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20 de agosto de 2018

EL TÍO TENTE

             

                                INTRODUCCIÓN:

   Desde la cama de la habitación del hospital general de la Seguridad Social, la voz del paciente –apartándose  con la mano la mascarilla de oxígeno que le cubría la cara– sonó clara y concisa, la frase iba dirigida a la persona que entraba, en ese preciso momento, a visitarle:

    –“Tú, si fueras un policía que mandara de verdad, ahora mismo ordenarías que me trajeran un gin-tonic”. 


    

            EL TÍO TENTE:

    El tío Inocente (familiarmente conocido como Tente) arribó a la capital de la provincia ubicada al norte de la otrora denominada Región Valenciana, allá por 1950 cuando calzaba unos 6 años en canal.

   Él procedía de un pueblo de la Sierra de Cazorla, donde a diario le mandaban sus padres sacar a los cerdos para que pasturaran por el monte. Los cerdos eran más grandes que él. Era lo que había, en aquel entonces, como rutina diaria para incontables niños en muchos lugares a lo largo y ancho de este País.


  Nada mas llegar al Levante Español de antaño, debió de aplicarse en el aprendizaje del valenciano en el día a día de la calle (en la escuela no se impartía), por voluntad propia, barruntamos. De esa manera, cuando Rebocato le conoció, en la ya denominada Comunidad Valenciana –unos 30 años después de la llegada del zagal de la piara– el tío Tente solía hablar en Valenciá (Llengua valenciana) con gran soltura, y locuacidad, en cambio, si hablaba en castellano se le apreciaba una menor fluidez y, además, el clásico deje andaluz originario de su tierra natal, a pesar de los años transcurridos desde que salió de ella.

   El tío Tente era dicharachero, jovial, alegre y divertido, sobre todo en fiestas familiares ocasionales o estando de charla compartida y amenizadas con unas cervezas. No daba tiempo a que se calentaran las birras, ni a que se enfriara la gente que le acompañaba en las tertulias, que se daban ocasionalmente y sobre todo en verano, con personas del ámbito familiar.

    Metidos en fiestas familiares, él, de vez en cuando, comentaba que si en alguna ocasión, en algún control de tráfico le paraba la Policía Local o la Guardia civil, tiraba de carnet y mostrándoselo a los agentes les decía: “Yo soy Inocente”. 

   Que sepamos, nunca llegó la DGT a quitarle punto alguno del carné de conducir, y mira que, dado el bajísimo nivel de alcohol permitido para conducir en los últimos años, de manera difícil pudo haberse escapado, pero logró zafarse, siempre, de la posible sanción. 

    A la parca también la despistó durante sus 10 últimos años de vida (después de serle diagnosticada una enfermedad que no pintaba nada bien, con revisiones periódicas de ITV, tal como él definía al protocolo médico al que estaba sometido, no obstante, él continuó haciendo vida normal), pero las tres deidades de la mitología romana (Cloto, Láquesis y Átropos) dieron con él a principios de agosto del presente año, y en cuatro días –reales, no es un decir– el tío Tente, pasó a mejor vida, es un decir, porque él, estaba muy a gusto involucrado en sus quehaceres diarios: sus almuerzos mañaneros con sus amigos en el bar El Perrico cercano a la playa; y  con sus huertas, sus almendros y sus olivos que cuidaba en una localidad del interior de la provincia.

    El tío Tente prestaba sus servicios como encargado en una empresa de carpintería. Él, desde los 14 años, siempre ejerció de carpintero en la misma empresa hasta su jubilación. Su mujer, que se dedicaba a la docencia, disponía de terrenos de almendros y olivos en un pueblo del interior, distante unos 40 Km. de la capital de provincia, los cuales los labraba –los terrenos, no los kilómetros– el tío Tente los fines de semana, cuando laboraba de carpintero y, después, continuó haciéndolo, con mucho más tiempo libre, al alcanzar la jubilación; todo ello, claro está, con el fin de recoger almendras y aceitunas, aunque en realidad eso era un entretenimiento para él, según comentaba a veces. También plantaba hortalizas para el consumo familiar.




            LA GRAN EVASIÓN:

   Un verano, Tente (ya estando casado Rebocato con su sobrina –la de Tente, no la de nuestro amigo, aunque, reseñar que, la sobrina mayor de Rebocato es de la misma edad que la que calza la contraria de este) estando tirando de tercios de cerveza, le contó a Rebocato la encerrona que le hicieron a él, en un puticlub cercano a Valencia capital, su jefe y otros conocidos de este, en un final de cena  de empresa, donde –después de despedirse de los currantes de a pie– el dueño, el mando intermedio (Tente) y otros tres conocidos del dueño y jefe, se encaminaron a un puticlub. Y, una vez dentro del local trasegando de lo lindo (en aquellos años no existían los controles de alcoholemia), se les pasó el tiempo en un abrir y cerrar de ojos. El tío Tente bebía e intercambiaba impresiones con dos chicas del local, hasta que se percató de que, sus compañeros de copas, le habían dejado en la estacada. Miró de reojo recorriendo la barra y rincones del local y no los vislumbraba. Entonces, masculló para sus adentros: “Estos cabrones se han largado y me han dejado solo y posiblemente con la cuenta pendiente para que abone las copas de todos (Reseñar que el tío Tente –Rebocato da fe de ello– no era de los que se arredraban a la hora de pagar rondas o lo que se terciase, todo lo contrario. Era rumboso en demasía). 

    Ni corto ni perezoso, se disculpó de las chicas alegando que se iba a mear al servicio. Una vez allí se evadió por la ventana del váter a la calle (en aquellos años, en este País, apenas había robos que justificaran la instalación de las rejas y alarmas de hoy en día) donde, al lado del coche, estaban esperándole sus acompañantes descojonándose.  

   Ya todos dentro del coche de regreso a sus casas respectivas, le dijeron que el jefe había pagado todas las consumiciones antes de abandonar el local y que le habían dejado dentro a posta, sin avisarle, para ver su reacción. 

  


                  VISPERAS DE BODA:


    La tarde noche de la víspera de la boda de Rebocato, el tío no dudó en decir a toda la familia de aquel, desplazada hasta el Mediterráneo para asistir al evento: “Montaos en vuestros coches y seguid al mío”.  

    Toda la caravana de autos locos (ya saben nuestros lectores que la famita de Rebocato no es “pecata minuta” en cuanto a la cantidad –otra cosa es la calidad– de miembros que la compone) se puso en marcha y se dirigieron hacia la cercana playa donde, el tío Tente, tenía una amplia villa que disponia/ dispone de un jardín espacioso, pero aún, entonces, carente de piscina.

     La piscina se acabó de hacer justo a finales de ese mismo año –1982– y se dio la paradoja de que ese invierno nevó a pie de playa, cosa que extrañó en demasía a Rebocato. Era su primer invierno costero Mediterráneo y creía que por esos lares nunca nevaba. Que decir de la piscina una vez hecha. En aquellos años era bastante raro tener piscina propia. Menuda paciencia derrocharon tanto el tío como su señora en los meses de verano soportando a todos los aspirantes a bañarse: hijos, cuñados, sobrinos, contrarios y contrarias de los sobrinos y sobrinas, algún que otro sobrino nieto, vecinos, etc. 

  Aquella piscina –por la gran concurrencia de gentes– le recordaba a Rebocato la del Parque Sindical de Madrid de cuando él era soltero y residía en la Capital e iba allí, esporádicamente, en verano a darse un chapuzón caso de encontrar hueco físico en el agua. Mas luego los daños colaterales que le originaban, al tío Tente su piscina de marras en forma de cervezas, refrescos, etc., para sofocar las sed de los familiares y arrimados bañistas. Lo dicho: “Santa paciencia”.
  
  Una vez arribado, todo el gentío –familiar directo de Rebocato– a la villa, se acoplaron como buenamente pudieron, bien en sillas, bien sobre el magnifico y cuidado césped, y allí estuvieron bebiendo, comiendo y hablando hasta que, ya entrada la madrugada, regresó cada cual a descansar a su hotel respectivo del centro de la ciudad, para poder estar en plena forma en la celebración de la boda al día siguiente. 

    Ese gesto de hospitalidad y altruismo del tío Tente, para con unas gentes que, él, no había visto en su vida, y con el peligro que rezumaban aquellas, fue considerado por Rebocato como todo un detallazo que nunca dejó de agradecer ni de olvidar.




        EN NUESTRO PUEBLO CASTELLANOVIEJO:
     

   Unos años después el tío Tente y su señora aparecieron, por sorpresa, en nuestro pueblo castellanoviejo, provenientes de unas vacaciones por las Asturias. Una vez que hicieron acto de presencia y después de juntarse con Rebocato (que estaba allí de vacaciones) y sus hermanos y de tomar unas cañas recorriendo los bares del pueblo, querían irse a dormir a un hotel de la localidad próxima, pero los hermanos de Rebocato, bajo amenazas de echar al tío Tente al pilón (en broma, claro, pero fíese usted con los calores agosteros, entonces que ya la gente no utiliza la clásica boina protectora de antes) si no desistían de  la idea de irse a dormir al pueblo vecino y enemigo por naturaleza. Al final les acoplaron, durante el fin de semana en casa de nuestro labriego castellanoviejo, donde en aquel tiempo (agosto) estaba la casa a reventar, con mas de 25 personas entre sus hijos, hijas, yernos, nueras, nietos etc.

   El fin de semana se pasó entre chuletadas de cordero lechal, asadas al sarmiento; escapadas al río bien surtidos de jamón, chorizo, lomo de la olla, pan candeal, cervezas y vino; marchas nocturnas al pueblo enemigo de al lado, regadas con cerveza, cubatas, etc. En fin, un fin de semana memorable que nunca olvidó el tío Tente.



     TODO ESTÁ CONTROLADO:


    Cuando llevaba Rebocato unos 5 años morando en el Levante Español, fue con su contraria a las fiestas patronales de agosto del pueblo del regadío invitados  por el tío Tente y señora. Un día, ya de madrugada, ya hartos de bailes y jolgorio decidieron retirarse, los cuatro, a descansar a casa, pero antes de llegar a ella, optaron por tomar la penúltima copa en un pub que les pillaba de paso.

   Excepto la mujer (que no tomaba, ni toma,  alcohol) del tío Tente, los otros tres iban bien surtidos.

   Se adentraron en el garito y pidieron de beber. Entonces fue cuando la mujer de Rebocato, no recordamos muy bien a santo de qué, dijo aquello de: “Tranquilo, tío, está todo controlado”. Esta frase se le quedó al tío Tente grabada a fuego en su cabeza, de tal forma que, cuando se juntaban en fiestas locales, de cumpleaños, de verano, etc. y el tío decía: “Tranquila, sobrina, está todo controlado”, al oír esto Rebocato ya barruntaba que las cabezas estaban un tanto sobrecargadas y que se imponía poner en práctica la retirada a los cuarteles de invierno. Normalmente, al sensato Rebocato, no le hacían caso (entre otras lindezas le decían aguafiestas) y la juerga continuaba, con Rebocato incluido, claro.




      UN DÍA DE RIEGO EN EL PUEBLO:


   En verano el tío Tente y su familia se bajaban a vivir a la villa de la playa. Cuando se jubiló subía al pueblo todos los miércoles con el fin de regar la huerta y dar de comer a su perra de caza. En julio, Rebocato, un día solía acompañarle a regar, para ello su tío le recogía con su todoterreno sobre las 7 de la mañana y en media hora estaban en el pueblo. Pero antes de empezar la faena el tío decía que él cuando subía al pueblo, los miércoles, se tomaba un café y una copeta, “tú toma lo que quieras” le dijo a Rebocato. Este con el fin de no desentonar pedía un poleo y un chupito de anís. Después, se dirigían a la huerta, regaban, recolectaban las hortalizas, y cuando empezaba a calentar bien el sol –sobre las 10– retornaban al pueblo con el fin de almorzar.

   El almuerzo consistía en un par de cervezas por barba, un bocadillo, café y copeta o carajillo.

   Luego iban a otra finca (donde el tío Tente, tenia una pequeña casa) para echar de comer a la perra. Allí, mientras la perra se desfogaba a base de carreras entre los olivos, almendros y los tres paranys (en desuso, estos, desde hacía años, mas que nada por ecologismo) de la finca, se tomaban tío y sobrino una lata de cerveza cada uno, bien frías, como le gustaba siempre la cerveza al tío.


 
   Pie de foto.- El típico “Parany de tords” (trampa para tordos, para que lo entiendan los recalcitrantes “no bilingües”).


    La primera vez que la acompañó Rebocato a regar, después de tomar la cerveza echaron de comer a la perra, la encerraron en su recinto se montaron en el todoterreno y el tío Inocente le dijo a Rebocato: “Vamos a tomar una cerveza a un bar campestre de aquí al lado”. Dicho bar, resultó ser la casa de un lugareño amigo del tío. Allí tomaron un par de cervezas, los tres, por barba y estuvieron al menos una hora de plática disertando sobre lo divino y lo humano.

   Más tarde regresaron al pueblo para llenar de agua unas cuantas garrafas de plástico para el consumo domestico, en una de las fuentes públicas situada al lado de la casa del tío Tente. En el pueblo siempre se topaban con alguna persona que se emperraba en que fueran con él al bar a tomar unos botellines. Tío y sobrino, por no hacer un feo al lugareño de turno, le acompañaban a la taberna.

   Ya cumplida la faena de riego huertano e interior del cuerpo de los regantes, retornaban a la villa de la playa.

   Ese día, durante el trayecto de vuelta a casa, Rebocato, a pesar de que él no conducía el coche, iba cruzando los dedos, con el fin de que no les pararan en un control de alcoholemia la poli local o los picoletos.

   Desde hacía 6 años, un miércoles del mes de julio al año, Rebocato acompañaba a su tío para cumplir con los rituales pertinentes de los regadíos. Lejos estaba de imaginar nuestro amigo que, este año, sería el último, debido a que, al miércoles siguiente de acompañarle a regar, su tío ingresaría en Urgencias para ya no salir de allí por su propio pie.



       LA DESPEDIDA:


   Ya con el tío Tente ingresado en el Hospital General, Rebocato junto a sus dos concuñados, decidieron ir a visitarle para darle el posible último adiós, sin manifestar esto al paciente, claro está.

  Entraron en la habitación, primero el concuñado mayor de Rebocato y este detrás. Saludaron al tío encamado, el cual andaba con ganas de levantarse  a orinar a pesar de estar sondado. Su hijo permanecía, de pie, a su lado, y con delicada atención y dedicación se prestaba a sus cuidados. Trataba de evitar que, el impaciente paciente, saltara de la cama, a la vez que, pacientemente, le enjugaba los sudores del cuerpo. A continuación entró el concuñado mas joven de Rebocato, el cual ejerce de Policía Local en la capital de provincia. Entonces, fue cuando ocurrió. 

    El tío Tente al reconocer a este último visitante le espetó:

   –“Tú si fueras un policía que mandara de verdad, ahora mismo ordenarías que me trajeran un gin-tonic”. 

   La suerte estaba echada. Ya no habría nunca jamás riegos rurales entre tío y sobrino. Los médicos pusieron fecha de caducidad al tío Tente: “cuestión de pocos días”, comunicaron a su mujer e hijos. Al final fueron cuatro los días de espera para el triste desenlace final.

    El domingo, sobre las 8 de la tarde fallecía el tío Inocente y el funeral se llevó a cabo en la tarde del lunes siguiente en el pueblo del regadío.

   Esa noche, después del funeral, una vez ya en la casa de la playa,  la contraria de Rebocato no daba crédito a lo que veían sus ojos al ver a su contrario –el cual llevaba la friolera cifra de 25 años sin tomar combinados con alcohol– blandir un gin-tonic en su mano del cual estaba dando buena cuenta. “Es en homenaje al tío Tente”, atinó a decir.


      HistoriasdeRebocato@agosto-2018


11 de julio de 2018

REBOCATO ECOLOGISTA



                    REBOCATO ECOLOGISTA


      INTRODUCIÓN:

     A la paz de Dios (lo siento por los no creyentes): 

   Ahora que, ya hay que pagar hasta por las bolsas de plástico en todos los establecimientos comerciales, y cuando se nos antojan un tanto lejanos los tiempos aquellos cuando Rebocato era un zagal, aunque nunca llegó a ejercer de “pastor” (nuestro labriego castellanoviejo se quitó las ovejas de encima cuando nuestro amigo tendría unos 7 u 8 años), ni de “refajo que usan las lugareñas” (a Dios gracias, menudo castigo para él ejercer  de ello, según quien lo llevara, claro– pero es otra acepción del DRAE sobre “zagal” y hay que procurar dejarlo todo entendible para evitar posibles befas posteriores de alguno de los imprudentes lectores del Blog). En fin, antes de que se nos vaya el santo al Cielo y que, los que estén leyendo esta misiva se le trastoque, a causa de ello, la quijotera, decir que, hay una nueva entrada en el Blog de nuestro amigo Rebocato que lleva por titulo: “Rebocato ecologista”. 

   ¿Ecologismo? En nuestro pueblo castellanoviejo, antaño, todo el mundo era ecologista, apenas existían los plásticos en hogar alguno, quizás algún que otro barreño que sustituía al clásico balde de cinc de toda la vida, en el cual, de niño, se bañaba Rebocato los domingos por la mañana con sus hermanos anterior y posterior, y de uno en uno, antes de ir a la misa pequeña. 

     Lo mas parecido a plástico que se veía en aquel entonces, eran los sacos de anjeo y de Nitrato de Chile con su contenido para abonar las tierras de labranza.

   Todo se reciclaba en el corral. Prácticamente todo era biodegradable

      Con Dios.  


REBOCATO ECOLOGISTA

  En una provincia norteña del Este Mediterráneo valenciano español, tiene un compañero Rebocato con el que comparte –junto al resto del "grupo" de compañeros andantes, el cual lleva por título: “Caminante no hay camino”– todos los martes mañaneros (desde octubre a junio, ambos inclusive, de 08:ooh a 15:ooh.) la roturación, a base de zapatilla, de senderos montaraces que pululan a lo largo y ancho de la segunda provincia (la primera es Santander –ahora Cantábria, y otrora la salida natural al mar de Castilla La Vieja–) más montañosa de toda España. 

    De dicho compañero, nuestro amigo aspira a ser su amigo, a pesar del hándicap, o barrera, que supone –las menos de las veces– el idioma, es decir, el amigo que quiere añadir a su lista de amigos nuestro amigo (aunque en realidad, dicen que, uno no elige a sus amigos, los amigos son los que eligen a uno), tiene la suerte, y preeminencia, de ser bilingüe, ello es debido a que habla también su lengua materna propia de esa terreta,  además –y muy bien por cierto– de la lengua castellana, antaño imperial. 

    Este compañero de Rebocato atiende por un nombre cuyas iniciales son J.V., nada que ver con JB, y menos mal, porque a Rebocato cuando hace unos 25 dejó de beber cubatas de güisqui and Coca-cola, y de todo tipo, nunca le llegó a gustar el whisky JB. Quizás por esto, si las iniciales del mencionado compañero fueran JB en lugar de JV, posiblemente nuestro amigo no hubiera aspirado a tratar de ser amigo de este compañero andante bilingüe. Ahora bien, si eliminamos el segundo nombre –del nombre compuesto– de JV, y añadimos la inicial de su primer apellido si que sería J.B. Pero no lo haremos, para no enemistarnos con Rebocato.

   Hace unos días el compañero bilingüe de Rebocato le envió a este un correo electrónico en el que le daba un consejo ecológico en bilingüe:

“CADA VEZ QUE VAYAS A LA PLAYA,RECOGE 3 OBJETOS DE PLASTICO”. 

Ara que comença la temporada de platja, estaria bé que, a banda de queixar-mos, mos implicarem en una tasca tant senzilla i tan barata com la que ens proposa este video.

         
Animeu-vos !!

https://www.facebook.com/NewsnerEspanol/videos/1868088866606014/UzpfSTEwMDAwMzE1MDAxMTQ2MzoxNjc0NDc0NDU2MDAwODcy/


    Lo cual traducido al Cristiano dice, más o menos:

   Ahora que comienza la temporada en la playa, estaría bien que, además de quejarnos, nos implicáramos en una tarea tan simple y tan barata como nos enseña este video. 

         ¡Animaos!


   Pie de foto.-  Las tres piezas de plástico a reciclar.


   Rebocato contestó a su compañero y aspirante a amigo de marras:

   
            Hola, J.V.:

  ¿Tienen que ser los tres objetos (Bolsa + vaso + botella) diferentes? ¿Sirve que sean los tres iguales? ¿o que sean 2+1?
Tú, ya nunca podrás pasear tranquilo por la playa porque  si te dejas algo de plástico sin recoger y tus conocidos nos percatamos de ello quedarás en evidencia.
   Cuando paseamos por la playa mi mujer y yo, hasta en invierno si ella ve alguna botella de cristal la recoge.  

   Saludos.



   Rebocato, a la mañana siguiente como tantas otras, se fue a pasear con su contraria por la playa. Él iba, ojo avizor, mirando al suelo por si veía objetos de plástico abandonados y recogerlos con el fin –siguiendo el consejo de su compañero– de defender la naturaleza y preservar el medio ambiente. 

   Nuestro amigo andaba deseoso de encontrar los tres objetos y de esa manera volver cuanto antes a casa ya que el sol comenzaba a calentar en demasía. 

   Andados ya un par de kilómetros, sin rastro de objeto alguno que reciclar, Rebocato vio a lo lejos una bolsa de plástico, mecida mansamente por las olas en la misma orilla del mar. Apresuró la marcha y ante las quejas de su compañera que no entendía a cuento de que venia el repentino acelerón, tuvo, nuestro amigo, que explicarle el motivo de las tres potenciales piezas abandonadas a recobrar. 

   Ella que suele recoger –sobre todo en invierno en que la playa está mas dejada de la mano de Dios– alguna que otra botella de cristal abandonada a su suerte en la propia playa, le dijo que dejara de hacer el canelo, y que las brigadas de limpieza madrugaban para dejarlo todo impoluto, en temporada de baños veraniegos, claro. No obstante nuestro amigo al llegar a la altura de la bolsa la recogió y observó que llevaba el anagrama de Mercadona. (Perdón por la publicidad).

   Más adelante hizo acopio de un vaso de plástico que estaba aplastado y semienterrado en la arena (la maquina de limpieza playera pasaría por encima de él –del vaso, no de Rebocato– y lo dejaría en dicho estado) y lo introdujo en la bolsa. Ya solo le faltaba la botella de plástico para completar el trío demandado en el correo de su compañero J.V. 

   Siguieron andando hasta que su mujer se encontró con una andante –conocida suya– con la que se paró con la intención de pegar la hebra un rato con ella. 

   Rebocato no se detuvo (no conocía a la conocida de su pareja) y, aunque aminoró el paso, siguió caminando. Unos 20 metros más adelante vio a dos niños y una niña que jugaban con la arena al borde del agua, mientras, sus supuestas madres estaban sentadas paralelas a ellos, unos metros atrás tierra adentro en sus toallas tendidas sobre la arena. 

  Uno de los niños bebía agua de una pequeña botella de plástico (obviemos la marca comercial), el paseante se detuvo a observarles unos pasos antes de llegar a su altura. El niño pasó la botella a la niña y esta dio un par de tragos y se la ofreció al otro niño el cual rechazó la botella que ya se encontraba casi vacía. 

   Nuestro amigo pensó: “Esta es la mía, voy a esperar a ver si tiran la botella, la meto en la bolsa y hago pleno”. Volvió la vista atrás –no sin cierto regomello ya que, en ese momento se acordó de lo que decía, a veces, nuestro labriego castellanoviejo cuando era pequeño (Rebocato, no nuestro labriego que en altura también): “El labrador que arando vuelve la vista atrás no es apto para el Reino de los Cielos”– para comprobar si su contraria continuaba la cháchara con la conocida de ella de marras. Le pareció que la conversación, a dos bandas, seguía fluyendo entre ambas, y por lo tanto tornó a observar a los niños, y la niña no tiraba la botella, resultando que, al final, una de las presuntas madres de aquellos se levantó de la toalla y, mirando de reojo a Rebocato, se dirigió hasta donde se encontraban los niños.

   En esa situación nuestro amigo se sintió un tanto violento porque pensaba que lo mismo las madres le estaban tachando de pederasta o secuestra niños (cual antiguo sacamantecas u hombre del saco), por lo tanto volvió sobre sus pasos y al llegar junto a su mujer, esta y la conocida se despidieron y la heterosexual pareja retomó de nuevo el paseo bordeando el agua de la mar salada.

  Cuando llegaron a la altura de los niños y sus madres, Rebocato cogió del talle a su mujer para que las madres de los niños vieran que era un hombre heterosexual y felizmente emparejado, fuera de toda sospecha.

  Mas adelante, la pareja de andantes se encontró con una aplastada lata de cerveza vacía y su contraria le indicó a Rebocato que la reciclara en la bolsa, a lo que él contestó que las latas no aparecían reflejadas en el correo de limpieza playera que le envió su compañero de veredas, y que él estaba buscando una botella de plástico para completar el trío de objetos a limpiar en la playa y que no pensaba saltarse el protocolo. La mujer le dijo: ¿Pero, estás tonto o qué?. Acto seguido, ella agachándose recogió la lata y la metió en la bolsa que portaba su "santo", al menos de apellido. (esta observación es para iniciados).

   Rebocato ya estaba un tanto harto del paseo y pensaba que no iba a encontrar botella alguna para completar su noble misión. Al llegar a un espigón de la playa donde tornarían sobre sus pasos con el fin de regresar a casa, observó al lado de las rocas del espigón un preservativo anudado, lo que venia a demostrar que estaba usado. Entonces nuestro amigo le dijo a su “santa” que reciclara el preservativo (no iba  ser este menos que la lata). Ella, con una simple mirada, le fulminó dándole a entender que mejor estaba calladito (es lo que tiene la convivencia en pareja a lo largo de tantos años emparejados, que acabas entendiéndote perfectamente sin necesidad de decir palabra alguna). Rebocato hizo ademán de recogerlo pero la fémina le soltó: “Como toques eso a mi no me tocas ni con guantes en un lustro”. El preservativo se quedó allí tan campante, con el fluido en su interior, ejerciendo la dualidad de contaminador, tanto biológica como estéticamente.

   ¡Pardiez! Nunca llegó a imaginarse Rebocato que, esto del ecologismo, fuera tan complicado de poner en práctica. Luego dirán que residir cerca de la playa y tratar de ayudar al prójimo –aunque que sea de forma indirecta– es bonito y gratificante, respectivamente.

   En el trayecto de regreso a casa, Rebocato depositó la bolsa en el contenedor adecuado de reciclaje.


PD.- "Gràcies amic josep viçent per inspirarme les muses, que no les musaranyes. Una abraçada".


          HistoriasdeRebocato@julio-2018

4 de mayo de 2018

REBOCATO MANCILLADO

               

                     REBOCATO MANCILLADO


            Hola:

     Indicaros que hay una nueva entrada en el Blog de Rebocato que esta vez le ha tocado en suerte (nuestro amigo en las fechas del relato no tuvo mucha que digamos) la denominación de: “Rebocato mancillado”.

    La acción transcurre en la Barcelona de primeros de mayo de 1981 y Rebocato –que andaba por allí cencerreando por motivos laborales– tuvo que aguantar una penetración anal y un par de horas después ya entraba en el quirófano. Alguno estará pensando: normal, ya lo dice el refrán: “Donde tengas la olla, no metas la polla”.

             
 INTRODUCCIÓN:

   Han corrido ríos de sangre y tinta sobre lo acaecido en el levantamiento del dos de mayo de 1808 en Madrid, cuando las llanas gentes de esta capital (chulapos, chulapas y arrimados  –la potable Arrimadas aún no había entrado en la escena política–destripaterrones de los alrededores, entre otros) cargaron, cheira en ristre, contra las tropas francesas (temibles mamelucos incluidos) es decir, contra el invencible, en aquel entonces, ejercito napoleónico. Posiblemente, lo de invencible, aquellos irascibles atacantes, lo ignoraban o tal vez no.

    El cuadro de “La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol”es, con el de “El tres de mayo”, uno de los cuadros mas representativos del pintor Francisco de Goya, con permiso del pintado anteriormente, por el mismo –¿pornográfico para aquella época y posteriores?– que lleva por titulo: “La maja desnuda”.

   Malas remembranzas le avienen a la cabeza a Rebocato cuando recuerda el primer (y único hasta el día de hoy) dos de mayo que pasó en la Ciudad Condal.

   Ese infausto día nuestro amigo sufrió una penetración anal y una hora después se encontraba ya sobre la mesa de operaciones en uno de los quirófanos de un gran hospital de la Seguridad Social de Barcelona.

   Nuestros lectores se preguntaran: “¿Y cómo se vio metido nuestro juicioso, comedido y nada lujurioso amigo en esos bretes?”. 

   Ahí va la historia:


UN 2 y 3 DE MAYO DE REBOCATO EN BARCELONA

  Cuando ocurrieron los hechos nuestro amigo se encontraba “laborando” (poca diferencia de esta palabra respecto con la de “labrando”, en lo que Rebocato acumulaba curriculum) en Barcelona, concretamente desde septiembre de 1980, a consecuencia de haber aprobado unas oposiciones en la empresa de telecomunicaciones en la que se encontraba desempeñando funciones (nada que ver con las fiestas mayores anuales de nuestro pueblo castellanoviejo, llamada "La Función") desde un 4 octubre de 1976 (paradojas de la vida: un cuatro de octubre es la fecha de nacimiento de su contraria). 

   A finales de julio de 1980, una vez finalizados los 6 meses de curso eliminatorio cursados en una escuela de su Empresa, llegó el día en que todos los opositores que lo superaron (al curso no a Rebocato, que también) eligieran plaza y a resultas de ello tuvo que decidir nuestro amigo, al igual que el resto de sus compañeros de promoción, el optar por una plaza en Barcelona capital, como destino laboral, y casi como única opción. Reseñar que como en aquellos años en Cataluña las empresas privadas pagaban a sus empleados bastante mejor que la empresa nacional (aún no era multinacional) donde laboraba Rebocato, pocos currantes residentes en esa Comunidad Autónoma osaban opositar a dicha Empresa, con lo cual, en la Cataluña de aquellos tiempos, la plantilla era poco duradera y mayoritariamente de gente opositora de paso. 

   Ya en los inicios de los años 80 del siglo pasado estando allí nuestro amigo (aunque no fue culpa suya) y con el fin de poder tener, la Empresa, una plantilla estable en Cataluña a consecuencia de que: la gente del resto de España opositaba, les trasladaban a Cataluña, sobre todo a Barcelona y, después, estas gentes, en cuanto tenían opción, pedían traslado a sus lugares de origen, quedando, de nuevo, aquellos lares catalanes con gentes opositoras nuevas venidas del resto del País, con lo cual nunca había una plantilla de empleados que arraigaran allí, ni con larga experiencia profesional acumulada, por supuesto. Excepto honrosas excepciones como sabe nuestro amigo Rebocato de dos compañeros y amigos suyos que casaron bien allí.

   Para poner término a esa situación, una vez que la compañía nacional de telecomunicaciones elevó los sueldos de los empleados de su plantilla, las personas residentes en Cataluña, echaron cuentas y empezaron a animarse a opositar para integrarse en la nómina de esa Empresa. 

   Con el fin de obtener la deseada plantilla estable se convocaron oposiciones en Cataluña, solo y exclusivamente. para personas residentes en esa Comunidad Autónoma. (¿Otro posible ataque a Catalunya?). 

 Una vez iniciado el proceso (no confundir con el actual Procés, que tan buen rollito está ocasionando en la convivencia de las gentes en Cataluña), al final se denunció la situación a nivel estatal y se retornó a las oposiciones con opciones para cualquier ciudadano del País, incluso a los que vivían dentro de Cataluña. Sin discriminación alguna, por supuesto. Esto si que, posiblemente, fue un “contrataque” en toda regla a Cataluña.

   La verdad es que Rebocato lo pasó estupendamente bien en Barcelona durante el año y medio que anduvo cencerreando por allí (salvo por lo ocurrido una madrugada y motivo de esta epístola). Pero, claro, cuando uno es joven, gana dinero y hay un abanico de opciones donde elegir –Pub´s, discotecas, etc.– para divertirse, ¿quién no lo pasa, al menos, medianamente bien?

   A nuestro amigo la cosa se le torció  el día 2 de mayo de 1981. Apenas habían transcurrido, en aquel entonces, dos meses desde el trauma que muchos españoles habían padecido en el famoso, e internacionalmente conocido como “23F”, con una de sus inconfundibles estrellas invitadas, el sin par teniente coronel de la Guardia Civil: don Antonio Tejero.

   Rememoremos, ya que, es una escena para la posteridad: el señor Tejero pistola en mano, cabeza calzada con tricornio (en algún país del norte de Europa se dijo, que era el típico tocado de la Guardia Civil para dar un golpe de Estado en España), subido a la tribuna de oradores del Congreso de Diputados de Madrid y voz en grito lanzando el famoso: “Quieto todo el mundo”; y, después, otra frase para la posteridad: “¡Se sienten, coño!”. 

    Excepto el teniente general Gutiérrez Mellado –de pie y delante de la primera fila de escaños, (el cual tuvo un posterior y memorable forcejeo con Tejero); el ya casi –entonces– expresidente Suárez y Santiago Carrillo (secretario general del PCE); el resto de los diputados, cuando Tejero dijo la orden de que todos se echaran al suelo, con tiros al techo del Congreso incluidos (por si quedaba alguna duda), los susodichos obedecieron ciegamente (posiblemente casi todos habrían hecho el Servicio Militar, en su día) y descabalgaron de sus escaños. Que espectáculo. 

    En fin, gracias a que una cámara siguió filmando, por el valor y sangre fría que demostró uno de sus operadores, el cual apagó el piloto rojo que avisaba de estar filmando y, además, bajó el contraste del monitor de la cámara para que no se viera nada –no nos engañemos, estaba jugándose la vida en esos momentos "históricos" y, a su vez, un tanto facciosos, con perdón de los plantígrados–, no pueden contarnos milongas. Todos lo vimos en la “tele”, y casi en directo, al día siguiente.




  Pie de foto.- Tejero y sus chicos en acción. "El Guti"  (no nos referimos al centrocampista del Madrizz)  los brazos en jarra.




   Pie de foto.- A finales de noviembre de 2010 en un Clásico jugado en el Camp Nou, en el que el Barça le endosó un 5-0 al Real Madrid, Piqué emuló (guardando las distancias, claro) a Tejero: helo ahí, sonriente para la posteridad. 
   La foto no engaña, aunque se equivocó de mano. En fin, nadie es perfecto.

   Pero dejémonos de pasadas, y pesadas, historias, las cuales, en este país, por “H” o por “B”, nunca nos faltan  (actualmente, “acaba” un conflicto territorial –más de 850 muertos de vellón, casi 80 secuestros y más de 6.300 heridos, más las tropecientas familias destrozadas de por vida y todo por aquello de: “hacer Patria”– y, guardando las distancias, ya tenemos otro en “ciernes”) y sigamos con la penetración anal (aún no sabemos si consentida) de nuestro amigo Rebocato en la Barcelona de casi mediado el año 1981, cuando aún faltaban 5 años para la publicación de la magnifica novela que lleva por título: “La ciudad de los prodigios” del escritor catalán Eduardo Mendoza, en la cual, el autor, plasma con gran maestría y sensatez el progreso de la ciutat (sic) de Barcelona en el intervalo de tiempo transcurrido, desde el año 1888 hasta 1929, cuando se celebraron, en dicha ciudad, las dos Exposiciones Universales en esos dos mencionados años. No hemos podido evitarlo, Eduardo de Mendoza, el que, años atrás, mucho antes del inicio del Procés, en una entrevista de El País dijo, más o menos, aquello de: “La diferencia entre Madrid y Barcelona es que, si entras en un bar en Madrid, sabes en que idioma te van a hablar”, es decir, prácticamente ninguna, daba a entender el hombre. Hemos convivido durante siglos, aunque haya sido a base de chistes, con guerras de por medio, claro, pero con muchos españoles y muchos catalanes, mezclados y tomando partido por uno u otro de los dos equivocados bandos, y no nos referimos a los del exalcalde Enrique Tierno Galván (el viejo profesor, y el viejo problema para algunos dirigentes del PSOE del aquel  entonces, cuando Rebocato, dentro de un vagón del Metro de Madrizzz en unas navidades, vio una pintada, hecha con rotulador que rezaba: “Estas navidades compra el turrón duro, porque del Tierno estarás hasta las narices” y no estaba firmada por FN –Fuerza Nueva, el notorio partido político de extrema derecha, del notario don Blas Piñar, el que decía que sus muchachos abrecabezas, la de Rebocato incluida, y mortales apuñaladores, no eran violentos, sino viriles–) precisamente, era de los amigos de la “A” –no la ultraderechista triple "A"– rodeada de un círculo, los que se quitaron, ellos solitos, de la circulación política y sindical en la Transición, por no querer entrar en el juego de la “Democracia Burguesa”. Él Tierno –que en Gloria esté– se definía así mismo como agnóstico, la clásica salida del personaje público que siendo ateo se queda en medio por el que dirán, barruntamos.

   Pero como decía el otro: “y vuelta la burra al trigo”. Volvamos al grano de la historia. Prosigamos:


      LA IMPERIAL TARRACO, PAJARITOS Y MARCIANOS:

    Rebocato, después de laborar en jornada continua mañanera, en la tarde del jueves 30 de abril de 1981, comió y se subió a un tren en la estación de Sant de Barcelona y se dirigió a la ciudad de Tarragona donde vivía su hermana nº 3 desde mediados de los años 60 del siglo pasado. 

   En la  Tarraco Imperial estuvo nuestro amigo hasta el siguiente sábado por la tarde. Allí disfrutó de la compañía  de su familia, sobre todo de la de su sobrino preferido –hijo mayor de su 3ª hermana, aunque, dicho sea de paso, por aquello de lo protervos que resultan los celos, nuestro amigo quiere por igual a todos sus 28 sobrinos (sin contar a sus 30 sobrinos nietos, hijos de aquellos). Mención especial a su sobrino ahijado,  hijo mayor del hermano menor (el nº 13 e hijo menor de nuestro labriego castellanoviejo) de Rebocato.

   Ese sábado de marras (2 de mayo por la tarde), nuestro amigo retornó en tren a la Ciudad de los Prodigios. Al día siguiente tenia guardia en el Centro de Control de una central de telecomunicaciones. Rebocato, ya en el tren de regreso a Barna, iba notando un dolor sordo en el lado derecho del abdomen de su cuerpo serrano. 

   Apuntar que antes de llegar al piso de alquiler –el cual compartía con otros tres compañeros de trabajo, aunque cada uno laboraba en centros de trabajo diferentes– cenó un bocata en un bar cercano, y ya recogido en su morada se encontró con el único compartidor de piso que se quedo allí en ese puente. El afortunado era de Sevilla y nuestro amigo pegó un rato la hebra con él. Después, sobre las 23h., se acostó, quedándose el compañero del sur viendo la televisión, más majo que un San Luis y sin dar guerra alguna.  

   Mientras tanto, ese año, se avecinaba algo casi peor que el golpe de estado a resultas de que una quinta extremeña de Rebocato, que atendía/ atiende al nombre de Maricarmen, con acordeón en mano, se disponía, con la canción: “El baile de los pajaritos”, a amenizar ese verano y los venideros (hasta el Juicio Final si hubiera dependido de ella) el total de verbenas y fiestas locales de todos los rincones del País, sin que las autoridades políticas y locales hicieran nada al respecto para evitarlo, y sin que se interpusiera  denuncia alguna por parte de nadie, ni tan siquiera ante el tribunal de La Haya. Fueron unos veranos atroces. Todo el mundo, en las fiestas mayores y/o menores de su pueblo, aldea, villa, pedanía o ciudad dormitorio, haciendo el tonto en la plaza mayor bailando los pajaritos. Como lo pasábamos de bien. 

   Allá donde fueras no escapabas de la tostonera y lúdica canción. Pasados unos años la matraca persistía, de tal forma que, debió de inspirar al director de cine Tim Burtom para utilizar, como arma de destrucción masiva en su película “Mars attacks!” (1996), la canción “Indian love Call”, con la que se lograba derrotar a los vacilones y crueles marcianos invasores del planeta Tierra, debido a que, al oír dichos conquistadores, la canción mencionada (no la del acordeón, sino la otra en inglés) el cerebro les estallaba, cosa que no ocurría al personal de este País en las fiestas populares con “El baile de los pajaritos” debido –al sentir de Rebocato– a que cuando sonaba esa canción las gentes en fiestas estaban –aparte de protegidos por el Patrón o Patrona de la fiesta de turno– ahítos, mayormente, de alcohol, es decir, hasta las cejas; o en su defecto, que al mover los bailantes los brazos doblados imitando a los pajaritos eso sería otro antídoto para evitar la explosión del cerebro, pero no así las posibles secuelas posteriores que originó en las cabezas de algunos de los bailongos celebrantes. 


      EL INGRESO: 

   Una vez acostado con su acompañante dolor sordo en la parte derecha bajera de su abdomen, quedose nuestro amigo rápidamente en los brazos de Morfeo, pero sobre las 23:30h. se despertó violentamente a causa de que su dolor se había acrecentado notoriamente y sin estar ante notario alguno. Por lo tanto se levantó de la cama y se dirigió al comedor de la vivienda donde se encontraba, aún, su amigo el sevillano de Sevilla, acabando de ver la película de turno. Menos mal que no era de porno. 

   Rebocato le explico su situación y su amigo le aconsejó de ir a Urgencias, para lo cual, ni corto ni perezoso –el sevillano– tiró de teléfono y demandó un taxi. Rebocato, acto seguido, se vistió con ropa de calle y ambos moradores bajaron a la puerta del portal de la vivienda a esperar al transporte. 

    Llegado el taxi, se montaron en él y el taxista les dijo que adonde les llevaba, a lo cual el amigo de Rebocato le contestó que a alguna clínica privada de las concertadas por la Empresa donde ellos trabajaban. 

    Rebocato, a pesar de su dolor, tirando de lucidez, apuntó que mejor que les llevase al hospital más grande de los que dispusiera la Seguridad Social en Barcelona, el cual resultó ser el denominado Hospital Príncipes de España, Ciudad Sanitaria de Bellvitge  y, actualmente, bajo el influjo del “Instituto Catalán de la Salud” y rebautizado: “Bellvitge Hospital Universitari” (con la “o” en castellano cerrando comillas). 

PD.- Una de las dudas que actualmente le asaltan a Rebocato es que, si en caso de pedir a la Sanidad Pública de Cataluña su historial sanitario, si tendría que hacerlo en el idioma catalán y que, en su caso, si llegarían a facilitárselo. Estas incertidumbres le asaltan actualmente debido a que, años después, en agosto de 1996 se rompió un brazo en un partido de futbol, de solteros contra casados, celebrado en nuestro pueblo castellanoviejo y cuando regresó, días después a la Comunidad Valenciana, tuvo problemas para que le quitaran la escayola. Menos mal que el ATS de la Empresa, donde laboraba nuestro amigo, se lo curró para que le desprendieran el yeso del brazo del lesionado durante el lance del partido futbolero mesetario.


       LA PENETRACIÓN:

   Una vez en el hospital, ya dentro de la zona de Urgencias, mientras su amigo sevillano proporcionaba los datos del ingresado en recepción, a Rebocato le ordenaron que se echara sobre una camilla; le hicieron varias preguntas; le extrajeron sangre para la analítica; le tomaron muestras de orina y después, aún montado en la camilla, le aparcaron en una habitación en el mismo área de urgencias. El dolor persistía en su costado derecho cada vez con más intensidad (cual pertinaz sequía propia del Régimen anterior y a la que el Dictador culpaba de las malas cosechas mesetarias, aparte de lo que aportaban en contra del Régimen los sucios contubernios judeo-masónicos de los opositores políticos).

   Entonces empezaron a entrar, en la habitación del paciente enfermo, de uno en uno, hasta 5 o 6 médicos jóvenes a auscultarle y a freírle a preguntas. Esto lejos de calmar a nuestro amigo contribuyó a acrecentar su estado de ánimo a la baja, ya que, pensaba que eran médicos noveles, y que tendrían la misma experiencia que él de guardia estando solo (aunque acompañado de un mecánico) dentro de una central de telecomunicaciones de multiselectores de barras cruzadas, como así era en la realidad en ambas situaciones profesionales tan dispares.

   Una vez pasados los 5 o 6 médicos (como hemos anotado entraban y salían de uno en uno), aparecieron, y sin llamar a la puerta, todos juntos en tropel en la habitación de nuestro amigo ,acompañados de otro galeno de mediana edad, lo cual le reconfortó y calmó un tanto a Rebocato, más que nada por lo del reciente aparecido supuesto médico con experiencia.

   Nuevos auscultamíentos –esta vez llevados a cabo por el doctor de más edad– y tocamientos en el área torácica y abdominal del paciente, ya no tan paciente a esas alturas, y entonces ocurrió:

   El doctor más maduro, y en teoría el mas experto en esas lides, se calzó en su mano derecha un guante de látex (ignoramos si lubrificado de antemano) y le dijo a Rebocato que se pusiera en posición “decúbito supino lateral” con el fin de hacerle un tacto rectal. 

   En ese momento a nuestro amigo le dieron las siete cosas, quedándose petrificado. No tuvo fuerzas para salir corriendo de la habitación y sentía como el ano se le cerraba por completo. 

    Jamás en su vida había sido penetrado analmente (no lo jura por Dios debido a que actualmente es ateo. de momento), excepto por los antiguos supositorios que le introducía su madre cuando era niño por prescripción facultativa, aunque, bueno, en este caso de ingreso en Urgencias también existía la prescripción, claro. Pero, una madre es una madre y un galeno –por mucha carrera y especialidades que tenga a sus espaldas, juramento de Hipócrates incluido y, a su vez, adornado con bata blanca– siempre será un extraño para ejercer esas intimidades en el trasero de uno, por muy paciente y paciente que sea este en su lecho de dolor.

   Pero ante las dolencias que no cesaban en el interior de su cuerpo y que, incluso, iban “in crescendo”, nuestro amigo le echó bemoles a la situación y trató de relajarse un tanto, por lo cual , adoptó la posición que le sugirió el doctor y se preparó para recibir, dentro de él, el dedo índice de un desconocido, y con el hándicap añadido de tener a su espalda un auditorio de 5 o 6 mirones/ aprendices y, a su vez, expectantes. Menos mal que no apareció, también, la señora de la limpieza (con todos nuestros respetos para tan noble profesión, que, dicho sea de paso, a pocos/as gustará de ejercer, barruntamos).

   Durante el tiempo efímero (no nos referimos al insecto cachipolla que, el pobre, vive unas 24 horas, caso de que no nos lo maten antes) que duró la exploración rectal, nuestro amigo andaba meditando: “Anda que… como los 5 o 6 principiantes tengan que practicar el tacto rectal conmigo, me dejan el culo como un bebedero de patos, como se decía en nuestro pueblo castellanoviejo”.

   Menos mal que solo “violó” el práctico.

  Como Rebocato soltó un leve quejido en el momento del acto de penetración, cuando el doctor sacó su dedo de salva sea la parte donde, según nuestro amigo, no debía haberlo metido nunca, preguntó a Rebocato –este ya tumbado boca arriba–:

     –¿Te ha dolido mucho?

   Y Rebocato:
     –Menos de lo que me he quejado.

   Y el doctor:
     –¿Cabrón! (sic) Quéjate solo lo que te duela.

   Y Rebocato para sus adentros:
   –No sé si en el caso de haberme ido a urgencias de la clínica privada concertada, se hubiera atrevido, el del tacto rectal, no ya a meterme el dedo, sino a largarme este piropo, aunque haya sido en plan de compadreo.

   El doctor, acto seguido, se quitó el guante se lavó las manos y le dijo a Rebocato:
    –Te vamos a operar de apendicitis abscedada. ¿Tienes en la sala de espera a algún familiar?

   Y Rebocato:
   –Mi familia está en Madrid, no obstante, tengo una hermana más cercana ya que reside en la capital de provincia de más abajo de esta, geográficamente hablando. Pero, doctor, proceda, haga lo que crea que tenga que hacer, ya hay confianza entre usted y yo.

  Dicho sea de paso, el recién penetrado con nocturnidad –ignoramos si también con alevosía–, entre pitos y flautas, estaba que rabiaba de dolor, en esos momentos incluso más intensos que antes.

   En definitiva, el trasero de nuestro amigo se estrenó, o perdió su inocencia –si obviamos los supositorios de antaño– esa aciaga noche del 2 al 3 de mayo de 1981. Y pensaba: "Si salgo de esta con vida, ¿cómo le explico la mancillación que acabo de sufrir en mis adentros –físicos y morales– a mi chica?.

   Los 5 o 6 médicos (+1 experto) salieron de la habitación y uno de ellos avisó al sevillano amigo del enculado. Aquel, una vez en la habitación, aparentaba estar muchísimo más asustado y nervioso que el mismisimo Rebocato después de su reciente experiencia.  No obstante, indagó a este que si llamaba a Tarragona a su hermana, a lo que le contestó aquel que a esas horas (ya eran alrededor de las 02h. de la madrugada) no llamara, debido a que su cuñado se encontraba trabajando. Que tratara de mantener la calma y contactar  sobre las 07h.. 

   Craso error, porque como le dijo, a la tarde siguiente, su cuñado al operado, si hubieran avisado de madrugada, él hubiera salido, ipso facto, del trabajo; y de la otra forma, al llegar a casa y sin haber dormido, tuvieron que salir, hermana de Rebocato y él, arreando brisca hacia el hospital de Bellvitge. 

   Rebocato, que tenia guardia esa misma mañana a partir de las 07:00h. –como hemos dicho anteriormente, en un centro de control– recordó a su compañero (de piso, no saquemos falsas conclusiones después de lo del dedo índice enfundado en guante de látex, y posiblemente sin lubricar e introducido en salva sea la parte) que llamara al centro de control para comunicar que, por razones obvias, no podría hacer acto de presencia en el puesto de trabajo.

   Acto seguido entró un celador en la habitación, maniobró la camilla de ruedas y se llevó en ella a nuestro doliente amigo hacia el área de quirófanos.

   La camilla, con nuestro amigo a bardo, cruzó, rauda y veloz,  unos cuantos quirófanos, llego al que le tocó en suerte y, una vez allí, le transpusieron desde la camilla rodante a la mesa fija de operaciones. Se  encendieron los focos y con gesto rumboso hizo acto de presencia el médico anestesista. Rebocato pensó, en aquel entonces: “Bien, debe de ser la hora de cierre de pub´s y discotecas, y para tomar la penúltima copa, el Drugstorede de la calle Fuencarral  (cercano a la Glorieta de Bilbao) de Madrid se me antoja un tanto a tras mano”.

  Rebocato, ya sobre la mesa de operaciones, contemporizando para ser abierto en canal, pensaba: ¡Jo, que noche!. El mismo titulo que llevaría –en su estreno, 4 años después– la magnifica película de comedia negra del director Martín Scorsese. 


  A Rebocato que no le vengan con el asunto patriótico de las grandes gestas imperiales de los días 2 y 3 mayo de 1808 en Madrid. Posiblemente fueran muy patrióticas y ejemplares (no para los franceses), pero él, justo  173 años después, también sufrió lo suyo y sin arma alguna con la que defenderse del potencial enemigo sanitario en la "Ciudad de los Prodigios".


         HistoriasdeRebocato@mayo-2018