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28 de enero de 2015

REBOCATO Y LAS BREVAS


                


                    REBOCATO Y LAS BREVAS


Mateo 21:19
Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: Nunca jamás brote fruto de ti. Y al instante se secó la higuera.

(Suerte tuvo Jesús a que, en aquel tiempo, parece ser que no existía autoridad forestal alguna que persiguiera este tipo de agresiones, ni tan siquiera ecologistas declarados, ni tal estrago estaba tipificado como delito).


El abuelo materno de Rebocato disponía de tres hermosas higueras biferas, plantadas en una de las cercas de las que disponía dentro del casco urbano de nuestro pueblo castellanoviejo.


Las higueras hallábanse bien hincadas y al abrigaño de las paredes de las casas colindantes a la cerca, con la intención de que no sufrieran los efectos de las recias heladas que caían –y siguen cayendo, aunque no como antaño, donde va a parar– por aquellos andurriales. Que no nos vengan los eruditos a la violeta (que diría José Cadalso) en el asunto de las higueras, con la dichosa cantinela de que la primera cosecha (Las brevas) es a principios de verano y que la segunda (los higos) maduran a principios de septiembre, porque Rebocato siempre comía brevas –caso de que las higueras fueran respetadas por los helazos (sic) y de que su abuelo le diera  alguna– a mediados del mes de agosto; y los higos entraban en la edad de merecer, Dios mediante, en el mes de octubre. Si helaba recio, o si su abuelo (el de Rebocato, no el de Dios que no se le conoce, que sepamos) se adelantaba a cogerlos, no los cataba.

        Según contaba nuestro labriego castellanoviejo (progenitor de Rebocato y de otros muchos más, pero sin llegar a los 17 del coronel Aureliano Buendía) la higuera da dos cosechas al año (brevas por la Virgen de Agosto e higos en octubre, al menos en nuestro pueblo castellanoviejo que se encuentra ubicado a la nada desdeñable altitud de 927 m., aunque lejos de los fatídicos ochomiles donde muere tanta gente tratando de matar el tiempo –escaladores y aventureros sin otra cosa en que entretenerse– o por trabajo –sherpas-. Como dijo alguien: “Estamos tan tontos que lo próximo será escalar todos los ochomiles de espaldas”) y ello (lo de las dos cosechas al año de la higuera) según el padre de Rebocato, era debido a que el Sumo Hacedor, después del diluvio universal, le preguntó a Noé que qué planta le gustaría que diera dos cosechas de fruto al año. A Noé (que según qué Biblia fue el único hombre que quedó vivo después del diluvio) sus hijas le emborracharon, tras la gran llovida, a base de vino (no había otra cosa más aparente a mano, debido a que aún no había llegado la actual tontuna del Gin–tonic perfecto), con el fin de acostarse con él y tratar de procrear para que no  desapareciera la especie humana; y entonces, a causa de la cogorza y lo que aconteció después, es decir, las relaciones incestuosas consentidas (Yahvé todo lo ve) le dio vergüenza el decir que fuera la vid la afortunada planta y se decantó (a pesar de tanto decantar en su estómago) por la higuera. 

       Señalar que Noé no era ansioso ya que cultivaba la tierra y aunque él después del diluvio universal ya tenía una viña plantada se decidió por la higuera. 

     Noé, a pesar de que no lo tenía fácil por la carencia de tabernas en su entorno o hábitat natural, volvió a emborracharse al menos otra vez más y se quedó en pelota picada en su tienda (que no era de vinos sino tipo de campaña) su hijo Cam le vio y le hizo gracia el estado en el que se hallaba su padre por lo que llamó a sus hermanos Sem y Jafet para que se divirtieran ellos también al verle, pero estos dos, sin mirar al padre, le cubrieron con ropajes y no se rieron, con lo que el Cam quedó en mal lugar, de hecho a raíz de este suceso, nació la maldición de Cam y sus descendientes fueron los posteriores negros del África, que no sabemos muy bien que culpa tendrían estos negritos del África tropical y alrededores, de las risas de su progenitor.

      Estos hechos y muchos más los leyó nuestro labriego castellanoviejo en una vieja y ¿rara? Biblia, encuadernada con pastas de cuero repujado, y que obraba en posesión de sus suegros y que un buen día cayó en manos de un nuevo cura del pueblo y al leerla se escandalizó tanto que ordenó a la abuela de Rebocato que la quemara, cosa que cumplió la mujer metiéndola en el horno de cocer el pan, más o menos como haría con otros libros, años después, para encender la chimenea el detective Pepe Carvalho en las novelas de la serie Carvalho escritas por el gran Manuel Vázquez Montalbán.

Recalcar que estos acaeceres bíblicos solo acontecen de higos a brevas (como alude el J. Sabina en su canción: “Como te digo una co, te digo la o”) aunque la quema de libros, desgraciadamente, ha sido mucho más habitual de lo que quisiéramos a lo largo de nuestra historia escrita y nuestro Dios no solo tuvo que crear a Adán si no que, después, tuvo que consentir (a causa del libre albedrío que nos concedió) ciertas cosas para que no se le fuera toda la creación al traste.



Pie de vídeo.- El Sabina con una de marujas


En casa de Rebocato en Nochebuena se cocían higos secos (aunque no procedentes de las higueras del abuelo materno, pues no daba tiempo a que se secaran con la demanda que había para su degustación) en una perola llena de vino y azúcar, y después, nuestro labriego castellanoviejo, mujer e hijos, se comían los higos y se bebían el vino en buena armonía, tanto mayores como niños. Era Nochebuena.

Al arrancar un higo o una breva, sin madurar, de la higuera esta rezuma una especie de líquido viscoso de color blanco (leche de higuera), ese fluido, decían en nuestro pueblo castellanoviejo, que era eficaz contra los clavos (no los de Cristo crucificado, sino con las verrugas duras que afloraban en las manos), lo cierto es que Rebocato tenía 63 clavos de vellón entre las dos manos y para tratar de quitárselos aplicó leche de higuera sobre ellos y que si quieres arroz Catalina, los clavos permanecían impasibles aunque crecederos.

Después experimentó otro remedio que, por aquellos lares, se decía “manosanta”  contra los clavos y que consistía en tirar un garbanzo al interior de un pozo (en la cerca del citado abuelo materno existía un pozo artesiano para regar las cuatro lechugas y tomateras de la cerca sitas en un rincón aparente al lado del patatal) salir corriendo y si no oías el ruido del garbanzo al chocar contra el agua del fondo (decía la tradición, un tanto empírica, aunque no asaz eficaz)  se te caían los clavos. Segundo intento fallido.

Entonces la madre de Rebocato le dijo a este que fuera a la casa de un vecino del pueblo (al cual si le silbaban los chicos por la calle o explosionaban a su paso pastillas de clorato mezcladas con azufre cúprico con un trozo de teja encima y que se hacia detonar con el tacón del zapato arrastrándolo contra la teja, salía el hombre corriendo detrás de ellos) para que le curara los clavos mediante unas oraciones o letanías que invocaba el hombre de marras.

Rebocato por aquello de lo de: “de perdidos al río” se encaminó a la casa del curandero de clavos. Cuando llegó a ella llamó a la puerta y salió la mujer del medicastro. Ya puesta aquella en antecedentes, por el muchacho, sobre el motivo de su visita, le comunicó que su marido no se encontraba en casa pero que no obstante que le dijera los clavos que tenía en las manos y que su esposo obraría en consecuencia a su regreso. Rebocato le dijo que un total de 63 y ella le anunció que podía irse en paz.

Nuestro amigo se encaminó, un tanto escéptico y muy decepcionado, hacia su casa. Pasó el tiempo, y al cabo de un par de semanas, poco a poco, empezaron a caérsele todos los clavos de las manos hasta desaparecer los 63 y no volverle, hasta el día de hoy, a salir clavo alguno ni por asomo.

En nuestro pueblo castellanoviejo era pecado mortal el no oír misa, y el trabajar, los domingos y fiestas de guardar, no obstante, durante el verano debido a las tareas recolectoras de la cosecha de cereales, garbanzos, patatas y demás, se permitía trabajar los domingos pero permanecía estigmatizada la obligación de asistir a la iglesia para oír la Santa Misa, aunque los días festivos, tales como Santiago Apóstol "matamoros" (25 de julio) y la Virgen de Agosto (15 de agosto), había que santificarlos y no se laboraba (el Cura, obviamente, sí que curraba, oficiando).

En aquellos tiempos se celebraba a diario una misa (que se conocía como “rezada”) y dos misas los domingos y festivos, a saber: sobre las 09:00h (Misa pequeña, o rezada de corta duración, y a la que acudían normalmente los niños para no cansarse en demasía en el oficio) y la otra a las 11:00h. (Misa mayor, o cantada, que era de una duración harto luenga y que producía un letargo considerable en la mayoría de las personas, ya fueran hombres, mujeres y/o niños).

No perdamos el hilo y centrémonos (como los liberales de nuevo cuño) en las tres higueras de la cerca del abuelo materno de Rebocato y lo que acaeció:

Habiendo sobrepasado Rebocato la friolera edad de 8 años y 8 meses, una bonita mañana de agosto (día 15 y festivo de “día de obligación de oír misa y no se puede trabajar” –como anunció, amenazante, el cura párroco de la parroquia durante la misa del domingo anterior a dicha festividad) aconteció, durante la misa mayor, el asalto a las brevas de las tres higueras bíferas del abuelo materno de Rebocato, y dicha mañana acabó en tragedia para el hermano que le precedía, y precede, en edad, a Rebocato (y no fue cuando le atropelló, a aquel, un camión dos veces en el mismo día, en la misma pierna y en el mismo accidente, pero esa ya es otra historia que se contará en otra ocasión, si se tercia).

Los hechos de las brevas de desarrollaron, más o menos, así:

"Encontrose la mañana de autos, Rebocato con su hermano predecesor y con la pandilla de este (todos más malos que “arrancaos” como apuntaban las gentes de bien de nuestro pueblo castellanoviejo)  todos ellos habían cumplido, ese día, con el precepto divino de oír misa aunque fuera “la pequeña”, y en aquel momento casi todo el mundo estaba dentro de la iglesia oyendo “misa mayor”; los hombres descubiertos de boina y las mozas y mujeres cubiertas con velos (aún no se barruntaba, ni de lejos, la llegada de la ley para la igualdad efectiva de hombres y mujeres que puso en boga, muchos años después, la Ministra socialista de “igualda”).


                                Pie de foto.- Chirigota en honor de la ministra de Igualdad 


Al hermano predecesor de Rebocato se le ocurrió la idea del asalto a las higueras del abuelo materno de ambos, para ello explicó su plan de acción a su tropa de amigos, no exento de dificultades por la poca edad que calzaban (ahora serían impensables de llevar esas gestas a cabo por nuestros pobres niños de hoy en día) y sabiendo lo que les pasaría después si les descubrían, como solía ocurrir casi siempre que se hacía una faena en nuestro pueblo castellanoviejo. 

El plan consistía en escalar las paredes, de piedra fijada con cal, de la cerca, de unos tres metros de altura, para ello el presente (y más adelante presunto culpable) hermano de Rebocato trepó por el poste de la luz adosado a una de las paredes y una vez, él, dentro de la cerca abriría las puertas carreteras para que entrara el resto de los aspirantes a comebrevasrobadas. (Reseñar que la cerca disponía de una puerta de entrada de personas, cerrada con llave y cerradura de las de antes –casi del tamaño de las de las puertas de la iglesia– y otras puertas carreteras, por donde entraba el carro y la yunta de machos, que se podían abrir desde dentro).

Una vez todos los zarrapastrosos dentro de la cerca (incluido el bendito de Rebocato) hicieron zafarrancho de combate subiéndose (cual bandada de estorninos, quizás tordos en nuestro pueblo castellanoviejo) por las higueras hasta dejarlas más peladas de brevas que si hubiera caído un pedrisco de los de antes.





Pie de foto.- Tal que así eran y son las brevas blancas –aunque externamente de color verde amarillento– . Aún coexisten en la cerca dos higueras, de las tres de origen, del abuelo materno de Rebocato.

Concluida la faena salieron todos arreando brisca por las puertas carreteras y el hermano revolera de Rebocato “El bendito”,  cerró las puertas carreteras escaló, intramuros hacia extramuros, la pared de la cerca y bajó a la calle por el extramuros palo de la luz. Resultando las operaciones un éxito total ya que, la gente, aún no había salido de la misa cantada, con homilía arengada incluida, por el cura párroco.
  
Al salir de la iglesia, nuestro labriego castellenoviejo se dirigió a una de las tabernas del pueblo, como solía hacer todos los domingos después de misa, con el fin de echar la partida a la brisca, fumarse un cigarro picado, tomar un vermut y pegar un rato la hebra con los amigos hasta la hora de comer.

Acabadas tanto la partida como la plática, nuestro labriego castellanoviejo regresó a su casa, en ella estaba esperándole su querido suegro (abuelo materno de Rebocato) el cual le contó que después de salir de misa y echar una parrafada con otros dos vecinos (al igual que él no amigos de tabernas, aunque en casa  cada cual jarreaba lo suyo de la cuba de vino cosechero propio) delante del ayuntamiento (nos referimos a la casa consistorial, no a la acción de ayuntar) se dirigió a la cerca con el fin de recoger unas brevas ya que hacía días que las había visto casi en su punto para trasegarlas al coleto. Cuál no sería su sorpresa al observar el estado de las higueras, allí no quedaba una breva ni por asomo, el espectáculo era desolador: ramas desgajadas, hojas y pieles de brevas por el suelo, etc.. 

Al salir el abuelo de la cerca con un cabreo considerable, una de las vecinas de las casas de enfrente le refirió lo que había visto (cual vieja al visillo, ya estaba inventada y eso que entonces el José Mota ni había nacido) durante la celebración de la “misa mayor”. Contole que uno de sus propios nietos (del abuelo de Rebocato, no de ella) escaló a la cima de la pared de la cerca por el poste de la luz adosado a aquella, y que, después, una vez dentro, abrió la puerta a toda la jarca moruna que le acompañaba y que, ella, desde su ventana veía por encima de la pared de la cerca moverse las ramas de las tres higueras y oía un jolgorio considerable. El abuelo a pie, aunque montando en cólera, se dirigió, como alma que lleva el diablo, a casa de su yerno a pedir que se aplicara el castigo pertinente al nieto causante del destrozo.

Rebocato, cuando llegó la hora de comer y barruntando la gresca, en vez de ir a su casa enfiló a la de sus abuelos maternos donde iba a comer todos los días a mediodía en compañía de una prima hermana y así ganaba tiempo –a no ser que fuera llamado a consultas antes– a que amainara la tormenta.

 No tuvo tanta suerte su hermano asaltacercas, ya que cuando llegó a casa estaban alli su padre y su abuelo materno, ambos esperándole para someterle al tercer grado de interrogatorio antes de aplicarle el castigo de la rápida sentencia. En principio lo negó todo como era habitual a esas edades después de cometer una fechoría, pero con todos los argumentos que aportó su abuelo entre ellos el relato de la vieja al visillo, no tuvo por menos que reconocer el delito y de paso dijo que Rebocato también estaba en el embolado, cosa que no le eximio de llevarse una zarapinda, de padre y muy señor mío, aplicada en su raquítico cuerpo (todo nervios) por su progenitor.

Una vez Rebocato en casa de su abuelo y llegado este también, le preguntó, su abuelo, que qué había pasado con las brevas. Rebocato para evitar el castigo contestó, mintiendo, que cuando su hermano iba a saltar a la cerca para asaltar a las higueras, que él quiso ir corriendo a avisar a la gente de las intenciones de la panda, pero que su hermano y amigos le retuvieron y le amenazaron con pegarle si decía algo. Al abuelo se le olvidó preguntarle si había comido brevas como los otros –obviamente, se había puesto como el Quico–. El asunto se zanjó con la intervención de la abuela materna que le dijo a Rebocato: “Bendito, bendito, si es que no deberías juntarte con esos zarrias, que no te hace nada bien y te malmeten”.

Rebocato mantuvo la cara de “bendito” y, sin más, se sentaron todos a le mesa, el abuelo se quitó la boina, rezó un padrenuestro después de iniciar la ceremonia con el clásico: “Demos gracias a Dios por los beneficios recibidos” (ese día no muchos la verdad, por la merma de las brevas) y luego de santiguarse todos y calzarse, de nuevo y a una mano, la boina el abuelo  se dispusieron a comer.

Finalizada la comida y como seguía siendo día festivo de santificar, Rebocato se fue a jugar con sus amigos, eludiendo las malas compañías mañaneras de la pandilla de su hermano, y cuando volvió por la noche a casa, su padre ya estaba informado de su versión de los hechos por la suegra, resultando que, como tantas otras veces, aunque estuviera metido en el ajo de las tropelías, se quedara sin castigo.

Bendito, bendito...


         HistoriasdeRebocato@enero-2015



14 de enero de 2015

LA ECONOMÍA SEGÚN DOS CASTELLANOVIEJOS





                                             SE VEÍA VENIR”
            
    Habrá que cambiar el dicho de: "Quien quiera aprender, que vaya a Salamanca", por el de: "Quien quiera aprender, que vaya a Soria". Y sin necesidad de pagar las elevadas tasas universitarias actuales que están alejando de la Universidad a los hijos de las gentes que no son de posibles. Simplemente hay que sentarse al solano, placenteramente, al lado de dos hombres, como estos del video, ya en vías de extinción y, lo mas grave, Greeenpace, que sepamos, sin proteger a esta, ya de por sí, rara especie que acumulaba sapiencia a través de los siglos sin salir del pueblo; al menos a nuestro pueblo castellanoviejo no han llegado, los del arco iris, claro.

PD.- Al pensar de nuestro amigo Rebocato por peor que se pongan las cosas, que se pondrán, a él nadie le hace volver a destripar terrones a golpe de azadón, ni a tirar de hoz segando en tierras centeneras, de alcacer o de ceburro.      
Vídeo-reportaje que se realizó en 2007 en la localidad soriana de Valdegeña: http://vimeo.com/44394416




Pie de video.- Dos profetas con los pies en la tierra, y sí: “Se veía venir”. Obsérvese el añil de la pared para ahuyentar a los espíritus malignos.


       Cojonudo el vídeo de los dos filósofos de la boina, que las calzan mucho más grandes que los que usaban los bizarros varones de nuestro pueblo castellanoviejo.   

      Para el sentir de nuestro amigo Rebocato, modestia aparte, nada nuevo bajo el sol, ya que, lo que manifiestan estos hombres ¿sabios?, tuvo la gran suerte de mamarlo, él, desde pequeño; consejos similares que de niño le inducían a la risa interior (si la exteriorizaba a mandíbula batiente, al recibir las parrafadas de su ancestro, podía llevarse un varazo o un mosconazo considerable) y que con el transcurrir de los años casi ha llegado a asimilarlos  y que le llevan a pensar, ahora que no le oyen: “Que razón tenia mi padre, o mi abuelo”.
   Tiempos duros aquellos que nos parecen tan lejanos y que sin embargo no están tan distantes.     

    Un amigo de Rebocato, menos radical y más solidario  de lo que aparenta su breve correo, después de visionar el video de marras que le envió aquel vía email, y aprovechando la coyuntura de los tejemanejes que se traen unos y otros (políticos) con “el derecho a decidir de la sabia voluntad popular” o “no derecho”, le contestó:
       Bona tarda, Rebocato:

      ¿Y estos de la boina no piden la independencia?. ¿En qué idioma hablan?
Sobre todo, al de la izquierda, no hay quien lo entienda.

      Una forte abraçada

       Entonces nuestro amigo Rebocato, entrando al trapo, no pudo por menos que responderle:
        Bona tarda, amigo X:
       El asunto está claro, para estos charlatanes de la boina la independencia les llegó, sin necesidad de reivindicarla, posiblemente el día en que empezaron a cobrar la paga de jubilación a costa del Poble Catalá, claro. 
     Para tu información decirte que, los paisanos del vídeo, hablan en un dialecto románico originario de Castilla la Vieja, defínelo jeringonza si lo prefieres.
    Al paisano de la izquierda cuesta más entenderle debido a la contaminación lingüística que padeció, porque barrunto que tiene una hija que emigró en su día a Cornellá de Llobregat, y pasó, el hombre,  allí una temporada cuando dicha hija dio a luz a un charnego que con el paso de los años se ha convertido en un nazzionalista de pro, no como otros mesetarios que a  pesar de pasar media vida en la bonita terreta de la, otrora, Región Levantina, no acaban de integrarse del todo a pesar del esfuerzo que hacen para ello sus amigos nativos, tú entre ellos, y se agradece. 
     Pero es lo que tiene el ser un castellanoviejo casposo sin intención de integrarse, con el hándicap añadido de que uno es extraño tanto en su tierra materna, como en la terreta de adopción, en ambos lados te mirarán siempre de reojo y además estarás, casi siempre, bajo sospecha.
        Yo lo achaco, lo de que no le entiendes al de la izquierda, a que al tener, el paisano, una boina casi tipo txapela vascuence (Digna de figurar en el museo de “La Fundación Boinas La Encartada Kultur Ingurunea”) por el tamaño no le llegan bien las hondas hertzianas a las orejas, lo cual, muy a su pesar y aunque no lo reconozca el hombre, le hace parecer pelín corto de entendederas, cosa que no les ocurre a los paisanos de mi pueblo castellanoviejo debido a que allí las boinas que se utilizaban eran bastante más recatadas de vuelo; boinas, dicho sea de paso, que se fabricaban en Vitoria y llegaban a nuestra localidad en el coche de línea (ahora autobús) donde las recogía la vecina, que ejercía de tendera, para su posterior venta a la respetable clientela que acudía a su tienda.
        De todas formas, con un poco de esfuerzo y sin buscar tres pies al gato, el mensaje se entiende y de lo que se trata es de que arraigue como Dios manda y la Santa Madre Iglesia ordena, que es lo importante.
        Saludos y un abrazo delicado ya que, los cuerpos, a estas edades, no están para apreturas.

         HistoriasdeRebocato@enero-2015




3 de enero de 2015

EL ROBO DEL COCHE DEL "ABUE"

                   
                         


                                  EL ROBO DEL COCHE DEL “ABUE”

     Llevaba asentado Rebocato, en una capital de provincias cuasi costera y no cantábrica, ni atlántica, ya más de un año, disfrutando de la tranquilidad (entonces casi de pueblo) de esa ciudad donde habitaba, aunque aún no había desaparecido del todo la depresión que le invadía a causa del nada desdeñable cambio de ambiente con respecto a sus anteriores años vividos en la capital del Reino –la ciudad de los Mentideros que eran, estos, los lugares donde se reunían las gentes en la época del Siglo de Oro, a pegar la hebra sobre lo divino y sobre lo humano, y lo que fuera menester– y en esto que una tarde recibe una llamada telefónica del “abue”, el cual le anuncia:

     –Rebocato me han robado el coche esta misma noche.

   Rebocato que se encontraba con la modorra (no nos referimos a su contraria) de la siesta le contesta un tanto adormilado:

    –¿Y qué quiere que yo le haga?: Vaya a la comisaría de policía y ponga la denuncia pertinente.

      El “abue”, al otro lado de la línea,  apunta:

   -Pues que vengas con tu coche y nos vamos a buscar el mío a La Barranquilla (se va el caimán, se va el caimán…), la denuncia la he puesto esta mañana ya que no he tenido que ir al tajo a la azulejera.

    A Rebocato, venido de la gran ciudad donde residió durante bastantes años de su juventud, le chocó sobremanera que uno mismo pudiera encontrar con sus propios medios un coche robado, pero su mujer le puso en antecedentes y le animó a ponerse manos al volante para emprender la búsqueda en compañía de su querido suegro, cuales Quijote y su fiel Sancho cabalgando por la Meseta con el fin de desfacer los entuertos que se les presentaren.

    El suegro disponía, hasta ese día, de un Seat 850 Especial (él lo consideraba casi espacial) y parece ser que era bastante frecuente, en la ciudad de marras, que muchos de los coches sustraídos aparecieran en La Barranquilla, una barriada sita en los arrabales de los arrabales de una localidad, próxima a la ciudad donde moraba ahora Rebocato, con una barriada pródiga  en manguis dedicados a trapicheos varios como el menudeo de la droga y a otros entreteneres con los que tratar de subsistir, aparte de la mucha gente, trabajadora o en paro, respetable y honrada que también moraba, y mora actualmente, en ese paraje.


        Pie de foto.- El flamante SEAT 850 Especial del “abue”

      Dicho lugar no se menciona en El Quijote (Capitulo III, donde se arma, el luego “caballero de la triste figura”, caballero) cuando el ventero socarrón sigue el rollo a don Quijote y le dice que él, en los años de su mocedad, había andado trajinando por diversas partes del mundo buscando aventuras, sin que hubiese dejado de visitar lugares donde moran prójimos principales que son reflejo y licenciatura de rufos y murcios (nada que ver con murcianos) porque en ellos reina el hampa, tales como: los Percheles de Málaga (antaño famosos por el secado del pescado, para el que se usaban perchas en los cuales se colgaba el pescado y era una zona concurrida por gentes díscolas y libertarias del vivir al día e industriosas cuando les apretaba la necesidad), las Islas de Riarán (conjunto de casas ubicadas extramuros de la ciudad de Málaga), el Compás de Sevilla (lugar de mancebía surtido de izas y rabizas), el Azoguejo de Segovia (“azogue" –del árabe, “mercado”–), la Olivera de Valencia (corral de comedias donde coexistían el lumpen social y la anarquía), la rondilla de Granada, la playa de Sanlúcar (lugar de delincuentes predispuestos a “tirar la jábega” y no para pescar peces precisamente), el Potro de Córdoba (mentada también en “Rinconete y Cortadillo” y que en el Siglo de Oro era lugar de reunión de pícaros y maleantes de la ciudad), las Ventillas de Toledo (sitas en los accesos a la ciudad y referente de paso de trajinantes, dejados y maleantes al igual que los cicateros en la plaza de Zocodover de esa ciudad), y otras diversas partes donde había ejercitado la ligereza de sus pies y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, secuestrando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas, y engañando a muchos pupilos, y finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España.

   Así pues Rebocato un tanto malhumorado, a causa de la siesta interrumpida, se montó en su coche y recogió a su suegro que se sentó a su vera de copiloto, poniendo rumbo a La Barranquilla.

     Una vez allí se dedicaron a callejear sin bajarse del coche en busca del “850 Especial” del “abue”, con el resultado de que no dieron con él. Eso si nuestro amigo Rebocato conoció la zona y, aunque no tuvieron incidente alguno con los lugareños del lugar, no le quedó gana alguna de volver a visitar aquellos lares, ignotos hasta ese día, para él.

       De vuelta a la ciudad el “abue” comenta que:
“mejor nos acercamos al Grao” (el puerto de la ciudad que se encuentra a unos pocos kilómetros de esta).

    Rebocato, haciendo de tripas corazón y ya casi pensando que le está tomando el pelo su acompañante, enfila un tanto molesto por la carretera recto hacia la costa.

     Ya en el Grao se dedican a callejear con el coche y…¡Sorpresa! Rebocato no cree lo que ven sus ojos el coche del “abue” está aparcado en una calle; tal es así que el “abue” ni se cree que sea el suyo, de forma que se baja, comprueba la matricula de cerca y…..¡albricias! es su vehículo.

     Rebocato se mete en el coche aparecido,  el cual está al lado de la iglesia del Grao (casi en el templo, como Jesús hallado en él de niño después de perderse de sus padres al estar, aquel, discutiendo con los doctores de la ley, en el tiempo en que se trasladó la Sagrada Familia a Jerusalén por la Fiesta de la Pascua Judía), junta los cables de la llave de encendido, que manipularon los cuatreros de nuevo cuño, para hacer el puente; el coche arranca se pone a los mandos el “abue” y se encaminan ambos, cada cual en su automóvil, de vuelta a la ciudad para acudir a la comisaría con el fin  de quitar la denuncia interpuesta por la sustracción del auto de marras.

    Una vez, ambos, en comisaría y después de esperar turno como respetables ciudadanos el “abue” y Rebocato se plantan ante el funcionario (policía nacional) que se encuentra sentado ante la máquina de escribir. Al relatarle a este los hechos del robo del coche y posterior encuentro de él por medios propios, el hombre se queda un poco mosca, se rasca la cabeza y le dice a Rebocato:

     -¿Y no habrás cogido tú el coche sin decir nada, lo has aparcado después en otro sitio y tu padre al día siguiente al no encontrarlo se presentó aquí a denunciar?

      Rebocato responde:

     -De entrada este señor no es mi padre. Además salga usted a la calle (al oír esto el policía cree que le está retando) ya que ahí al lado está aparcado el coche ayer sustraído y puede usted comprobar que tiene hecho el puente.

      El policía, no conforme del todo vuelve a rascarse la mollera y apunta:

      -Es que ya nos ha ocurrido algún que otro caso en el que el hijo se lleva el coche del padre para irse de juerga nocturna y sin permiso paterno; vuelve medio borracho a casa, se acuesta a dormir la mona, se le olvida decírselo a su padre y este al día siguiente al levantarse, para ir al curro, lógicamente no encuentra su coche en el lugar donde lo aparcó y viene a comisaría a denunciar que se lo han robado.

     Rebocato ya más alucinado que en su periplo por La Baranquilla y El Grao, respira hondo y replica:

    –Mire usted simplemente queremos retirar la denuncia, los hechos han ocurrido tal como se lo hemos explicado y si no está conforme salga a comprobar los cables que los enemigos de lo ajeno han arrancados del dispositivo donde se introduce la llave de encendido del coche, con el fin de hacer el puente para que arranque el motor y salir pitando sin necesidad de tocar el claxon.

     El policía ante este lance se queda como un tanto alelado y para zanjar el asunto se dirige al “abue” y le dice:

     –Firme aquí y pueden largarse.

   Rebocato cuando enfilaban hacia la calle le vino a la memoria otro acontecer que le aconteció en la misma comisaría unos cuatro años atrás cuando aún era un soltero aparentemente feliz.

    Era verano y vino desde la Capital del Reino al litoral a visitar a la entonces su novia. A la mañana siguiente ella y él se encaminaron hacia la playa para bañarse y tomar el sol, aparte de otros entreteneres de pareja que no vienen a cuento ahora el declarar. Rebocato disponía de un utilitario R-5 de tres puertas.

   Una vez llegados a la playa se desvistieron (llevaban los bañadores ya puestos debajo de la ropa) y dejaron la ropa de ambos y el bolso de la novia en el asiento trasero del coche, todo a la vista.

   Se bajaron del coche y se dirigieron, cruzando perpendicularmente la ancha playa,  hasta llegar al agua del mar.

     Después de los baños pertinentes, tanto de agua, como de sol regresaron al coche.

     Cual no sería la sorpresa de nuestra pareja al llegar al R-5 y observar que, el cristal fijo del lateral trasero del lado del copiloto, estaba en el suelo, con su goma que le rodeaba, apoyado junto a la rueda, es decir, el ratero o los rateros con un destornillador o utensilio similar, lo introdujeron entre la chapa de la carrocería y la goma del cristal arrancando este de cuajo, eso sí, tuvieron la deferencia de no romperlo. Con el resultado de que, los amigos de lo ajeno, se llevaron el bolso de la chica de Rebocato con llaves del piso, documentación y chorradas varias que transportan las féminas dentro de él y que para que un hombre trate de encontrar alguna cosa, en concreto, en su interior, ha de vaciar todo el contenido porque si nó es misión harta imposible el hallazgo.

     Rebocato colocó el cristal y su goma en su sitio y se dirigieron raudos y veloces a la comisaría de la ciudad para interponer la denuncia del robo.

     Una vez allí esperan turno ante una cola de personas considerable. Para matar el tiempo nuestra pareja se hace carantoñas y en esto que la chica de Rebocato le da un inocente ósculo (tal y como dice el DRAE, nada de tornillo, ni de película) y el policía que custodia la puerta de entrada y que en ese momento dirige la mirada hacia el interior de la sala donde está la cola de ciudadanos (habíamos dejado de ser súbditos hacía ya unos pocos años, pero las reminiscencias de la Policía Armada del Régimen anterior…  ya se sabe) contempla a la pareja con sus recreaciones y se encamina hacia ellos. Al llegar a su altura les suelta que están en un centro oficial y que hay que guardar el decoro y la compostura, dejando al par de dos un tanto sorprendidos.

     Pasa el tiempo y mengua la cola hasta que nuestra pareja se encuentra ante el policía nacional sentado pomposamente en su mesa ante la máquina de escribir, Rebocato le comenta, después de los saludos pertinentes, que le han robado el bolso a su novia de dentro del coche en la playa. El funcionario le anuncia que no se dice robado, sino sustraído. Rebocato contesta:

    -Llámelo equis pero el bolso estaba en el interior del coche al irnos a bañar en la playa y al regresar ya no estaba y para sustraerlo, como dice usted, han arrancado un cristal de mi coche.

    El policía con cierta hostilidad y malos modales, barruntamos que un tanto justificados a causa de la salida de tono de Rebocato, pregunta y teclea sin parar hasta concluir la denuncia y nuestra pareja la firma y se dirigen a la salida de la comisaría. Ya en la puerta, el policía que hace de cancerbero, caso del infierno; o de cillerero, caso de monasterio; les hace un aparte como justificando su reacción ante la compostura anterior de ellos respecto a los arrumacos, como tratando de justificar su quehacer  para con la pareja y de paso disculparse ante ella solapadamente. Rebocato le dice que no tiene mayor importancia, se despiden de él y salen a la calle donde luce un sol de julio espléndido aunque sin llegar al brandy del mismo nombre del grupo Garvey que trasegaban las gentes al coleto por aquellos tiempos y lugares, y a lo que olían, al hablar, los alientos de los agentes de la ley y el orden de la comisaría, tanto en la mañana del día de autos del robo del bolso del auto de Rebocato como, años después, en la tarde de retirada de la denuncia del robo del auto del “abue”.




Pie de foto o lo que sea.- Esto era un futbolistas de los de antes, como Dios manda, eran espléndidos, no los de ahora que solo beben bebidas isotónicas y similares. Del perro copa en mano, no te ¡Digo na!... hasta habla.

     “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”.

       Dicen que la expresión original era “Cosas tenedes….”, pero con el tiempo, se distorsionó tanto la forma como su significado, llegando al actual “Cosas veredes….”
     Al parecer se remonta al romancero derivado del Cantar de Mío Cid, cuando Rodrigo Díaz de Vivar le dice a Alfonso VI, cuando le propone al guerrero conquistar Cuenca: «Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...» y el monarca le replica: «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras»



               HistoriasdeRebocato@enero-2015