde laboraba nuestro amigo, se lo curró para que le desprendieran el yeso del brazo del lesionado durante el lance del partido futbolero mesetario.


       LA PENETRACIÓN:

   Una vez en el hospital, ya dentro de la zona de Urgencias, mientras su amigo sevillano proporcionaba los datos del ingresado en recepción, a Rebocato le ordenaron que se echara sobre una camilla; le hicieron varias preguntas; le extrajeron sangre para la analítica; le tomaron muestras de orina y después, aún montado en la camilla, le aparcaron en una habitación en el mismo área de urgencias. El dolor persistía en su costado derecho cada vez con más intensidad (cual pertinaz sequía propia del Régimen anterior y a la que el Dictador culpaba de las malas cosechas mesetarias, aparte de lo que aportaban en contra del Régimen los sucios contubernios judeo-masónicos de los opositores políticos).

   Entonces empezaron a entrar, en la habitación del paciente enfermo, de uno en uno, hasta 5 o 6 médicos jóvenes a auscultarle y a freírle a preguntas. Esto lejos de calmar a nuestro amigo contribuyó a acrecentar su estado de ánimo a la baja, ya que, pensaba que eran médicos noveles, y que tendrían la misma experiencia que él de guardia estando solo (aunque acompañado de un mecánico) dentro de una central de telecomunicaciones de multiselectores de barras cruzadas, como así era en la realidad en ambas situaciones profesionales tan dispares.

   Una vez pasados los 5 o 6 médicos (como hemos anotado entraban y salían de uno en uno), aparecieron, y sin llamar a la puerta, todos juntos en tropel en la habitación de nuestro amigo ,acompañados de otro galeno de mediana edad, lo cual le reconfortó y calmó un tanto a Rebocato, más que nada por lo del reciente aparecido supuesto médico con experiencia.

   Nuevos auscultamíentos –esta vez llevados a cabo por el doctor de más edad– y tocamientos en el área torácica y abdominal del paciente, ya no tan paciente a esas alturas, y entonces ocurrió:

   El doctor más maduro, y en teoría el mas experto en esas lides, se calzó en su mano derecha un guante de látex (ignoramos si lubrificado de antemano) y le dijo a Rebocato que se pusiera en posición “decúbito supino lateral” con el fin de hacerle un tacto rectal. 

   En ese momento a nuestro amigo le dieron las siete cosas, quedándose petrificado. No tuvo fuerzas para salir corriendo de la habitación y sentía como el ano se le cerraba por completo. 

    Jamás en su vida había sido penetrado analmente (no lo jura por Dios debido a que actualmente es ateo. de momento), excepto por los antiguos supositorios que le introducía su madre cuando era niño por prescripción facultativa, aunque, bueno, en este caso de ingreso en Urgencias también existía la prescripción, claro. Pero, una madre es una madre y un galeno –por mucha carrera y especialidades que tenga a sus espaldas, juramento de Hipócrates incluido y, a su vez, adornado con bata blanca– siempre será un extraño para ejercer esas intimidades en el trasero de uno, por muy paciente y paciente que sea este en su lecho de dolor.

   Pero ante las dolencias que no cesaban en el interior de su cuerpo y que, incluso, iban “in crescendo”, nuestro amigo le echó bemoles a la situación y trató de relajarse un tanto, por lo cual , adoptó la posición que le sugirió el doctor y se preparó para recibir, dentro de él, el dedo índice de un desconocido, y con el hándicap añadido de tener a su espalda un auditorio de 5 o 6 mirones/ aprendices y, a su vez, expectantes. Menos mal que no apareció, también, la señora de la limpieza (con todos nuestros respetos para tan noble profesión, que, dicho sea de paso, a pocos/as gustará de ejercer, barruntamos).

   Durante el tiempo efímero (no nos referimos al insecto cachipolla que, el pobre, vive unas 24 horas, caso de que no nos lo maten antes) que duró la exploración rectal, nuestro amigo andaba meditando: “Anda que… como los 5 o 6 principiantes tengan que practicar el tacto rectal conmigo, me dejan el culo como un bebedero de patos, como se decía en nuestro pueblo castellanoviejo”.

   Menos mal que solo “violó” el práctico.

  Como Rebocato soltó un leve quejido en el momento del acto de penetración, cuando el doctor sacó su dedo de salva sea la parte donde, según nuestro amigo, no debía haberlo metido nunca, preguntó a Rebocato –este ya tumbado boca arriba–:

     –¿Te ha dolido mucho?

   Y Rebocato:
     –Menos de lo que me he quejado.

   Y el doctor:
     –¿Cabrón! (sic) Quéjate solo lo que te duela.

   Y Rebocato para sus adentros:
   –No sé si en el caso de haberme ido a urgencias de la clínica privada concertada, se hubiera atrevido, el del tacto rectal, no ya a meterme el dedo, sino a largarme este piropo, aunque haya sido en plan de compadreo.

   El doctor, acto seguido, se quitó el guante se lavó las manos y le dijo a Rebocato:
    –Te vamos a operar de apendicitis abscedada. ¿Tienes en la sala de espera a algún familiar?

   Y Rebocato:
   –Mi familia está en Madrid, no obstante, tengo una hermana más cercana ya que reside en la capital de provincia de más abajo de esta, geográficamente hablando. Pero, doctor, proceda, haga lo que crea que tenga que hacer, ya hay confianza entre usted y yo.

  Dicho sea de paso, el recién penetrado con nocturnidad –ignoramos si también con alevosía–, entre pitos y flautas, estaba que rabiaba de dolor, en esos momentos incluso más intensos que antes.

   En definitiva, el trasero de nuestro amigo se estrenó, o perdió su inocencia –si obviamos los supositorios de antaño– esa aciaga noche del 2 al 3 de mayo de 1981. Y pensaba: "Si salgo de esta con vida, ¿cómo le explico la mancillación que acabo de sufrir en mis adentros –físicos y morales– a mi chica?.

   Los 5 o 6 médicos (+1 experto) salieron de la habitación y uno de ellos avisó al sevillano amigo del enculado. Aquel, una vez en la habitación, aparentaba estar muchísimo más asustado y nervioso que el mismisimo Rebocato después de su reciente experiencia.  No obstante, indagó a este que si llamaba a Tarragona a su hermana, a lo que le contestó aquel que a esas horas (ya eran alrededor de las 02h. de la madrugada) no llamara, debido a que su cuñado se encontraba trabajando. Que tratara de mantener la calma y contactar  sobre las 07h.. 

   Craso error, porque como le dijo, a la tarde siguiente, su cuñado al operado, si hubieran avisado de madrugada, él hubiera salido, ipso facto, del trabajo; y de la otra forma, al llegar a casa y sin haber dormido, tuvieron que salir, hermana de Rebocato y él, arreando brisca hacia el hospital de Bellvitge. 

   Rebocato, que tenia guardia esa misma mañana a partir de las 07:00h. –como hemos dicho anteriormente, en un centro de control– recordó a su compañero (de piso, no saquemos falsas conclusiones después de lo del dedo índice enfundado en guante de látex, y posiblemente sin lubricar e introducido en salva sea la parte) que llamara al centro de control para comunicar que, por razones obvias, no podría hacer acto de presencia en el puesto de trabajo.

   Acto seguido entró un celador en la habitación, maniobró la camilla de ruedas y se llevó en ella a nuestro doliente amigo hacia el área de quirófanos.

   La camilla, con nuestro amigo a bardo, cruzó, rauda y veloz,  unos cuantos quirófanos, llego al que le tocó en suerte y, una vez allí, le transpusieron desde la camilla rodante a la mesa fija de operaciones. Se  encendieron los focos y con gesto rumboso hizo acto de presencia el médico anestesista. Rebocato pensó, en aquel entonces: “Bien, debe de ser la hora de cierre de pub´s y discotecas, y para tomar la penúltima copa, el Drugstorede de la calle Fuencarral  (cercano a la Glorieta de Bilbao) de Madrid se me antoja un tanto a tras mano”.

  Rebocato, ya sobre la mesa de operaciones, contemporizando para ser abierto en canal, pensaba: ¡Jo, que noche!. El mismo titulo que llevaría –en su estreno, 4 años después– la magnifica película de comedia negra del director Martín Scorsese. 


  A Rebocato que no le vengan con el asunto patriótico de las grandes gestas imperiales de los días 2 y 3 mayo de 1808 en Madrid. Posiblemente fueran muy patrióticas y ejemplares (no para los franceses), pero él, justo  173 años después, también sufrió lo suyo y sin arma alguna con la que defenderse del potencial enemigo sanitario en la "Ciudad de los Prodigios".


         HistoriasdeRebocato@mayo-2018




11 de abril de 2018

LA FOTOGRAFÍA

    
                  
                        LA FOTOGRAFIA


     Muy buenos días:

   Con esta Primavera que, ni la sangre altera ni casta que lo fundó, anunciaros que hay una nueva entrada en el blog de nuestro amigo Rebocato que lleva por titulo: “La fotografía”.
Nos vamos a remontar a unas fiestas menores que se celebraron en nuestro pueblo castellanoviejo allá por mitad del año 1975, en los estertores de la Dictadura y de nuestro dictador. Se avecinaban tiempos de ansiados cambios y posteriores desencantos, años después.
  En aquel tiempo y lugar no era tarea fácil el retratarse o plasmar instantáneas para la posteridad. En este caso del relato quedaron fotografiados los supuestos autores de un pequeño hurto. Hay que ser tonto de remate.
   La foto tardó al menos dos años en llegar a manos de los retratados a pesar de haberla pagado estos en el acto en aquella misma tarde de la pose, es decir, el 14 de junio de 1975. Ya ha llovido desde entonces.

  Procedamos.-
   
  PRELUDIO:

 Aconteció que a nuestro amigo Rebocato le llegó el señalado día en que, imperiosamente, tenia que desplazarse desde la capital, donde moraba desde hacia unos seis años, hasta nuestro pueblo castellanoviejo, con el fin de cumplir con la norma de asistir a las fiestas menores del Patrón del pueblo, léase el Santo de turno elegido como protector por, y para, el pueblo en algún tiempo de antaño. En este caso, atiende al nombre de: San Antonio de Padua. 

   Dicho sea de paso, apuntar que, el mencionado Santo: ni era español, ni de Padua; sino portugués de Lisboa y franciscano, para más señas. Para que luego digan que en nuestro pueblo castellanoviejo no reciben con los brazos abiertos a gentes de otras latitudes, incluso las ponen en un altar, por muy franciscanas y forasteras que sean. 

   Además, en el caso de san Antonio, no nos consta si en su curriculum constaba –a la hora de elegirle como Patrón– el que tuviera Master alguno de alguna universidad de cierto tronío. Esto viene a cuento por la polémica que se ha originado, recientemente, respecto al Master (auténtico o apócrifo) de una Presidenta de cierta Comunidad Autónoma de este País. 

  Aquí viene a cuento el contar el chiste de la cerveza que es, más o menos, así:

–¿Qué le dice la bandeja del camarero a la caña de cerveza cuando esta está posada sobre aquella?

– Rubia, que culo mas frío tienes.

  (Un saludo al desaparecido amigo Pablo Izquierdo el turolense que vivía en Vila Real. Perdón por plagiarte).

    Reseñar, respecto a las fiestas patronales de los pueblos que, por mucho que uno haya nacido en un pueblo –sea o no de rancio abolengo–  en el supuesto de que hayas emigrado de él –como lo hicieron algunos años atrás muchos lugareños de nuestro pueblo castellanoviejo, entre ellos nuestro amigo Rebocato (el tratar de huir de la hoz de corte y del azadón) – y no vuelvas todos los años a las fiestas mayores (o en su defecto a las menores) del lugar donde vistes por vez primera la luz del sol, siempre estarás bajo sospecha por parte de todos tus paisanos –sean emigrados o nó– debido a que las fiestas de tu población serán siempre sagradas, seas o no seas creyente. 

    Por lo tanto, a las fiestas del pueblo de uno hay que procurar acudir todos los años, sin falta, para de esa manera mantener el estatus social y poder seguir con la bonita amistad y confraternización con todos los lugareños a la hora de: asistir a misa; ponerse a bailar la jota segoviana en la procesión delante del santo patrón lanzándole, mientras danzas, loas; bailotear como un poseso saltando por la plaza mayor durante la velada; beber limonada en las peñas en las fiestas mayores; etc.

   En los pueblos, sobre todo durante el tiempo que duran las fiestas patronales, hay que beber como cosacos, es decir: cañas, vermús y vinos a mediodía; café y copas por la tarde y cubatas por la noche. También se permite beber sin alcohol aunque no tiene tanta gracia y la gente no te tomará mucho en serio y te marearán con la cantinela de que si estas enfermo. Así todos los santos días, hasta que finiquita "la función". La tradición es la tradición.

    En base a esto, y para poder continuar con la confraternización con sus queridas gentes del lugar, Rebocato, el viernes 13 de junio de 1975 se encaminó a nuestro pueblo castellanoviejo, no fueran  a decir sus paisanos que se había convertido en: “un señorito del pan pringao” (sic), que decían en el pueblo a los madrileños. 

    Aún no se había instaurado la actual tontuna, en los pueblos, de trasladar las fiestas patronales –cuando caen entre semana– al fin de semana, con el fin de que los destripaterrones emigrados (Rebocato es uno de ellos, y con mucha honra, dice él) a las diferentes capitales de la entonces nación única, pudieran acercarse a sus pueblos a disfrutar de las fiestas. 

    Al sentir de Rebocato, lo que procedería hacer sería: celebrar las fiestas –como se hacía años ha– , es decir, en el día en que caen en el calendario gregoriano. ¿Qué es eso de trastocar la vetusta tradición de nuestros antepasados, rompiendo, de esa manera, nuestra bien formada y ancestral idiosincrasia?. Por ejemplo, si el día de San Antonio Bendito y de Padua (13 de junio) cae en miércoles, se celebra en ese día y, al día siguiente, segundo día de fiesta y punto; y en la Fiesta Mayor de nuestra Patrona, tres días seguidos de jarana, antaño bien merecidos después del, ya dejado atrás, cansino laboreo veraniego llevado a cabo en las tierras del campo. 

   ¡Que no hubieran emigrado! ¡No hay que andar cambiando fechas de fiestas a lo tonto! Proclama algún que otro férvido –y no falto de razón– autóctono auténtico del lugar.



 LA DAMAJUANA:

  Rebocato, llegó a nuestro pueblo castellanoviejo, ya en la avanzada tarde del día mas arriba anunciado –que era la festividad de san Antonio de Padua– en su flamante (para aquellos años, pues pasó, en muy poco espacio de tiempo, del trasladarse a las tierras de labor montado al carro tirado por los machos (Terevinto y Cutepla) de nuestro labriego castellanoviejo, a un vehículo a motor) Renault-5). 

   Aparcolo (el R-5) en la Plaza de la Fuente delante de la casa de nuestro labriego castellanoviejo. Sacó su ligero equipaje de viaje (imitando, sin proponerselo, a don Antonio Machado en su poema “Retrato”, aunque para nuestro amigo no era su último viaje), saludó a sus padres y vecinos presentes; y a sus hermanos y sobrinos que se le habían anticipado a su llegada al pueblo y, acto seguido, se encaminó en busca de sus amigos, los residentes allí perennes y a los mismos emigrados y llegados desde la capital para los grandes fastos de ese fin de semana (aún no se decía, a Dios gracias, “finde”).

   Encontrose, al fondo de la Calle Nueva –antes de llegar a la carretera comarcal que partía, y parte, el pueblo por la mitad, a cuyo lado se encontraba una de las tabernas del municipio– con tres colegas auténticos del lugar, no emigrados y, por tanto, aún sin contaminar por las tontas costumbres de urbanidad de la ciudad, las cuales rompen toda creatividad y espontaneidad del individuo rural en general. 

   Sus amigos eran portadores –aparte de una cogorza bastante considerable dentro de sus cuerpos, a esas horas vespertinas ya tardías– de una garrafa de media cántara cuasi repleta de ginebra (aún no se le decía Gin) y Coca-cola. 

  Los tres de marras, nada mas ver llegar a nuestro amigo, se acercaron a él, garrafa en mano, y le conminaron (nada de pamplinas protocolarias, había –y sigue habiéndola– confianza), levantando la garrafa hasta la altura de la boca del llegado, a que se amorrara a ella con el firme propósito de que ingiriera la cantidad de alcohol suficiente hasta ponerse a la altura etílica de ellos, o más. 

  Eran amigos desde la niñez y, a su vez de: juegos variopintos, que hoy en día estarían prohibidos; sabañones en pies, manos y orejas, trabajosamente conseguidos en los crudos inviernos mesetarios; peleas a bolazos de nieve cuando había nevado, y a cantazo limpio (caso de que no cayera el manto blanco); buscadores de nidos; escuela; catequesis y canciones del régimen imperante (el adoctrinamiento de niños en las escuelas que nunca nos abandona y que ha retornado con renovados brios por los litorales); rosarios diarios en la iglesia y, de vez en cuando, en familia; misa de domingo por la mañana y, por la tarde rosario, letanía y novena; y otros entretenimientos que ahora no viene a cuento el mentar con el fin de no extendernos en demasía, que luego algún que otro sufrido y cuasi paciente lector, se nos queja por la extensión del relato. 

   Rebocato en su juventud, jamás de los jamases, bebió alcohol en cangilón compartido; si acaso: agua en botija con sus hermanos/as durante el periodo: del escarde, de la siega del arranque de patatas, del vendimiar; o del botijo durante la trilla, el aventeo y otras lúdicas faenas estivales que se desarrollaban en la era. No obstante, en esas fiestas patronales, la damajuana de cubalibre fue la excepción que no confirmaba la regla. Nuestro amigo se agregó al garrafón –pionero del actual: molesto, sucio y vocinglero botellón de la juventudbaila ensucia plazas y parques–. 

   La mocedad (perdón por la arcaica definición) de hoy en día, molesta mucho, sobre todo cuando uno ya no forma parte de ella. 

   Nada que ver, el botellón con el garrafón, para Rebocato el acontecimiento fue una sola vez en la vida, quizás si, al año siguiente, hubiera podido acudir por San Blas a nuestro pueblo castellanoviejo a la celebración anual del sorteo de quintos, hubiese hecho el típico garrafón de vino de los quintos, pero estaba ingresado de urgencias en el Hospital  de La Paz (en aquel tiempo aún no definido Universitario) a la espera de ser intervenido quirúrgicamente de una úlcera gástrica duodenal heredada, mayormente, de su abuelo materno Ignacio nacido en 1883, mas o menos) 

    El garrafón de san Antonio de ese año, consistió en una garrafa que se devolvió, eso sí, vacía a la taberna, y no quedó ni rastro del suceso en el lugar de celebración, al contrario de como actualmente ocurre con el botellón celebrado en parques, plazas, calles y jardines que, después del evento queda todo el entorno perdido a saber: vasos de plástico, botellas de alcohol de cristal, botellas de plástico de refrescos, colillas por doquier, vomitonas, meadas, clínex, tetrabriks, profilácticos; etc. Ni los hunos, oiga. 

   Poco a poco fueron reuniéndose mas amigos alrededor de la "damajuana", unos moradores todo el año en el pueblo y otros: currantes y universitarios venidos de la capital. Esta forma de definir a la típica garrafa no la conoció Rebocato hasta muchos años después, ya autoexiliado en el litoral levantino, al oírselo decir a algún andaluz, aunque ese peculiar nombre parece ser que tiene su origen en Francia, y el de garrafa del árabe, cosa rara esto último porque no empieza por “al” (no incluyamos Alzheimer, es una de las excepciones).


      Pie de foto.- Damajuana del francés “dame-jeanne”. Tiene su origen en una anécdota de la reina Juana I de Nápoles ocurrida en un taller de vidriería en el siglo XVI. También cuentan que fueron marineros sureños franceses los que  le pusieron el nombre, en plan de broma, al comparar las grandes garrafas con mujeres barrigudas. O vaya usted a saber. 

    Obviamente, cuando la damajuana quedó más seca que el ojo de un tuerto, continuaron los amigos la parranda por los mostradores de las tabernas de nuestro pueblo castellanoviejo. Es lo que tiene el ansia por hidratarse debidamente de cara a la inminente llegada del caluroso verano mesetario. Toda precaución es poca. 

  Cayó la noche y las calles céntricas de nuestro pueblo castellanoviejo, las tabernas (ya, en aquellos tiempos, empezaban a definirse como bares, –neologismo traído al pueblo de la capital– pero a nuestro amigo Rebocato siempre le ha gustado más denominarlas como tabernas), la Plaza de España y sus calles adyacentes “rezumaban” de gentes nativas y de jóvenes de los pueblos de los alrededores. Estos foráneos, barruntaban un cierto resquemor ante las posibles peleas que se avecinaran, causadas –aprovechando el factor campo– por los jóvenes nativos originarios de donde acontecía la fiesta patronal. 

   En aquel tiempo –ya con la juventudbaila, a esas alturas de la fiesta tocada un tanto de morro, etílicamente hablando– los que no habían pillado moza, para pasar el rato, montaban alguna que otra zaragata contra los chicos visitantes de los pueblos vecinos, mayormente contra los que habían osado tratar de ligar con moza del lugar. Una provocación mayúscula en aquellos tiempos, vamos, al menos de juzgado de Juez de Paz Local (JPL).

   Eso de comportarse de forma hospitalaria con los bárbaros forasteros, que encima venían a birlarte las mozas de tu propio pueblo, eran mariconadas, que acabó por romper –por el hecho de acabar formando matrimonios (heterosexuales por supuesto, como mandaban los cánones) entre parejas de jóvenes de los pueblos vecinos variopintos– la idiosincrasia del personal procedente de la ancestral endogamia existente por aquellos contornos. Para que luego nos vengan con lo de la “guay” mezcla de razas. Si en este país no se mezclaban los cristianos ni con los propios vecinos del pueblo de al lado siendo de su misma religión, estaba el tema como para juntarse en Santo Matrimonio con moros o judíos.

    ¿Siglos de convivencia? sí, pero  de aquella manera, cada cual en su propia casa del gueto correspondiente dentro del casco urbano de la ciudad. Esto se puede comprobar en las huellas dejadas en la gran urbe (nada que ver con Uber, no tengamos un lío con nuestros taxistas) de las diferentes ciudades de nuestro país: los judíos residían en la judería; los moros moraban en la morería y los cristianoviejos donde querían, ni estos, ni los conversos, le hacían ascos a comer tocino y beber vino en jarro a la puerta de su casa, estuviera ubicada donde estuviere. Había que demostrar, sobre todos los reconvertidos la imperante, y bien vista, limpieza de sangre, sobre todos los conversos y marranos (nada que ver, estos últimos, con los gochos sacrificados a manos de los matanceros, y no a causa de la religión precisamente) que estaban bajo perenne sospecha ante la comunidad cristiana.

   Volviendo al tema que nos atañe como cristianoviejos, añadir que, unas fiestas de pueblo sin que se diera alguna pelea entre mozos no eran fiestas, al igual que, donde había, o hay, encierros de toros en las fiestas, si no había, o hay, una cogida por parte de algún morlaco a algún que otro mozo debidamente envalentonado debido a los efectos de ir bebido, no eran encierros ni nada que se le pareciera. Y la gente barruntaba que con esos avatares el Santo Patrón –sin él demandar sangre derramada– quedaba mucho mas satisfecho y honrado en su Fiesta anual. Donde va a parar.


     LA RETIRADA:

   Rebocato después de sus sucesivos amorres a la damajuana, dando buena cuenta del contenido del cubalibre a granel –unas veces por voluntad propia, otras animado por sus propios amigos para que se pusiera a la altura etílica de ellos, y los posteriores cubalibres en el clásico recorrido por las tabernas, tuvo como consecuencia que acabó con una filomena (forma de definir en nuestro pueblo castellanoviejo a coger una turca -no de Turquia-  de campeonato) considerable, con lo que optó, en un descuido de sus acompañantes (tampoco estaban estos en un estado como para vigilarle en demasía), por retirarse a dormirla a casa de nuestro labriego castellanoviejo, con el fin de evitar que la cosa fuera a mayores y acabar liado en una posible trifulca con gente forastera. No obstante, antes de llegar al “hogar, dulce hogar” durante el trayecto al quilómetro cero donde nació, decidió sentarse un rato en el recoveco de un huerto  entre casas que pilló aparente en su trayecto del su regreso, valga el símil, a Ítaca cual Odiseo en su Odisea, a resguardo de posibles miradas perjudiciales de algún lugareño (para dar explicaciones se encontraba caso de un fortuito encuentro con algún lugareño del lugar) con el fin de vomitar (más que nada para evitar, a su madre, faenas a horas intempestivas ya dentro de casa) y tomar un rato el fresco al relente, meditar y de esa manera tratar de despejar un poco su embotada cabeza. Donde andaría el protector san Antonio Bendito (de Padua).

   Transcurrido un tiempo prudencial –que ni el mismo recuerda su duración– con vistazos esporádicos hacia el colocado arriba (el sentado abajo también lo estaba y bien), limpio y estrellado cielo imperante esa madrugada, con el fin de contemplar las brillantes, aunque difusas para él, estrellas, y ya un tanto aliviado –aunque la pertinaz melopea persistía impasible el ademán dentro de su perjudicado cuerpo– se incorporó y llegó a su morada sin impertinente encuentro casual con vecino alguno (quizás se despertó san Antonio Bendito)

    San Antonio de Padua le protegía, solo faltaba que este mismo (patrón de los novios) le encontrara moza casadera para dar sentido  a su vida (a la de Rebocato, no a la del patrón menor de nuestro pueblo castellanoviejo).

   Mientras tanto ya era madrugada y nuestro labriego y su costilla (la de los 13 hijos traídos al mundo para dar una guerra considerable), dormirían plácidamente en su cama de barrotes metálicos, jergón de muelles y colchón relleno de lana procedente del esquileo de ovejas churras de antaño, propias de nuestro labriego castellanoviejo,. 

    Rebocato, ya llegado a Ítaca, entró en la casa con tiento (la puerta de portones no se cerraba en fiestas porque solo se disponía de una única llave –de las de antes– de tamaño superlativo, como para llevarla uno en el bolsillo), por el largo portal se adentro sin dar la luz para no molestar a sus ya, muy de por si, mayorcitos pernoctantes creadores. 

    A tientas iba tocando la pared con el fin de contar las puertas de la parte derecha del largo portal. Abrió la que él consideraba la de acceso a las escaleras que enfilaban al sobrado y a las alcobas del piso de arriba. Cruzó dicha puerta y no daba con los escalones de la escalera de acceso. Palpando entre penumbras su mano derecha topó con algo y se oyó un gran estrépito del "algo" que había caído al suelo. Solo le faltó pisar a uno de los dos gatos domesticos habituales residentes, que dormitaran al rescoldo de la lumbre baja.

  Nuestro amigo se encontraba en el limbo. Tal cual como si estuviera bajo los efectos de algún encantamiento (como Sancho y don Quijote, en un pasaje del libro que, dicho libro, fue el inicio de la novela moderna) o, en su defecto, bajo el influjo de acontecimientos paranormales (cosa más normal para nuestros tiempos actuales). Daba vueltas a oscuras con las manos extendidas, mas perdido que un pulpo en un garaje y no se hacía idea de donde se encontraba metido. 

    Por fin se hizo la luz, la del portal, claro. Apareció la consorte de nuestro labriego castellanoviejo y contempló el estropicio: Rebocato andaba vacilante, deambulando, entre gatos, por la amplia cocina de la casa y la tapa de la olla Exprés Magefesa (familiar de 12 plazas, casi una por hijo paridos por la actual levantada a causa de la ruidera ocasionada por su vástago con un colocón de la órdiga en su cuerpo) yacía en el suelo y el pomo triangular de baquelita de cierre estaba roto debido a la caída sufrida desde la mesa hasta chocar contra el suelo, ocasionada por las torpes manos palpadoras de Rebocato a oscuras, que seguía deambulando en el limbo.

     La mujer, dio la luz de la cocina, pacientemente levantó la tapa de la olla depositándola sobre la mesa. la cual qla hizo, artesanalmente, su 5º hijo y acompañó a su vástago –ya crecidito, con casi 20 eneros en canal– escaleras arriba por la puerta anterior a la de la cocina (Rebocato antes había contado mal las puertas y de ahí su extravío) hasta una de las camas que campaban a sus anchas en las alcobas de arriba. 

    La mujer, una vez que se acostó el perjudicado, le dejó una palancana de porcelana, ya un tanto esmorroñada (palabro de la Gacería. No todo va a ser catalá, euskera, galego, bable, estar en Babia, etc. En el ahora estado espanyol hay muchas variedades lingüísticas en vigor, para el cometido de tratar de entendernos mejor y, aparte, nos hace mucho mas ricos, lingüísticamente hablando, claro. Que bonito es saber idiomas), en el suelo a la cabecera de la cama, por si aquello de si sobrevenían los vómitos, y le preguntó si quería un té jarreado, contestando nuestro amigo que eso era costumbre de moros, y que para seguir jarreando se encontraba su cuerpo serrano en esos momentos. 

   (Años ha, en nuestro pueblo castellanoviejo cuando se hacia té de roca para combatir el dolor de estómago o de barriga, se echaba en un jarro pequeño y después se traspasaba a otro, la acción se repetía varias veces trasvasando el té de un jarro a otro –se jarreaba– y eso, según Rebocato, debía de ser una costumbre de los árabes y bereberes que nos invadieron en su día, ya que, en documentales del desierto, se observa en las Jaimas aquellas gentes que jarrean el té también, y muy bien por cierto. Lamentablemente en nuestro pueblo castellanoviejo, en los  nuevos tiempos, se ha perdido esa bonita costumbre, quizás debido a que, actualmente, está prohibido  recolectar té de roca por lo de la protección de los parques naturales, en este caso en Las Hoces del río Duratón). 

    La mujer, armándose de paciencia, salió de la sala, cruzó el sobrado y se encaminó escaleras abajo hasta sus aposentos sitos en una de las alcobas de la sala de abajo, quedando nuestro amigo en la cama mas majo que un san Luis, a la vez que trataba de hacer un acto de reflexión para rememorar lo ocurrido en esa aciaga tarde/ noche tirando de garrafón y nunca mejor dicho.

    El aire soplaba, desde la plaza de España en dirección hacia la plaza de la Fuente (donde estaba ubicada la casa de nuestro labriego castellanoviejo) teniendo como resultado que, en dicha casa, se sentía la música ocasionada por la contratada orquesta que amenizaba la velada de las fiestas menores de san Antonio (Bendito) de Padua.  Pero nuestro amigo no estaba ya para músicas, ni bailes, debido a que ya se encontraba en los brazos de Morfeo durmiendo la mona, tan ricamente. Ni tiempo le dio, después del breve recordatorio, a recitar para sus adentros las oraciones nocturnas, las cuales nunca vienen mal y ayudan a conciliar el sueño.


     LA FOTOGRAFIA QUE SE HIZO DE ROGAR:

 A la mañana siguiente levantose, no demasiado madrugador, nuestro resacoso amigo.

  Después de desayunar y de aguantar un cierto regodeo a su costa, por parte de alguno de sus hermanos ya puestos en antecedentes de la movida de la madrugada anterior en la cocina y su encuentro accidental con la tapa de la olla, salió a la calle en busca de sus amigos. Encontrose a cuatro de ellos y acabaron los cinco sentados, a la salida del pueblo, en los bancos –donados graciosamente, en su día, por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Provincial– que se encontraban hábilmente ubicados entre la cuneta de la carretera y la edificación del transformador eléctrico nuevo.   

   Tocaban las campanas de la iglesia llamando a misa. Esa mañana no fueron a misa (ni Rebocato ni sus amigos presentes, aunque los bancos tampoco), ya que en nuestro pueblo castellanoviejo desde que la gente emigró, mayormente, a la capital, de Espanya (sic) cuando regresaban al pueblo de visita, ya iban pasando de asistir al Oficio de la Santa Misa. Reseñar que como Rebocato fue monaguillo de pequeño durante unos dos años en nuestro pueblo castellanoviejo ya tenia misas acumuladas de sobra en su zurrón

   Al rato un Renault-6 se detuvo a la altura de ellos, resultando ser que el conductor era el 6º hermano de Rebocato. Les dijo (el hermano, no el R-6) que si se montaban con él en el R-6.

   El 6º hermano de Rebocato se dirigía a laborar como encargado (apuntar que, excepto Rebocato, todos sus hermanos durante su vida laboral han sido autónomos o, en su defecto, han tenido personal a su cargo en las empresas donde ejercían) a la fábrica de una villa y municipio de la Tierra de Pinares, distante a unos 40 Km. de nuestro pueblo castellanoviejo, y declarada Conjunto Historico-Artistico en 1994 (quizás en el retraso del nombramiento algo tuviera que ver la nefasta visita que realizaron ese día Rebocato y cuatro de sus amigos a dicha villa, la cual presume de que allí fue el origen de los encierros mas antiguos –siglo XIII– de España con permiso de Pamplona. En aquellos años, dicha villa, pertenecía a Castilla La Vieja, aún estábamos a unos años de volver a los reinos de taifas en la Piel de Toro (buey o vaca, o vaya usted a saber), expresión atribuida al geógrafo e historiador griego que parece ser que atendía al nombre de Estrabón, al que Rebocato no tuvo el gusto de conocer en persona. En fin la famosa frase del exministro Manuel Clavero Arévalo: “Café para todos”. nada que ver con la del: “Que le den café”, frase de algún que otro jerifalte golpista, lo que suponía la muerte en nuestra última Guerra Civil de algún paisano discrepante y que estaba en el sitio menos adecuado.

   Asimismo, otra frase que utilizaban algunos militares como consigna cuando estaba próximo el inminente golpe de estado que desencadenó nuestra última Guerra Civil era el grito de: “Café, café”, que era para comunicarse entre esos militares simpatizantes de Falange y no hacer sospechar a las autoridades republicanas cuando estaban presentes. "CAFÉ" eran las iniciales de:  “Camaradas, Arriba Falange Española”

   Pero no perdamos el tiempo con cosas que aunque no sean cuentos, ahora no vienen a cuento y prosigamos con nuestro amigo, los amigos de este y su 6º hermano que va a los mandos del vehiculo:

    Ni cortos ni perezosos (aún debían de estar los 5 bajo los efluvios etílicos arduamente conseguidos en la madrugada anterior) se subieron todos al coche, cuatro en el asiento de atrás y otro en el del copiloto y se pusieron en marcha carretera hacia delante. 

   La falta de cinturones de seguridad para todos los ocupantes no era un hándicap ya que, brillaban por su ausencia y aún faltaban 15 años para que su uso fuera obligatorio, todo por un antojo de la DGT con el fin de evitar aminorar los más de 6.000 muertos que teníamos en este país por año, que se dice pronto. En aquella provincia quitando la villa –hacia donde se dirigían nuestros 6 viajeros–, otro municipio y la capital no había, ni hay, otra localidad que supere los 6.000 habitantes, ni por asomo. Es decir, que cada año podría desaparecer un pueblo si todos los accidentados por el tráfico rodado fueran de esa provincia, lo cual ya sería el colmo de la mala suerte. Dios no lo quiera.

   Una vez llegados a la villa de destino, el 6º hermano dejó a la tropa al lado de uno de los bares, donde los bulliciosos viajeros, nada más apearse del coche, entraron en una taberna y comenzaron a beber vermús con ginebra a palo seco. Así continuaron toda la mañana y parte de la tarde, sin meterse gran cosa de comida en sus, ya de por si, castigados estómagos a causa del trasiego alcoholico de la noche anterior en nuestro pueblo castellanoviejo.. 

   Ya los cinco bien metidos en harina, y como el diablo nunca duerme, a uno de ellos se le ocurrió de que fueran todos a hacerse una fotografía, en grupo, a la casa del fotógrafo (en este caso y en esa casa fotógrafa y, a su vez, familiar del profesional fotógrafo, en aquel tiempo y hasta su muerte, que ejercía en nuestro pueblo castellanoviejo) con el fin de plasmar para la posteridad el acontecimiento de la visita.

    Llegados al domicilio les abrió la fotógrafa (una señora amable y ya de cierta edad) y les invito a pasar al estudio donde tenia preparada su fabulosa cámara montada (aunque no fornicando) sobre un trípode. 

   Posaron los cinco –calzando todos entre 19 y 21 años, de aquella guisa– sin hacer mucho caso a las indicaciones de la fotógrafa que trataba en vano de que se avinieran a razones con el fin de conseguir una buena pose, de tal manera que ya, prácticamente con su paciencia agotada, apretó el disparador (posiblemente, a la vista de lo ocurrido después, hubiera preferido apretar el gatillo de un arma de fuego sobre ellos, y con toda la razón del mundo).

   Acto seguido la mujer dejó a los cinco por el estudio revoleteando (dada la ingesta de alcohol) y salió de él con la placa del negativo en la mano para dejarla en el cuarto de revelado, barruntamos. Circunstancia que aprovechó uno de los amigos de Rebocato para sacar de la cámara fija una fina lamina flexible de acero, que se guardó en uno de sus bolsillos traseros. Se ignora si el resto de acompañantes se percató, en ese momento, del hecho.

   Volvió al poco la mujer. Pagaron todos el dinero correspondiente a la fotografía y las copias respectivas para cada cual y ella les dijo que después de revelarla más adelante, que llevaría las cinco copias a nuestro pueblo castellanoviejo y se las entregaría a su familiar, el fotógrafo oficial de allí, con el fin de que se las repartiera a cada uno de ellos. 





    Pie de foto.- La fatídica foto de marras. Ya veremos si no tenemos un lío por publicarla sin pixelar las caras y por los supuestos recalcitrantes derechos de autor.    

   Los cinco salieron, manteniendo la algarabía, de nuevo a la calle y se fueron a un pub de la villa a tomar unos cubatas. Al entrar en el pub el Bob Dylan  cantaba (no en vivo, ni en directo, sino enlatada) la canción: Like a Rolling Stone”, una de las mejores canciones de todos los tiempos (ya tenia 10 años, la canción, claro). 




Pie de vídeo.-  ¿Cuántas, y cuantos, quedaron años atrás en el camino? Que bonita es la bohemia siempre y cuando, en el momento que vienen mal dadas, puedas retornar a casa, cual hijo pródigo bíblico y que papá te monte un negocio para poder ganarte la vida una vez desaprovechados (laboral y formativamente hablando) algunos años de tu juventud.
La traducción en vez de: “Como una bala perdida”. Iría mejor: “Como una piedra que rueda”

  Una vez todos con el cuerpo debidamente hidratado no esperaron a que saliera del trabajo el 6º hermano de Rebocato y su R-6 para regresar a nuestro pueblo castellanoviejo, sino que cogieron el coche de línea que iba dirección a la ciudad distante 4 Km. de nuestro pueblo castellanoviejo, y desde ella los 5 en un taxi llegaron al anochecer al pueblo para continuar con la fiesta patronal de San Antonio Bendito.

   Se apearon del taxi en la plaza de España y en el pueblo ya sabían (ni la KGB, oiga) que habían birlado la pieza de la cámara a la fotógrafa. Esta había llamado por teléfono al fotógrafo familiar y el hijo mayor de este – quinto de Rebocato– les dijo que la pieza de marras costaba unas 2.000 pesetas, que la devolvieran y aquí paz y después gloria.

   Ya no había remedio ya que, al andar de cubateo por los bares de la villa, el  que había distraído la pieza, cuando se cansó de juguetear con ella la dobló de mala manera y la tiró, ya inutilizada, al interior de un huerto de berzas, se ignora si cayó al pozo artesiano de dicho huerto.

  Continuaron con la fiesta y al día siguiente, ya con el sol bien arriba, Rebocato, con sus gafas de sol Ray–Ban de piloto, las mismas que usaban los niños peras de Serrano de entonces, volvió a la Capital para seguir laborando y estudiando. Ya en la carretera a la salida de nuestro pueblo castellanoviejo, contempló a la derecha la inmensa dehesa donde antaño pacían en ellas las bestias (cuadrúpedas, no los mozos) a partir de San Isidro Labrador y que después, ya en pleno  estío, se empleaba en forma de eras para las  labores de procesar, artesanalmente, la mies. 

    Atrás quedaba un resacoso “finde” para la historia, uno de tantos para Rebocato.

PD.- Rebocato y sus cuatro amigos tardaron un par de años en recibir la fotografía de marras, y es que la remilgada gente de "villa" no entiende el humor de la gente simple y llana de pueblo. Así no hay forma de limar asperezas. En fin, siempre hubo clases.


    HistoriasdeRebocato@abril-2018