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13 de enero de 2018

EL ACARREO

                          
                           
                                  EL ACARREO

      Uno de los diversos entretenimientos de los que disponía nuestro amigo Rebocato –con el fin de evitar el tedio en las largas vacaciones estivales en nuestro pueblo castellanoviejo– era el del acarreo, y no nos referimos al recurso mnemotécnico en una operación aritmética. 

     Mientras tanto, otros chicos de su edad (los menos) se dedicaban a tirar cantos a los tejados y a hacer alguna que otra maleza por el pueblo, cuyo casco urbano se encontraba cuasi abandonado al estar sus buenas gentes, mayormente, tirando de hoz por el campo, entre otros quehaceres veraniegos.

       El acarreo, en el estío, consistía  en trasladar, toda la mies (cebada, trigo, centeno, etc.) ya segada y atada, desde las tierras de labor hasta la era. Para ello se empleaba el carro, al cual se uncía la yunta pertinente de: machos, burros o bueyes, acorde de lo que dispusiera cada labriego. En el carro, para estos quehaceres, se colocaban en los tapiales laterales las estacas de acarrear, en las cuales se aseguraba la carga de haces. 

      Los haces se acarreaban a la era desde las diferentes tierras de labor (propias o arrendadas), en las cuales se había segado, previamente, la mies; se había engavillado y se habían atado los haces. Después estos se hacinaban en pequeñas hacinas de 10 unidades, desparramadas por toda la tierra. Se comenzaba con una base de 4 haces; a continuación, encima de esta, se colocaban 3 haces más; sobre estos 2 haces más, y se culminaba la hacina con un ultimo haz. Es decir, guardando las distancias, era como formar un "castell" humano pero sin peligro para los niños que lo culminan, aunque sí formaban la hacina Rebocato y sus hermanos que eran, mayormente, niños. Ya hubiera cambiado nuestro amigo el andar viajando haciendo  "castells" a estar tirando de hoz y haciendo hacinas.

       Para acarrear, normalmente, iban dos operarios. Una vez llegados a la tierra de labor, uno se quedaba a bordo del carro para recibir los haces y el otro pululaba de hacina en hacina (obviamente, el carro y los machos se movían, también), y con una orca, de dos gajos metálicos y largo mango de madera, pinchaba el haz y se lo alcanzaba al sujeto del carro para que lo colocara. Había que distribuir bien los haces a lo largo, ancho y alto del carro, con el fin de cargar lo máximo posible, dentro de un orden, claro. Aquí ya entraba en juego la habilidad y experiencia laboral de cada labriego. 

       El ubicar bien los haces en el carro no era tarea baladí, ya que, en caso de que no se colocaran como Dios manda, o mandaba, existía el riesgo de que en el regreso –desde la tierra donde estaban los haces hacinados, hasta llegar a la era para hacinarlos de nuevo– con el traqueteo del carro, los haces se vinieran abajo y eso sería el hazmerreír del labriego afectado, a costa de todas las gentes del pueblo (era una manera de motivar para llevar a cabo la obra bien hecha); por ello los haces debían de situarse perfectamente, primero en la base del carro –entre los tapiales– luego entre las estacas y culminar debidamente la carga para, después, atarla bien a la estructura del carro con las sogas carreteras pertinentes.





Pie de foto.- Hete aquí un carro, de ruedas de llanta, cargado hasta los topes. Ahí sobra un operario, ya que, para acarrear, con dos personas basta. A no ser que se hayan encontrado con un vecino y estén pegando un rato la hebra. De todas formas, el que está encima de los machos tiene una pose de chica de calendario –de los de antes– que no se lame.

     Cierto día de verano Rebocato (calzando unos 12 años en canal) acompañó a acarrear algarrobas (nos referimos a la planta herbácea, no al fruto del algarrobo que no se da por nuestro pueblo castellanoviejo y, dicho sea de paso, ni se le echaba de menos, bastantes quehaceres cosecheros concurrían ya por aquellos lares) a nuestro labriego castellanoviejo. Se dirigieron, ambos, montados en el carro del cual tiraban, uncidos, los simpar Terevinto y Cutepla, a una tierra de labor sita en el lugar del término municipal llamado “Matamujeres” (hace 50 años aún no se hablaba de la violencia de género aunque, lamentablemente, puede que ya existiera y quizás exista desde el origen de la humanidad).

    Ya llegados a la tierra, Rebocato se quedó encima del carro y nuestro labriego castellanoviejo –armado con la mentada horca metálica de dos gajos, dotada a su vez, de largo mango de madera– le acercaba las trascoladas de algarrobas para que nuestro amigo –bajo la supervisión de aquel– las fuera distribuyendo de forma aparente y, de paso, pisarlas con el fin de cargar lo máximo posible.

       La idea era hacer dos viajes, pero se fueron animando y animando –tanto el cargador como el colocador– teniendo como consecuencia que, para no dejar unas pocas trascoladas de algarrobas en la tierra, nuestro labriego optó por arriesgarse y cargarlas todas. De esa manera se ahorraban un viaje. Rebocato en lo todo lo alto del carro –este ya lleno de algarrobas– casi tocaba el cielo, recibiendo un sol de justicia que trataba de aplacar, tocado, con su clásico sombrero de paja veraniego, este provisto de barcillera (sic), por si los vientos..

    Una vez trascoladas todas las trascoladas, ataron la carga con las sogas carreteras a la estructura del carro. Luego, estando todo atado y bien atado, nuestro labriego, limpiándose el sudor de la frente con su moquero a cuadros, dijo a Rebocato:

    –Hemos preparado una carretada que no se la salta un gitano con alpargatas nuevas (dicho sea esto sin ánimo de menoscabo a los integrantes de la raza calé, que conste).

      Y, acto seguido, le pregunto si se quería quedar en lo alto del carro echado placidamente sobre el colchón de la carga. Rebocato dudó pero finalmente, con cierto temor, se bajó descolgándose por una de las sogas carreteras. Ya en tierra firme, se puso al lado del lateral del carro donde se proyectaba algo de sombra (era mediodia), y con nuestro labriego situado al lado de Terevinto, emprendieron el regreso al pueblo camino hacia la era donde descargarían las algarrobas para su posterior trilla. 
    
     Cuando ya habían recorrido un buen trecho, aconteció que una de las dos ruedas del carro topó contra un mojón de la linde de dos tierras centeneras, teniendo como consecuencia que la rueda se elevó a causa del choque y, como el centro de gravedad del carro era muy alto debido a su voluminosa carga, tuvo como resultado que volcara (el carro, no el centro de gravedad aunque este pasó a cambiar de sitio). 

     Los hados quisieron que cayera del lado en el que no estaba Rebocato, pues, este, se encontraba al otro lado del carro protegiéndose del sol de justicia que imperaba a mediodía en aquel tiempo y lugar de la Meseta (para que luego le vengan diciendo a nuestro amigo que el tomar el sol es beneficioso para la salud). Ni con protector50+ solar se hubiera salvado de acabar perniquebrado e incluso presentarse, antes de lo aparentemente previsto, ante el Can Cerbero de Hades (mitología griega) o acabar dentro de las calderas de Pedro Botero (diablo cocinero de pecadores, este mucho más cercano a nuestra mitología o creencias).

     El carro quedó volcado lateralmente en tierra y los machos de aquella manera, de forma que nuestro labriego, azaroso y sin blasfemar –él no tiraba de eso, ni tan siquiera de tacos, lo máximo que soltaba era un: “Me cago en tu ato” o “Me cago en tal”– trataba de desatar las colleras, para liberar a las bestias de la asfixia del yugo del carro donde iban uncidos, y después de los ventriles que les sujetaban a la vara del carro.

     Mientras tanto, Rebocato, permanecía impertérrito, sin apenas reaccionar y con un susto en el cuerpo de la órdiga, ya que pensaba que si el carro hubiera caído hacia el lado donde él iba andando aprovechando la sombra que proyectaban el carro y su descomunal carga, pues que lo mismo no lo hubiera contado.

    No hubo abrazos entre padre e hijo, ni otras pamplinas, ni zalamerías que ahora no vienen a cuento y que suelen aparecer, hoy en día, en las películas ante una situación de ese calibre. Al contrario, la dura vida continuaba y nuestro labriego, una vez que liberó a Terevinto y Cutepla le ordenó (no sacerdote) a nuestro amigo:

     –Arrea para el pueblo y di a los tíos que vengan a ayudarme para levantar el carro. Corre ligero y no tardes.

     Rebocato cogió el pendingue y salió arreando brisca. Ni tan siquiera le dijo a su padre si podía montar en un macho. De todas formas el pueblo no quedaba tan lejos y montar a pelo, sin aparejo alguno cual guerrero de la Gran Pradera norteamericana, no le seducia en demasía, mas que nada por no clavarse la raspa (espinazo) del macho en el trasero. Aparte, nuestro amigo, no era mucho de cabalgar sobre mulos, ya que, por naturaleza, son un tanto falsos y asustadizos, y podía acabar dando con sus huesos en tierra como ya le había ocurrido alguna vez que otra. Disfrutaba más subiendo en burro/a, donde va a parar.

     Aunque nuestro amigo corría –tal como se decía por aquellos lugares al ver galopar a un macho– al cuatropies y echando el bofe, su corazón, a pesar de la loca carrera, poco a poco iba bajando de palpitaciones.

    Se me va yendo el canguelo, rumió para sus adentros. 

    Al rato, con un cierto alivio, empezó a vislumbrar la torre de la iglesia de nuestro pueblo castellanoviejo. 

PD.- No sabemos si el gitano –como dijo nuestro labriego castellanoviejo– hubiera saltado el carro lleno hasta los topes de trascoladas de algarrobas; pero Rebocato, ese mediodía, corrió con zapatillas viejas hasta el pueblo como un galgo, aunque sin tanganillo, claro.


            HistoriasdeRebocato@enero-2018

10 de noviembre de 2017

USTED NO ES JAPONESA

              
                    
                    USTED NO ES JAPONESA

   Allá por el año 2014, levantose, un domingo de una bonita y fresca mañana de febrero, nuestro amigo Rebocato. Trajinaba con su físico un tanto resacoso, ello a causa de haber estado la noche anterior de cena y jarana –mayormente impuestas– confraternizando, socialmente hablando, ya que él no es muy dado a andar metido en parrandas que acarrean futuros despertares un tanto complicados, debido a la falta de reacción favorable de su ya, entonces, castigado cuerpo, contradiciendo –físicamente hablando– lo que le acontecía, años atrás, cuando era un veinteañero.

      Después de un frugal desayuno en forma de ingesta de las clásicas galletas redondas de marca “María Fontaneda”, acompañadas, estas, de un vaso de simple manzanilla (de infusión, no nos referimos al vino blanco y seco que se cría y elabora, exclusivamente, en Sanlúcar de Barrameda). Nada tenia que ver aquello, con sus desayunos de verdad, cuando era soltero y residía en la Capital del Reino y donde al levantarse a las tantas los fines de semana, su segunda hermana, que ejercía a su vez de segunda madre, me le disponía, en un plato, una tortilla francesa y un tomate partido en dos, acompañado de un tercio de cerveza Mahou, con el fin de ir asentando el epigastrio.


     Una vez desayunado –en aquella mañana del mes en que, antaño, los romanos le tenían bajo la protección de Neptuno (a febrero, no a Rebocato)–, se enfiló, a través del pasillo, con su rumboso cuerpo –aunque un tanto perjudicado– desde el comedor hasta la salita donde se encontraba su ordenador de sobremesa, con el fin de leer los periódicos digitales, empezando por el de tirada local, mas que nada por si los excesos etílicos habían derivado en alguna pelea callejera –la pasada madrugada– de la que se hiciera eco la mencionada prensa local y que él no recordara en esos momentos.

    En uno de los diarios, de tirada nacional, en el apartado de Comunidad Autónoma, encontrose nuestro amigo con una noticia en pantalla que le llamó poderosamente la atención. La mencionada noticia en sí, relataba el rifirrafe, en la mañana del día anterior, entre una Diputada de las Cortes Valencianas con un número de la Guardia Civil, acontecido en un centro oficial de la capital de provincia ubicada en lo todo lo alto de la Comunidad Valenciana.

PD.- [Aquí, viene a cuento el recordar la entrada de fecha 31/05/2014 –de este mismo blog– la cual lleva por titulo: “Los motoristas” –perdón por la autopublicidad–, donde se relata el intercambio de impresiones que mantuvo Rebocato en la cuneta de la carretera comarcal de nuestro pueblo castellanoviejo, cuasi a pie de rastrojo, con un motorista de Tráfico de la Guardia Civil, donde nuestro amigo, asesorado por un hermano suyo mas mayor –este hoz en mano, decir que Rebocato ni sabia entonces que ya existía un himno en Cataluña con titulo: Els Segadors, canción que estos días arrasa por toda Cataluña– mantuvo el tipo, de aquella manera, a la ya madura edad de 11 años y pico, en canal ].

    Hete aquí el articulo que leyó Rebocato en el diario digital  El País, en el día de autos (no nos referimos a los famosos dibujos animados  "autos locos" donde aparecían: Pierre Nodoyuna, su simpático perro Patán, Penélope Glamour, etc. ya que, aún, faltaban dos años para que los estrenara en Televisión Española la productora Hanna-Barbera):


EL PÁIS

Albiol denuncia que un guardia no la atendió en valenciano

Valencia 1 FEB 2014 -
La diputada de Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) en las Cortes Valencianas Marina Albiol anunció este sábado que presentará una queja ante la Subdelegación del Gobierno en Castellón por un incidente ocurrido el pasado viernes, cuando iba a presentar unos documentos ante esa institución. La parlamentaria considera que sufrió “una clara discriminación” cuando un agente de la Guardia Civil le insistió en que hablara en castellano porque no entendía el valenciano.
En un comunicado, Albiol señaló que los hechos ocurrieron en la sede de la Subdelegación del Gobierno en Castellón, cuando comunicó a un agente que se dirigía al Registro, con la intención de presentar alegaciones de su coalición a las prospecciones petrolíferas cerca del paraje de las islas Columbretes. El guardia, según la parlamentaria de EUPV, respondió que no la entendía y que “hablara en castellano”.

“Me respondió que no me entendía y que le hablara en castellano. Yo se lo repetí en valenciano, más despacio, pero él insistió en que lo hiciera en castellano”, explicó la diputada. A su juicio, esta situación “no puede repetirse continuamente como desgraciadamente ocurre”. Por ello, Albiol anunció que presentará una queja ante la Subdelegación del Gobierno.
“Tenemos derecho a expresarnos en nuestra lengua y a que nos entiendan en la Administración”, señaló. La diputada lamentó que “estas agresiones a los valencianohablantes son frecuentes y las padecen cada día un gran número de valencianos”.
“No hay que callar”
“No tenemos de callarnos”, recalcó Albiol. “No puede ser que nos sintamos como el personaje del Tio Canya”. En este sentido, recordó que el valenciano es una lengua oficial “y eso quiere decir que es la lengua de las administraciones y las instituciones, y estas la tienen que tener como vehículo normal de comunicación”.
La parlamentaria de Esquerra Unida añadió que los ciudadanos han de poder usar el valenciano y que les respondan en esa lengua cuando realizan trámites con las instituciones públicas. En el caso que generó su queja el agente ni siquiera la entendía, por lo que quiso que la parlamentaria cambiara de lengua. “Es muy triste tener que recordar esto continuamente”, concluyó la diputada.

EL PÁIS 1 febrero 2014.

         Se puede comprobar la noticia en el enlace:


   Rebocato, al leer esta noticia, pensaba que, aún, se encontraba en los brazos –mayormente etílicos, esa noche– de Morfeo, no obstante, logró recuperarse ante el shock que le produjo tamaña "ignominia" (que diría el otro) de la Diputada ante el Agente (a todas luces, no poliglota) de la Benemérita (cuyo popular mote, de esta, se remonta a 1929, tras recibir, el cuerpo de la Guardia Civil,  la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia) y continuó leyendo.

   En el mismo diario, nuestro resacoso amigo mañanero, leyó también, otra noticia que le hizo campanilleo, la cual consistía en un articulo que, firmado por el futbolista Xavi Hernández (considerado por Rebocato como el mejor jugador español habido nunca jamás –ahora que no le oyen sus amigos del Barça–), iba dirigido al entrenador Luis Aragonés (alias “El zapatones” o “El sabio de Hortaleza”  –valga la incongruencia–) fallecido en la madrugada del viernes al sábado de ese mismo fin de semana, y que llevaba por titulo: “Mister, nunca fuimos japoneses”) Este era el articulo en cuestión:

EL PAÍS
Míster, nunca fuimos japoneses
“Usted no es japonés, usted me entiende lo que le digo”. Me dijo una noche. Le estoy viendo, en la habitación de un hotel y sé que le echaré de menos. Mucho. Porque yo a Luis Aragonés le quería mucho. Y con Luis hablé mucho.
Sabía que no estaba fino, pero nunca pensé que tenía algo tan grave, que se iba a ir tan pronto, tan rápido, de esta manera. “Estoy bien, estoy bien”, me decía cuando le preguntaba. Hablaba de vez en cuando con él, porque para mí siempre, desde el día que le conocí, fue un referente absoluto. Supongo que es el entrenador con el que más horas he pasado hablando de fútbol. Subía a la habitación y hablábamos horas, a veces del estilo “esa es la clave, Xavi, saber a qué queremos jugar”, siempre de la importancia de juntar a los buenos en el campo y también de lo importante que era no tener miedo a nadie, a ningún equipo, por mucho que corran más. “Usted y yo sabemos que la pelota corre más que ellos. Y que la tocamos mejor que ellos”, me dijo. De Luis tengo los mejores recuerdos de una charla, de un encuentro por los pasillos, de una aparición en el comedor, porque siempre te dejaba algo. Y siempre tenía razón, siempre.
Luis es fundamental en mi carrera y en la historia de La Roja. Sin él, nada hubiera sido lo mismo, imposible. Con él empezó todo
Luis iba de cara; te miraba en el entrenamiento, se acercaba y te decía: “Usted está haciendo el jeta, ha venido a entrenarse y no le veo. ¡A mí no me gustan los jetas!”. Y se iba. Luis nunca engañaba, iba de cara. “Tú no juegas porque has dado pena esta semana”, “¿Estás cansado o qué?”, “Hoy has estado fantástico, esta semana lo vas a bordar”. “¿Se cree que yo me chupo el dedo, que soy gilipollas?” Así era Luis, cercano, de verdad.
El otro día recordé una anécdota de la primera vez que me convocó para la selección. No me había llamado a la primera convocatoria y en septiembre, nada más llegar, me estaba esperando. “¿Qué pensaba usted? ¿Que el hijo de puta del viejo no lo iba a traer, eh?”. Y yo, acojonado, le dije: “No, no, en ningún momento he pensado algo así, míster”. Y él, puro Luis, me dijo: “Sí, sí, sí, a mí me va a engañar. Venga, para arriba y ya hablaremos”. Y hablamos ese día y mil horas.
Luis es fundamental en mi carrera y en la historia de La Roja. Sin él, nada hubiera sido lo mismo, imposible. Con él empezó todo, porque nos juntó a los pequeños, Iniesta, Cazorla, Cesc, Silva, Villa... Con Luis hicimos la revolución, cambiamos la furia por el balón y le demostramos al mundo que se puede ganar jugando bien. Si no ganamos la Eurocopa no hubiéramos ganado el Mundial, claro que en ese sentido, fue fundamental la llegada de Del Bosque, otro fenómeno.
Con Luis hicimos la revolución, cambiamos la furia por el balón y le demostramos al mundo que se puede ganar jugando bien
A Luis le dieron mucha caña pero fue él quien marcó el camino, quien le dio a España el estilo que tiene hoy. En eso, siempre coincidimos. Fue Luis quien vio lo que había y apostó por bajitos. “Voy a poner a los buenos, porque son tan buenos que vamos a ganar la Eurocopa”. Y la ganamos. Fue inteligente y muy valiente.
En lo personal, Luis me hizo sentir importante cuando mi autoestima era un desastre. Me dio el mando de la selección cuando no lo tenía ni en el Barça. “Aquí manda usted”, me dijo, “y que me critiquen a mí”. Decidí devolverle la confianza en el campo. Si fui elegido el mejor jugador de la Eurocopa fue por él, aunque él siempre me lo negaba. Conmigo tuvo detalles inolvidables. A Alemania no llegué bien, pero me esperó. Venía a verme a Barcelona, preocupado por mi rodilla. Vino Paredes [preparador físico] a subir a La Mola mientras me recuperaba... Luis me llamaba cada dos por tres. “Apriete Xavi, no se duerma que le espero”.
La palabra fútbol en el diccionario tendría que llevar al lado la foto de Luis. Luis es el fútbol hecho hombre, el fútbol hecho persona.
Hasta siempre, mister. Y gracias por todo. Y que lo sepa: usted y yo nunca fuimos japoneses.


Este articulo de Xavi se puede comprobar en el enlace:

   Basándose en esas dos noticias (una sobre la disputa de la Diputada con el Guardia Civil y la otra con el adiós a Luis Aragonés por Xavi Hernández) Rebocato decidió escribir una carta dirigida a los periódicos.

   Púsose, pues, manos a la obra, y escribió las misivas. Después, esa misma mañana, las envió por correo electrónico, tanto al periódico local El Mediterráneo, como al diario El País, a la sección de Cartas al Director de ambos diarios.


     Resultando que El País publicó la carta con fecha de 5 de febrero de 2017:




Pie de pasquín.- El articulo figura firmado con el seudónimo de “Daniel San Felipe” en lugar de "Rebocato", con el fin de borrar pistas en la Capital del Reino, donde residió en su juventud y con ello evitar reclamaciones sobre alguna barrabasada que ocasionara, en dicha Capital, en sus años mozos, cuando anduvo cencerreando por allí quemando (es un decir) discotecas y pubs de moda, e imbuido en una espiral  política, un tanto radical, que le acarreó algún que otro daño colateral y que en dos ocasiones tuvo posibilidades de haber acabado viajando, al más allá, en la barca de Caronte el barquero y sin pastillas para el mareo.


     Carta de Rebocato publicada en el periódico El Mediterráneo el día 7 de noviembre de 2017, con titulo: “Usted no es japonesa”:




     A pesar de que nuestro amigo envió en la misma fecha (día 2 de febrero) ambas cartas a los dos diarios, El País la publicó al miércoles siguiente (5 de febrero), en cambio El Mediterráneo no lo hizo hasta el siguiente viernes (7 de febrero). Lo cual viene a demostrar que es una de las ventajas que tiene el disponer de Autonomía, gracias a lo cual, se agilizan los tramites locales, respecto a la maquinaria del poder central que todo lo burocratiza y ralentiza, es un decir, claro.

     En fin, paradojas de la vida, un madrileño (Luis Aragonés) se entendía (en el buen sentido de la palabra) perfectamente con un catalán (Xavi Hernández) y, en cambio, una funcionaria  (Diputada, elegida con los votos de ciudadanos bilingües y con el agravante de saber castellano) es incapaz de entenderse con un ciudadano, Guardia Civil de a pie, que supuestamente no sabe catalán.

     Al sentir de Rebocato, todo esto se solucionaría si todos los funcionarios de este País dominaran perfectamente (nivel “C1” como piden algunos dirigentes "indes" de Cataluña –por ejemplo el juez y senador de ERC  Santiago Vidal– a los funcionarios para que puedan quedarse allí cuando llegue su República) todas la lenguas habidas y por haber de la Piel de Toro (obviemos, obviamente, el idioma Portugués)  a saber: El Catalán, el Euskera, el Gallego, el Castellano, el Aranés, el asturleonés o Bable, el Navarro-Aragonés, el andaluz, el Tamazight de Ceuta y Melilla, la Fala extremeña, el Catalán de la Franja, el Caló, la Gaceria, el Ladino (por si retornan los judíos expulsados), el Mozárabe…., y no sabemos si nos dejamos alguno en el teclado del ordenador (lo del tintero quedó atrás).

    Y si no es posible que lo aprendan todos los funcionarios de este País, al menos que las Fuerzas del Orden dominen todas ellas, con el fin de que, si hay que aplicar el articulo 155 de nuestra Constitución en alguna que otra Comunidad Autónoma (como se ha hecho recientemente en Cataluña, tendremos que medir a todas con la misma vara), se eviten malentendidos de dichas Fuerzas –ante posibles traslados temporales, en vehículos o en el el crucero de Piolín, caso de que tenga mar la Comunidad Autónoma díscola– con los autóctonos de la Comunidad Autónoma donde toque aplicar el articulo mencionado. Sin discriminación alguna.   




      Pie de fotos.- El Piolín en el puerto de Barcelona. A la izquierda tal y como llegó a buen puerto, y a la derecha ya camuflado después del pitorreo generalizado que generaron los dibujos de la Warner, tanto en Barcelona como en el resto del País. Para más INRI, sus ocupantes no disfrutaron de demasiadas comodidades en el interior del barco, ya que, tocaban a menos metros cuadrados por cabeza que los políticos presos y mangantes de la Gurtel en la cárcel de Soto del Real.

     Que gratificante y culto sería el recuperar todas nuestras lenguas (excepto las viperinas, las cuales están bien arraigadas y no desaparecerán nunca jamás) y que todos las aprendieramos, aunque en este caso, Rebocato y su innata desidia castellanovieja, se apuntan al dicho sabido de los ingleses: “No tengo necesidad de aprender idiomas ya que, allá donde viaje, alguien va a saber inglés”. El problema nuestro es que, si viajas, con el castellano de andar por casa, a una Comunidad Autóctona bilingüe de por aquí y no sabes la lengua autóctona que impera una vez llegado allí, no te vas a poder comunicar con determinados lugareños, caso de que que ellos no quieren hablarte en castellano (y menos en español). Lo que viene a demostrar que resulta sociable, bonito, y práctico, el saber idiomas. ¡Ale! Ya tardáis: "arreando para la escuela de idiomas".


          HistoriasdeRebocato@noviembre-2017


                

16 de octubre de 2017

DELIBES Y REBOCATO

                   


                                     DELIBES Y REBOCATO


         LA LLAMADA:

        La frase se oyó perfectamente en la cocina, donde Rebocato, y alguno de sus hermanos esperaban para desayunar –antes de ir a la escuela– las típicas sopas de ajo –con poca sustancia– sentados alrededor de la lumbre baja de la cocina, donde, a su vez, también se cocían, en un caldero aparte, las patatas gorrineras para los marranos. La orden partía desde la sala donde nuestro labriego castellanoviejo se proveía de unas cuantas monedas de la hucha rectangular metálica sita en el cajón bajero del armario de lunas que contenía los ropajes de domingo y fiestas de guardar y que imperaba en la pared del fondo de la sala.

       –“Rebocato, toma (por las monedas) y vete al estanco y compra un paquete de tabaco picado y un librillo de liar marca ZIG–ZAG”.

      En aquellos años “gloriosos”, en el pasado siglo ya mediados los años sesenta (y antes también), nuestro labriego mandaba a alguno de sus hijos pequeños –el que se encontrara, más a mano, incordiando por la casa– a por tabaco al estanco de nuestro pueblo castellanoviejo. Nuetro labriego empezó´a fumar con los 30 ya cumplidos durante la Guerra Civil, precisamente cuando empezaron a racionarlo, y se fumaba su ración y la de su suegro.

        Rebocato, al oír el mandato, abandonó su banqueta (nada que ver con la de los actuales diputados del Congreso de Diputados) y saliendo de la cocina se encaminó a través del largo portal de la casa, hasta la sala donde le esperaba impertérrito, monedas en mano, nuestro labriego castellanoviejo y balbuceó aquel:

        –¿ZIG qué…..?

      El hijo no había entendido bien la mentada marca del librillo o, bien se hizo el tonto, para ver si así se evitaba el paseo y el recado recaía en otro de los hermanos.

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         DON MIGUEL:

       Algunos años después de esa situación, Rebocato, ya tratando de pulirse en la Capital del todavía no Reino, comenzó a leer a Miguel Delibes cuando cursaba COU (Rebocato, no Delibes) y ello fue posible gracias a su profesora de literatura, la cual era bastante joven (aunque algo menos que Rebocato en aquel tiempo y lugar donde se encontraban ambos entonces) y estaba (la profe) bastante potable (que se solía decir entonces, o antes de entonces, o después de entonces, o vaya usted a saber) y llevaba (la profesora) unas gafas provistas de grandes cristales redondos (se supone que como su cara era, también, bastante redonda de esa manera la disimulaba) tipo azafata del popular programa de TV: “Un, dos, tres…” Ella mandó leer, a lo largo del curso, a sus alumnos, entre otras, dos novelas de don Miguel,  con el fin de que hicieran comentarios de texto, a saber: “Cinco horas con Mario”  -que protervas son algunas mujeres a ciertas edades- y “La hoja roja” (esta novela se encontraba en la pequeña librería de la segunda hermana de Rebocato que, a su vez, ejerció como segunda madre de él desde los 13 años de nuestro amigo hasta que este se emancipó totalmente. El libro pertenecía a la colección Biblioteca Básica Salvat–RTV).




                       Pie de foto.- La novela de La hoja Roja de Miguel Delibes perteneciente a la librería de la segunda hermana (y segunda madre en funciones) de Rebocat).

         Rebocato, mientras leía esta novela, se acordaba de su padre -del de él, no del de la profesora- por lo del librillo de papel de fumar que recibía por nombre: “Zig-zag” , y que gastaba su padre para liar la picadura –de tabaco, no de “chínfano”–. Reseñar que cuando las hojas del librillo para liar los cigarros estaba próximo a acabarse aparecía una hoja roja que avisaba de que solo quedaban ya un par de hojas y por lo tanto habría que ir pensando en comprar otro y el protagonista de la novela –el funcionario jubilado Eloy– compara el final de las hojas del librillo con la cercanía de la muerte, tal como relata Delibes:

         El viejo Eloy dijo a la Desi (su joven criada) al proponerle matrimonio de convivencia:

      «Tendrás estorbo por poco tiempo, hija. A mí me ha salido ya la hoja roja en el librillo de papel de fumar».


        Aquel curso, para Rebocato y para muchos de sus compañeros de clase (nos referimos a los de aula, no a la clase social de cada cual), fue un salto cualitativo y cuantitativo (vamos, como indican los prospectos de los medicamentos) en lo referente a la enseñanza, además de una novedad gratificante. En dicho curso se introdujeron cambios considerables en el centro educativo –donde, prácticamente, se formó Rebocato– ya que, por vez primera empezose a impartir COU, y al curso siguiente se comenzó a impartir Ingeniería Técnica Industrial. Decir que, los hasta entonces profesores del centro educativo en su mayoría militares y religiosos salesianos, no entraron en los planes de dar clases de COU (para ello ingresaron nuevos docentes) y, lo más novedoso, por vez primera en el centro de estudios, aparte de profesoras, se admitieron alumnas, no muchas y mezcladas en las aulas con el alumnado varonil, algo solo visto por Rebocato –a lo largo de su formación educativa– cuando ingresó, con 5 años en canal, en el aula de párvulos en la  escuela nacional de nuestro pueblocastellanoviejo. Para nuestro amigo aquello fue como un incordio debido a que en su vida de estudiante, desde párvulos hasta COU, nunca se había visto en una situación así, su concentración didáctica no era la misma que en los cursos anteriores a causa de la presencia de féminas.

      Rebocato cuando llegó procedente del pueblo a la capital para tratar de formarse, empleaba al hablar palabras de su lugar de origen, palabras por otra parte no muy conocidas por sus compañeros de curso de la capital, lo cual daba lugar a que, a veces, alguno le tachara de paleto. Debido a esto fue guardándose de emplear ciertas palabras con el fin de no desentonar y evitar la sensación del posible ridiculo. Pasados los años y cuando, como hemos anunciado, empezó a leer a Delibes se percató de que este escritor utilizaba algunas de las palabras que él se fue dejando por el camino con el fin de, según creía él, pulirse, incluso en los tiempos actuales si emplea esas palabras de antaño, sufre algún que otro  reproche por parte de su contraria que le suelta, mas o menos: “Hablas como los abuelos”.

       Con el trascurrir de los años Rebocato llegó a leerse, prácticamente, todas las novelas de Delibes (a otros les da por doblar esquinas). Hasta haciendo el Servicio Militar, en la biblioteca del cuartel, encontró y leyó un par de sus libros: “La sombra del ciprés es alargada” (dicen los expertos que le sobran unas 200 páginas, las que relatan el paso del protagonista por America como marino) y “Las ratas” (en el pueblo castellanoviejo de marras –como en tantos otros de los alrededores-, antaño, también había personas que las consumían esporádicamente, lo mismo hacían con los lagartos y con algunas culebras (decían que, al consumir estas, curaban los diviesos), más que nada para cambiar de ritmo culinario y salir de la monotonía del cocido de los días laborables. El conseguir proteínas para el cuerpo estaba crudo en aquellos tiempos, excepto en la época estival con las pertinentes labores campestres que era cuando se daba buena cuenta de la matanza guardad en las ollas con lomo, costillas y chorizos en adobo y los pertinentes jamones colgados, con lo que se cubría la demanda de acumular proteínas en los raquíticos cuerpos ante tamaño esfuerzo requerido en dichos quehaceres, aparentemente tan lúdicos para los señoritingos madrileños visitantes en el estío.

     En la novela “El Camino” (no confundir con “Camino” de Monseñor Escrivá de Balaguer, actualmente ya Santo) Rebocato se identifica con Daniel “el mochuelo” el cual también emigra de zagal desde su pueblo a la ciudad a estudiar con el fin de pulirse y progresar en el futuro.

    La novela “Mi idolatrado hijo Sisi” (con un final en forma de canto antibelicista) se retrató en la película: “Retrato de familia”.

      En fin, Rebocato, continuó devorando novelas y escritos de Delibes hasta finalizar con “El hereje”, la última y gran novela del escritor, la cual, tiene un capitulo inicial (El viaje) un tanto complejo al sentir de Rebocato respecto a la forma de escribir y fácil de entender de Delibes, y dicen los expertos que, las nuevas generaciones (no solo las del PP) al leer sus novelas –caso de que lo hagan– necesitarán tirar del DRAE para comprender muchas de las palabras utilizadas en ellas, porque actualmente están prácticamente en desuso en el lenguaje coloquial de la calle.. Continuando con la lectura de “El hereje” todo se enhebra en la narración de como era la vida de los llamados herejes (protestantes) en la España del siglo XVI, cuando empezamos a mandar en el mundo y seguimos lideres durante dos siglos seguidos.

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                ZIG-ZAG

            Pero dejémonos de zalamerías, que no viene a cuento, y volvamos a nuestro amigo Rebocato, ya llegado hasta la sala y delante de su severo ascendiente, donde le dejamos antes con la frase en la boca:

            –¿ZIG qué…..?

         –Nuestro labriego a la segunda pregunta del potencial mandado de cómo se llamaba el librillo le cruzó la cara con dos guantazos –en plan soplamocos– a la vez que le repetía: “Zig - zag”.



    Pie de foto.- El librillo de papel de fumar de marras, del cual era fiel devoto consumidor nuestro labriego castellanoviejo.


      Mano santa, nunca jamás se le volvió a olvidar el nombre del producto al cruzado de cara. Rebocato, con las orejas calientes, cogió las monedas que le tendía el labriego, abrió el portón bajero de entrada de la casa (en este caso de salida), salió a la plaza, y ligero de equipaje (cual don Antonio Machado, guardando las distancias, claro) tomó el pendingue hacia la calle Nueva camino del estanco, con las perras bien apretadas en su mano diestra porque, sabía que, caso de perderlas, y sin llevara casa el encargo, sufriría otro cruce de cara.


PD.- Casi mejor que le concedieran el Premio Nobel de Literatura al Camilo José Cela, en lugar de a don Miguel Delibes (caso de que ello hubiera sido posible), ya que de esa manera nos evitamos la apócrifa Tercera Guerra Mundial, fomentada por el defensor de la siesta de pijama y orinal, por la no concesión del Premio a su propia obra.

   
         HistoriasdeRebocato@octubre-2017